Saturday, October 27, 2012

FESTIVIDAD DE N.S. JESUCRISTO, REY


28 DE OCTUBRE DE 2012

Queridos Hermanos:

El Reino de Nuestro Señor Jesucristo es en este mundo pero no es de este mundo. Hay una distinción muy importante que debemos hacer. Los demás reinos son de este mundo, hechos aquí en este mundo, por este mundo y para este mundo. El Reino de Dios viene del cielo, hecho en el cielo y para el Cielo.

En esta vida hay dos reinos, o ciudades, tomando las palabras de san Agustín, mezclados uno con el otro, como nos dice la parábola del trigo y el berberecho sembrados en el mismo lugar, deben crecer lado a lado hasta el final.

El Reino de Dios no se encuentra en un solo lugar, está disperso por todo el mundo de la misma manera que lo está el reino de la maldad. Si ponemos un poco de atención nos daremos cuenta como existen ambos, por todas partes. Ahora bien, no es tiempo ahora, de ya cortar de raíz el mal, debemos soportarlo pacientemente hasta el final, el tiempo de la cosecha. Donde serán los ángeles de Dios, no nosotros, los que amontonarán lo malo y le enviaran al fuego eterno del infierno y a los buenos al Cielo.

El mal que existe en este mundo, es bueno para nosotros. En la Iglesia, Reino de Dios en este mundo, tenemos una gran necesidad de penitencia, sufrimiento y cruces, para podernos purificar y aumentar nuestro amor por Dios, siguiéndolo, imitándolo, pacientemente cargando con nuestra cruz.

Estas cruces, sufrimiento y penitencia nos son proveídos por el reino de la maldad.
Quienes nos odian y desean hacernos daño y destruirnos se convierte en nuestros mayores benefactores; mientras que dañan su propia alma, por su maldad, nos dan a nosotros la oportunidad de crecer en la humildad, fortaleza y virtud. Por lo tanto la maldad es necesaria para nosotros, aquí y ahora. Cuando entendemos verdaderamente esto, empezamos a ver el por qué y cómo es que no debemos odiar a quienes nos hacen daño, más bien, debemos amar a nuestros enemigos.

San Pablo de igual forma nos recuerda que nuestra recompensa no es de este mundo, sino más bien en la cruz, la cual es provista por los enemigos del Reino de Dios. Y en algunas ocasiones por ciertos miembros de este mismo reino, (La Iglesia) “Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal. VI, 14).
Nuestra visión de este mundo es a través de la fe, mientras estamos en este mundo, sólo en el Cielo podremos ver la eternidad. Para ver el Reino por medio de la fe aquí y ahora, debemos primeramente ver en nuestra conciencia y si hay caridad, amor, en esta, veremos entonces a Dios, recordemos lo que nos dice san Juan:

“Dios es Amor”.

Así como el Reino de Dios es sobre todo y en todo el mundo, no debemos buscar, para alcanzarlo, la ayuda de automóviles, barcos o aviones. Sólo necesitamos dos cosas, las alas del amor a Dios y el amor a nuestro prójimo. Una ala no es suficiente necesitamos las dos, cuando ambos amores están en su lugar correcto podremos volar hacia Dios de manera segura y libremente.

Todos iniciamos nuestro peregrinar en el reino de la maldad y obscuridad, y es por medio de la gracia de Dios que nos incorpora al reino de la Luz. Estamos por lo tanto, contaminados y sin merecer ser ofrecidos en sacrificio para Dios. Jesucristo viene a este mundo y toma nuestra naturaleza para purificarnos y ofrecerse Él como sacrificio por nosotros.

Los miembros del Reino de Dios unidos en Cristo haciéndose uno sólo con Él en Su Cuerpo Místico, se purifican para de esta manera ser aceptados por Dios y Su Reino. Somos parte de la oblación de pureza cuando estamos unidos o sepultados con el cuerpo de Cristo y en Su Sacrificio.

En este Reino, Dios exige que todos y cada uno de nosotros debamos amarlo. Y no es para su beneficio propio, Dios no tiene necesidad de nuestro amor. Nuestro amor no lo hace más, de ninguna manera, ni nuestro odio lo deteriora. Se nos ordena que lo amemos, por nuestro propio bien. Al hacer esto nos purificamos e incrementamos la gracia y la vida. Al amar a Dios nos unimos más a Él como Rey de Reyes.

El título de Rey no es un honor para Él que es mucho más que eso. Dios es todo perfecto al grado eterno, perfección sin límite. El honor que le damos, no es aumento en Su poder, es más bien un signo de piedad para nosotros.

En este tiempo eclipsado pareciera que la Iglesia. El Reino de Dios, ha sido abolido por los modernistas que han tomado físicamente la casa de Dios, en este mundo, hasta el mismo Vaticano. Pero recordemos que el eclipse no es una destrucción, más bien un ocultamiento. Ya que este cuerpo místico de Cristo, La Iglesia, no puede ser destruida y existirá hasta la consumación de los tiempos, para continuar por toda la eternidad en el Cielo. Los modernistas que han creado la oscuridad de este eclipse, pertenecen a ese reino y por lo tanto se han declarado nuestros enemigos, por lo que no debemos luchar contra estos con sus mismas armas, no regresar odio con odio, sino más bien, amor por odio.

Estemos siempre agradecidos por las cruces que nos mandan para que logremos seguir a Cristo y hacernos miembros dignos de Su Reino. Recordando que no pueden dañar a Cristo ni a su Reino, sino ellos mismos. Llenos de caridad digamos con nuestro Rey:

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. (San Lucas 23,24)

Que así sea

Saturday, October 20, 2012

DOMINGO 21 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

21 DE OCTUBRE DEL 2012

Queridos Hermanos:

Leemos en el Evangelio de hoy que cuando le fue presentado, al rey quien le debía diez mil talentos, no estaba molesto, sólo mandó que fuese vendido él, su mujer, hijos y todo cuanto tenía, para que el siervo, pudiera hacer el pago de su deuda.

El rey estaba dispuesto a perdonarle su deuda sólo quería que el sirviente se diera cuenta y entendiera la magnitud de esta y en segundo lugar para que pidiera misericordia o clemencia.

Esta sentencia estuvo rodeada de toda misericordia. Otro ejemplo de esto, lo vemos en san Pablo cuando pide que un hombre sea entregado al demonio, para la destrucción de la carne, para que el espíritu pueda salvarse. (1 Cor. V,5) de igual manera nos trata Dios, nos habla de las calamidades del fuego eterno, después de que nos presenta las multitudes de nuestros pecados (deudas).

Hace esto por misericordia, está listo a perdonarnos. Pero antes que todo, desea que conozcamos la magnitud de nuestros pecados, para que logremos entender la abundancia de Su misericordia y en segundo lugar desea que seamos humildes y pidamos perdón. Por lo tanto podemos decir que esta primera condena no es para nuestra ruina sino más bien para nuestra salvación. Dios nos impone esta sentencia no por odio sino por mera misericordia, porque desea perdonarnos si de manera humilde oramos y pedimos perdón con el firme propósito de enmienda.

Hubo de igual manera, una segunda ocasión en la que el siervo es presentado ante el rey, el cual, ahora sí se manifiesta enojado y sólo busca justicia sin misericordia. Después de que el siervo ha sido liberado de toda su deuda, por la gran misericordia del rey, no muestra este ningún tipo de compasión ante su criado, que le debía una cantidad insignificante.

Esta poca muestra de caridad después de haber recibido él, abundantemente perdón y justificación por su deuda, es la razón del gran enojo y molestia del rey. De igual manera juzgará Dios a todos los que no se corrigen y continúan en sus pecados, cuando todo el mundo sea llamado a rendir cuentas de sus actos, ya no habrá misericordia sino justicia. Dios mostrará su enojo en esta ocasión, la sentencia será final, definitiva y por toda la eternidad.

Existe otro punto que debemos considerar. El rey perdonó con gran facilidad las ofensas en su contra más no así las ofensas cometidas en contra del otro siervo. Dios está dispuesto a perdonar las ofensas en Su contra y pide la reparación de nuestras ofensas en contra de nuestro prójimo.

“Si vas pues a presentar una ofrenda ante el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda” (San Mateo V, 23,24)

San Juan Crisóstomo dice: “Pero yo os digo que quien repudia a una mujer –excepto en caso de fornicación – la expone al adulterio y el que se casa con la repudiada comete adulterio. “ (San Mateo V, 32) y a través de san Pablo de igual manera declara: “que si algún hermano tiene mujer infiel y está consciente en cohabitar con él, no la despida” (1 Cor. VII, 12) si es una adultera, dice, que la despida, si es incrédula, que no la despida, si ha pecado en contra tuya, aléjala de ti, si ha pecado en contra Mía, retenla. Es decir que cuando se ha pecado gravemente en contra de Dios, somos perdonados, pero cuando se comete el pecado en contra de nuestro prójimo, aunque hayan sido menores y pocos, no los perdona sino más bien los entrega al castigo”.

Hemos sido recipientes de una gran cantidad de gracias de parte de Dios, especialmente en nuestro Bautismo, en el Sacramento de la Penitencia, se nos ha borrado el gran castigo eterno que merecemos por nuestros pecados. En la Sagrada Eucaristía recibimos a Dios mismo en nuestro ser. Etc. Etc.

Es preciso que entendamos claramente que Dios está dispuesto a perdonarnos todas las ofensas cometidas en Su contra más fácilmente que las cometidas en contra de nuestro prójimo. Tomemos nota y busquemos la forma de corregir todas las ofensas cometidas los unos contra los otros y estar dispuestos a perdonar a todos los que nos ofenden de la misma manera que deseamos ser perdonados por Dios. Y poder decir de manera sincera: “perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”

Que así sea

Saturday, October 13, 2012

DOMINGO 20 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

14 DE OCTUBRE DE 2012

Queridos Hermanos:

Consideremos las palabras de Jesucristo Nuestro Señor, en el Evangelio de este día:

“Si no veis milagros y prodigios, no creéis”.

Estas palabras fueron dirigidas a un gobernante que había llevado a su hijo a ser curado por Nuestro Señor. A primera vista parecería como que hay algún error.
Evidentemente, este hombre cree en Jesucristo. ¿Cómo iba acudir a Él, si no fuera así?

Este señalamiento fue necesario porque él pensó que era necesario que Jesucristo fuera a su hijo para poder sanarlo. No había entendido y creído que Jesucristo es Dios y como Dios está en todas partes y es todopoderoso. Vemos al Centurión que busca la salud de su siervo y que Jesucristo estuvo listo para acudir hasta donde este estaba, y el centurión no lo considera necesario ya que tenía fe y además humildad, declarándose a sí mismo, “no soy digno de que entres a mi morada, tan sólo di una palabra y mi siervo sanará” mereciendo, como ya lo sabemos, las palabra de Jesucristo Nuestro Señor que dice no haber encontrado tan grande fe, en todo Israel.

De la misma manera, como este gobernante, nosotros merecemos el rechazo de Jesucristo, al buscar la presencia física en Su Iglesia, en lugar de la fe madura que es necesaria en nuestros días para creer y entender que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Jesucristo. Sólo es necesario que Dios diga una palabra y recibiremos SU gracia, aún si nos encontramos alejados de la presencia física de un edificio, o lejos de algún verdadero sacerdote.

Muchos que han tenido la desdicha de haber caído en algún pecado, permiten ser atormentados porque pasan meses y en algunas ocasiones años antes de que vean y busquen un sacerdote para que los absuelva de sus pecados. Muchas pobres almas, buscan la autorización para acudir a sacerdotes herejes o cismáticos por la absolución, que no es permitida, a menos que estén en el lecho de muerte, (articulo mortis). Buscar los sacramentos fuera de la Iglesia les parece razonable ya que han estado alimentados y digiriendo constantemente las líneas del indiferentismo liberal.

La doctrina se ha convertido en algo indiferente para muchas personas de nuestros días, el error y la verdad ocupan el mismo lugar en la sociedad “democrática” de hoy. Se está listo ya para la nueva religión mundial. La cual es claramente manifiesta como el total indiferentismo liberal. Todos estamos bien y cualquier religión está bien.

Luego entonces, ¿qué pueden hacer estas pobres almas una vez que han caído? Las lecciones de catecismo que fueron validad entonces también lo son hoy día. Está claro que debemos hacer un acto de contrición cundo hemos caído en pecado, con el propósito sincero de enmendarnos, decididos a confesarnos cuando la oportunidad este presente. Debemos hacer este acto tan perfecto como nos sea posible. Debemos estar arrepentidos porque con nuestro pecado hemos ofendido a Dios, a quien amamos. Un acto de contrición imperfecto es cuando estamos arrepentidos por temor al castigo que merecemos. Este es suficiente para la valides del sacramento de la penitencia, sin embargo, el perfecto es mucho mejor, el cual puede obtener el perdón de Dios incluso antes de acudir al sacramento.

Como podemos observar, el mundo honraría al hijo del gobernante antes que al siervo del Centurión, Jesucristo ha decidido hacer lo opuesto. Dios honra lo que el mundo desprecia y desprecia lo que el mundo honra. Debemos por lo tanto ven la imagen de Dios en nuestro prójimo y honrarlo de esta manera, sin juzgar que el hombre por su posición o distinción sea mejor que el pobre, porque así lo hace el mundo. Si consideramos al hombre rico DIves y al pobre Lázaro, veremos que Dios da Su amor a quienes sufren en este mundo por Su amor. El pobre y el humilde son glorificados mientras que el orgulloso y rico son llevados a la humildad y sumisión.

San Francisco decide ser pobre y humilde y rechazado por el mundo para poder seguir de manera más perfecta en unión de la santa pobreza y humildad de Cristo. Extiende su invitación a nosotros para que con Cristo honremos al humilde y al pobre en lugar del rico perverso, orgulloso y poderoso de este mundo. Busquemos no rechazar a los favoritos de Dios más bien busquemos imitarlos, si no en la pobreza material por lo menos en la pobreza espiritual y nunca estar sujetos a las cosas mundanas.

En esta pobreza espiritual encontraremos la gran fuerza de llevar pacientemente nuestras cruces y desarrollar una fe más madura que logrará alcanzar la deseada recompensa, no del hombre sino de Dios

Así sea

Saturday, October 6, 2012

EL SANTISIMO ROSARIO


7 DE OCTUBRE DEL 2012

Queridos hermanos:

Si quisiéramos reducir toda la doctrina y prácticas de la Iglesia Católica, en un punto principal o central, llegaríamos sin duda al primer y mayor de los Mandamientos: Amar a Dios con todo nuestro ser.

Toda la creación a nuestro alrededor se nos ha dado para ayudarnos a lograr esto y acerarnos más y más a Dios.

Es una gran inversión o perversión del orden debido, cuando usamos estas cosas creadas para rebelarnos y alejarnos de Dios. Esto lamentablemente, es exactamente lo que el hombre hace, desde la caida de nuestro primer padre Adan, hasta hoy, en nuestros días.

La misericordia de Dios y su amor por nosotros, no podrían permitir que permaneciéramos sin esperanza, perdidos, en la oscuridad del pecado; por lo que decide hacerse uno como nosotros en Su humanidad, no sólo para redimirnos (pagar el precio por nuestros pecados) sino que también, para mostrarnos el camino apropiado y verdadero para entender toda la creación.

Dentro de la Sabiduría Divina, Dios permite que la Santísima Virgen María sea preservada de todo sufrimiento de tinieblas, del pecado. Sólo ella, permaneció limpia y capaz de ver la creación Divina, como la dirección y medio de llevarnos de regreso nuevamente a Dios.

El corazón de María (llena de amor) se dirigía siempre y en todo momento hacia Dios. Nunca se distraía o fue llevada por el mundo creado. Todo era siempre una manera de recordarle la grandeza de Dios. Vemos en esto que siempre estuvo “llena de gracia”.
La contemplación e imitación de la vida de la Santísima Virgen María, es un libro abierto a la contemplación de llevar una vida plena y alejada del pecado. Es el camino a seguir para re-establecer el orden debido y perdido por el pecado.

Si tomamos seriamente la vida de María como nuestra guía, muy pronto veremos la mano de Dios en todo lo creado y empezará a cantarnos la belleza, majestad, gloria y poder de Dios. De esta manera abrimos nuestro corazón para recibir a Cristo en nuestra alma, como lo hizo la Santísima Virgen, en cuerpo y alma. Diremos como san Pablo, ya no vivo ahora yo en mí, sino Cristo es quien vive en Mí (Gálatas 2,20).

La vida de la Santísima virgen es la única vida perfecta, de todos los hijos de Adán, y como tal, guarda muchos tesoros para quienes desean contemplarla y devotamente imitarla. La santísima virgen le dice a Santo Domingo que desea que promueva la devoción del Santísimo Rosario.

Con esto, nuestro santo ha logrado muchas y maravillosas bendiciones en toda la Iglesia, para el gran honor de Dios, sin mencionar, el gran amor y devoción a la Santísima Virgen Madre de Dios. Fue por medio del Santo Rosario que fue librada y vencido el enemigo en la Batalla de Lepanto en 1571. La cual origina que el Papa y Santo Pio V instituyera esta festividad y que la Santísima Virgen fuera invocada como “Auxilio de los Cristianos”.

El Santo Rosario, establece ante nosotros los principales hechos de la vida de la Santísima Virgen María. Cuando oramos y contemplamos cada uno de los misterios, nos unimos cada vez más a Dios y Su amor por nosotros y la razón para no querer alejarnos de Este. Su vida es el camino a seguir para acercarnos a Dios y cómo podemos vivir este camino en nuestra vida diaria.

Lo que es lamentable, sin embargo, es que la mayoría recita y dice el Santo Rosario sin siquiera detenerse a entender que es lo que está diciendo. No es la intención de la Santísima Virgen ni de Dios, que recitemos estos misterios sin frutos espirituales. Quien hace esto, está más bien insultando a Dios y a la Santísima Virgen.

De igual forma encontramos la más vil de las maldades, más allá de la indiferencia fría, en la pretendida devoción a la Virgen, es decir la que lleva toda la intención de engañar a los demás y alejarlos de la Iglesia. Estos embusteros proclaman promover la devoción del Rosario, de Fátima, del escapulario Carmelita etc. Mientras que al mismo tiempo son promotores de la más clara desobediencia unidos a la herejía y al cisma.

Los católicos deben y siempre han estado alerta en contra de estos charlatanes, sin embargo, es ahora en nuestros días que se debe estar mucho más al pendiente ya que los demonios se han convertido y perfeccionado cada vez más sus trucos, apareciendo como ángeles de luz.

No todo aquel que “reza” el santo rosario, es católico. Ninguno de estos, fuera de la Iglesia, están complaciendo a Dios ni a María Santísima, sin importar que tan devotos parezcan. Las oraciones de los herejes no agradan a Dios. Son más bien, insultos y burlas. Podemos decir que se han convertido en actos de idolatría al crear falsos dioses y una madre falsa de ese dios, que ahora adoran y veneran.

Lo que antes era sacramental y oraciones se han convertido en supersticiones y “actos de buena suerte”, para estas pobres almas extraviadas. No existe la salvación fuera de la verdadera Iglesia, no importa que tan “devotos” parezcan a la santísima Virgen. Portar el escapulario no es garantía de entrar al Cielo. Debemos por lo tanto, como católicos entender y poner en práctica lo que estos sacramentales y ornamentos religiosos representan. Así como el collar romano no hace a quien lo porta, sacerdote, de igual manera, el escapulario o el rosario, por si mismos, no hacen a quienes lo portan, católicos.

El primer Mandamiento nos prohíbe que oremos con herejes. Tengamos mucho cuidado al no caer en la trampa que dice que está bien que oremos con ellos, porque lo hacen por María Santísima.

Mejor busquemos, en esta devoción, unirnos únicamente con los verdaderos católicos, para poder obtener todas las gracias y meritos que estas devociones nos ofrecen.

Así sea,



Saturday, September 29, 2012

DOMINGO 18 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

30 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos hermanos:

Consideremos el día de hoy, al paralitico que yace recostado sobre su lecho. Bajo estas condiciones se encuentra restringido y limitado al tamaño de su cama, y luego entonces depende en gran medida de sus amigos.

Este hombre realmente era bienaventurado al contar con tales amigos que mostraban su fe al llevarlo con Jesucristo. Fue en gran parte gracias a la fe de los amigos de este hombre enfermo que Jesucristo le perdona sus pecados. Dependía este hombre de sus amigos, no sólo para los beneficios materiales sino que dependía, de la misma manera, de ellos para los bienes espirituales, luego entonces, podemos decir que los pecadores que reciben la gracia del arrepentimiento, y aceptación de la penitencia, en gran parte depende de la fe y méritos de algún otro.

Las enfermedades, muchas veces, son una manifestación o tienen alguna relación con el pecado, por lo que debemos en nuestras propias enfermedades, buscar el perdón de nuestros para después buscar la salud de nuestro cuerpo.

La enfermedad física,también se basa, frecuentemente en el deterioro de nuestro cuerpo, olvidándonos, muchas de las veces, de nuestra alma. La enfermedad, decirnos, es sólo corporal. Por lo tanto debemos replantear nuestras actitudes y prioridades. Debemos buscar la salud de nuestra alma, antes que cualquier otra cosa. Jesucristo nuestro Señor, sanó primero el alma de este hombre antes de sanar su cuerpo.

Como ya lo dijimos, este pobre hombre era incapaz de valerse por sí mismo, dependiendo de la caridad de los demás. Quien está en pecado mortal, se encuentra en esta misma situación, ya que no puede hacer nada para sí mismo, para recuperar la gracia de Dios, que ha perdido. Esta gracia, del arrepentimiento es un don de Dios, que se la da gracias a la fe de algún otro.

El hombre en pecado, ha perdido todo control, es arrastrado por sus transgresiones y lo llevan a donde estas quieren en lugar de donde él mismo quiere llegar. Como sucede con el paralitico que es tal vez llevado a donde quieren los demás.

La cama, en que se encuentra postrado, es de igual forma, símbolo de pecado, por la cantidad de pecados que se comenten en esta. Así estamos unidos con nuestros pecados. Es en muchas ocasiones, que con nuestras propias fuerzas podemos recostarnos, mas no con las mismas para poder ponernos de píe y requerimos de la ayuda de alguien más.

Es, de esta misma manera que libre y voluntariamente caemos en el pecado, y no somos capaces de salir de estos, requerimos de la ayuda de algún otro.

Sería bueno, que todos y cada uno de nosotros reflexionáramos, al momento de ir a recostarnos sobre nuestra cama, la posibilidad de que no logremos levantarnos jamás de ella y que nos coloquemos en la situación de estar limitados al espacio de esta, para cualquier movimiento que pensemos hacer. Si esta ha sido lugar de pecado, sería una situación de mucho temor y tormento a la hora de la muerte.

Debemos por lo tanto hacer de este lugar de descanso, un lugar santo, con la oración antes y después de recostarnos, bendiciéndola con agua bendita, proponiéndonos no volverla a manchar con el pecado.

Debería ser como el trono de David que día y noche lo mojaba con las lágrimas de arrepentimiento de sus pecados (salmo 6,7). De esta manera podremos sanar nuestra alma de las ataduras del pecado y levantarnos de nuestros pecados como lo hacemos por las mañas al levantarnos de nuestras camas.

En lugar de estar sujetos al pecado y nuestra cama, como el paralitico, debemos con la ayuda de Dios, ponernos de píe y recibir el perdón de nuestros pecados, hacerla a un lado, en lugar de regresar sobre esta y se convierta, como lo ha sido, ocasión o motivo de pecado, por nuestra enfermedad espiritual, castigo y cruz, que debemos llevar con espíritu de penitencia.

Al tomar nuestra cruz todos los días, se nos recuerdan nuestros pecados, se nos recuerda la magnitud de estos y al mismo tiempo, la misericordia de Dios. Ya que recibimos la oportunidad de seguir a Cristo: “Toma tu cruz diariamente y sígueme” (San Lucas 9,23).

Así como nuestro lecho de pecado ha sido amargo y pecaminoso, al tomar nuestra cruz todos los días con el verdadero arrepentimiento, se convierte esta cruz en motivo de alegría y gran bendición. Todo lo que era amargo e impertinente se convierte en liviano y dulce (san Mateo 11:30).

No olvidemos nunca las lecciones y observaciones que se nos presenta este día, en la sanación de este hombre tanto de su cuerpo como de su alma. Recordando que Cristo sana primeramente el alma y después el cuerpo. Es decir que debemos buscar primero y ante todo el Reino de Dios y los bienes de este mundo se nos darán por añadidura (san Mateo 6,33).

Al mismo tiempo debemos ver que el lecho de pecado, está lleno de sufrimiento y miseria y que una vez que nos levantamos se convierte en nuestra cruz de penitencia y aunque es motivo de muchas lagrimas de arrepentimiento y penitencia, se convierte en una cruz, de dulzura y alegría, al cargarla diariamente a imitación de Cristo.

Debemos de igual manera, siempre mostrar gran gratitud por quienes sabemos o desconocemos, y que gracias a su fe han hecho posible se apliquen a nosotros las palabras de Dios que nos dice: “Tus pecados te son perdonados” gracias a la constante y fiel oración de los demás, y a sus sacrificios, que nos han merecido esta gracia.

Asi sea.

Saturday, September 22, 2012

DOMINGO 17 DESPUÉS DE PENTECOSTES

23 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos hermanos:

Los Fariseos llaman a Cristo “Maestro”, de manera engañosa. Sólo el hijo puede llamar Padre a su padre y el estudiante profesor a quien lo es. Luego entonces sólo los discípulos llaman a su maestro “Maestro”. El fariseo no es discípulo de Cristo, no lo sigue ni busca ser instruido por Cristo. Por lo tanto no tiene ningún derecho de llamarlo Maestro.

Es verdad, por otra parte que Cristo es Dios y maestro de todos, pero quienes rechazan el amor y obediencia que sólo a ÉL le corresponde, rompen con esta relación. Los cismáticos, herejes, paganos y judíos no tienen una verdadera relación con Cristo, por lo tanto no tienen buena relación con Dios. Él es su creador, pero debido a esta rebelión en su contra, dejan de ser hijos de Dios, sino más bien, son hijos del demonio quien los inspira y guía, en esta vida, para que alcancen la eternidad y entren al fuego del infierno.

La religión para estas personas, no es otra cosa que una real y verdadera hipócrita decepción. En una herramienta que utilizan para desviar a los demás y más aún para manipular y controlarlos. Esta es una de las razones por las que Cristo los llama “hijos del demonio” y “Raza de víboras” (San Mateo 12; 34), es esta hipocresía engañosa que mueve a los fariseos a llamar “Maestro” a Jesucristo, pretendiendo que con esta forma de adulación, pondrían a Jesucristo fuera de guardia, para poderlo atrapar. Lo cual es una tontería ya que Jesucristo al ser Dios sabe y conoce los corazones de los hombres.

La pregunta sobre, cuál es el mayor de los mandamientos, estaba en cuestión, por lo que con la respuesta, Jesucristo, según ellos, podría ofender a alguien. Jesucristo sin embargo, responde con una respuesta simple y directa, mostrándole que el mayor de los mandamientos es el amor a Dios y a nuestro prójimo. Después Jesucristo hace callar a este hombre al dirigirles una pregunta.

En su rebelión en contra de la gracia de Dios, estos hombres no pueden ver que Cristo es verdadero Dios y verdadero Hombre. Por lo tanto no se pueden explicar, cómo Jesucristo es hijo de David y al mismo tiempo Señor de éste. Con esto Jesucristo calla la hipocresía y la maldad del complot de los fariseos.

Estos mismos fariseos viven hoy en nuestros días, en quienes atacan a la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Jesucristo. La doctrina de Cristo, la doctrina de la Iglesia, es la doctrina de Dios, todos los que rechazan esta doctrina están evidentemente rechazando a Dios mismo “Quien a vosotros os escucha me escucha a Mí y quien a Mí me escucha, escucha a quien me ha enviado” (San Lucas 10, 16). Es claro, por lo tanto que todos aquellos que están fuera de la Iglesia y llaman a Jesucristo, lo hacen de manera falsa. No son los hijos de Dios, son más bien los hijos del demonio.
Rechazan a Jesucristo y a Su Iglesia, y siguen las inspiraciones del demonio, tal y como lo hicieron los fariseos de aquel entonces. Llaman estos, “Señor, Maestro y Dios” a Jesucristo, pero no es otra cosa que una gran mentira, ya que lo rechazan en su corazón. Podría ser verdad que buscan a Dios en las escrituras mas no para amarle y servirle, sino más bien para tratar de atraparlo (en su Cuerpo Místico) encontrando únicamente la forma de rechazarlo y buscar destruirlo. Debemos por lo tanto estar muy alertas al hablar de religión con quienes están fuera de la Iglesia, ya que todos ellos, de manera consciente o inconsciente están buscando siempre, destruir la Iglesia, consecuentemente a Cristo, Dios. Sin importar lo piadosos que parezcan o lo bien intencionados que digan ser. No dejar de ser hijos del demonio.

Es Satanás que aparece como ángel de Luz, que los inspira y guía. Y así como el fariseo no pudo creer que Jesús sea Cristo y que sea tanto Dios como hombre verdaderos. De igual forma los que están fuera de la Iglesia católica no pueden creer ninguna enseñanza de Cristo en la Iglesia.

No somos Jesucristo, por lo tanto, no podemos ver estas disposiciones diabólicas, en la voluntad de las personas, y que los demonios son muy astutos, en ayudar a estas personas a ocultan bien sus malas intenciones. Por lo tanto debemos estas siempre atentos y vigilantes, en nuestras conversaciones con ellos.

Recordemos siempre y en todo momento nuestras oraciones matutinas, donde pedimos a Dios Su ayuda y dirección durante todo el día, así como la ayuda de los ángeles y santos, antes de ponernos en cualquier tipo de conversación con los no católicos, sobre todo en cuestiones de fe. Hagamos oración para que se alejen y liberen de la influencia de los espíritus malignos que los guían, y pidamos a Dios Su ayuda para que nos guie y ayude a guiar a estas personas hacia ÉL.

Debemos recordar siempre que las apariencias siempre son engañosas y que debemos estar siempre en guardia para proteger nuestra posición de hijos de Dios, y poder llamarlo en verdad y dignamente “Maestro”

Así sea

Saturday, September 15, 2012

DOMINGO 16 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

16 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos Hermanos:

Nuestro Señor Jesucristo tiene dos cosas muy importantes que decirnos en el Evangelio de este día. El primero de ellos es señalarnos la manera adecuada de cómo debemos santificar, el sábado.

Los israelitas del antiguo testamento estaban regidos por una ley material, física, en la que la mayoría de las veces estaban por así decirlo ciegos al lado espiritual de la ley, o cómo las cuestiones espirituales deberían envolver las materiales.

Cristo nuestro Señor ha entrado a una casa a comer algo de pan, en sábado. La letra de la ley prohíbe cualquier actividad servil en este día. Estaban de igual manera, sus enemigos, ansiosamente esperando si nuestro señor sanaría algún hombre, ignorando la ley del sábado o si dejaría pasar la oportunidad de realizar alguna obra de caridad.

Al leer sus corazones Jesucristo les dice. Si acudirían al auxilio para salvaguardar la integridad, de algún ganado, en día sábado. La respuesta fue obviamente, claro que acudiríamos a salvar a cualquiera de nuestros animales, si estuvieran en peligro de muerte, aún si fuera en sábado.

Ninguno de ellos se detuvo a considerar que esta persona que acababa de fallecer, vale mucho más que cada cabello del ganado, del que fuere su especie, o que la caridad es mucho más valiosa que su avaricia. (La necesidad de salvar al ganado, es por lo costoso de estos y su manutención y sería una gran pérdida, para quien estuviera en esa situación).

No hay tanto interés ni beneficio personal al ayudar a nuestro prójimo, pero si existe un beneficio salvaguardar la integridad de nuestro propio ganado. Por lo que no dudarían en quebrantar la letra de la ley, para saciar su avaricia. Más no así por caridad hacia su prójimo en necesidad.

Jesucristo nuestro Señor, al sanar a este hombre, nos enseña y a ellos, en su tiempo, a que no existe ley ni requiere de ley, la caridad. No puede existir ninguna ley en contra del amor a nuestro prójimo, y buscar siempre la mejor forma de ayudarlo.
La sociedad de nuestros días es cada vez más parecida a los fariseos y menos a Cristo. Estamos buscando siempre la forma de no ser caritativos con los demás.

Existen siempre razones de “prudencia” para no ayudar, lo más lamentable es cuando tratamos de culpar a Dios por estos hechos, como lo señala el evangelio de este día.

La razón para no ayudar según ellos, era por la ley dada por Dios, que no les permitía practicar algún acto de caridad con la persona enferma. Lo mismo vemos en nuestros días. La mayoría quiere hacernos creer que las desgracias y necesidades que le suceden a nuestro prójimo son por culpa de Dios y que si acudimos a su auxilia, estaríamos en contra de la voluntad de Este.

Mucha gente no gesticularía esta manera de pensar, tal y como sucede en el evangelio de hoy, no pudieron responder en voz alta, permaneciendo callados. Sin embargo, pretendemos cubrir nuestra flojera, tibieza y hasta indiferencia, con un manto de religiosidad, culpando a Dios de todo.

Tal religiosidad pretende aparecer como guardianes escrupulosos de la ley de Dios, y correctos ante los ojos de los demás, usando la ley a su conveniencia y siendo peores que las personas que condenan.

Debemos por lo tanto buscar el espíritu de la ley. Es sólo cuando recibimos la ley con toda caridad que la podemos aplicar y entender. Es la caridad que muestra la verdadera obediencia a la obediencia servil y superflua. Solo quienes aman a Dios y al prójimo, saben cómo entender, interpretar y aplicar la ley de Dios.

La segunda lección que Jesucristo quiere enseñarnos hoy, es relativa a la primera. Mientras que la caridad nos permite comprender y aplicar la palabra de Dios, es la humildad que nos permite demostrar esta caridad, en toda su belleza y simplicidad.

Existen personas que buscan a toda costa aparecer como humildes cuando son más soberbios que quienes están a su alrededor. Tales personas buscaran el último de los lugares para aparecer humildes. Cuando en verdad son los más vanidosos de todos. No es tan importante buscar el primer o ultimo de los lugares, ambos son deterioros para nosotros, si nos falta la verdadera caridad y la verdadera humildad.


Los verdaderamente humildes no les interesa aparecer en ninguna de ambas partes. Prefieren no ser vistos del todo. Solo se preocupan por agradar a Dios, estar con Él y llevar a los demás a Su lado.

Todas las virtudes vienen en paquete, no podemos tener una si nos falta la otra, por así decirlo. Como le hemos visto con la caridad que va de la mano de la humildad. No podemos ser humildes si no nos amamos los unos a los otros. No podemos lograr esto, a menos que estemos de libre voluntad dispuestos a ser humildes. En la búsqueda de la mayor de todas las virtudes, la caridad, practicaremos todas las demás.

Crezcamos en la caridad día con día, buscando ser cada vez más humildes, mas complacientes para con Dios y nuestro prójimo.

Así sea