Saturday, September 22, 2012

DOMINGO 17 DESPUÉS DE PENTECOSTES

23 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos hermanos:

Los Fariseos llaman a Cristo “Maestro”, de manera engañosa. Sólo el hijo puede llamar Padre a su padre y el estudiante profesor a quien lo es. Luego entonces sólo los discípulos llaman a su maestro “Maestro”. El fariseo no es discípulo de Cristo, no lo sigue ni busca ser instruido por Cristo. Por lo tanto no tiene ningún derecho de llamarlo Maestro.

Es verdad, por otra parte que Cristo es Dios y maestro de todos, pero quienes rechazan el amor y obediencia que sólo a ÉL le corresponde, rompen con esta relación. Los cismáticos, herejes, paganos y judíos no tienen una verdadera relación con Cristo, por lo tanto no tienen buena relación con Dios. Él es su creador, pero debido a esta rebelión en su contra, dejan de ser hijos de Dios, sino más bien, son hijos del demonio quien los inspira y guía, en esta vida, para que alcancen la eternidad y entren al fuego del infierno.

La religión para estas personas, no es otra cosa que una real y verdadera hipócrita decepción. En una herramienta que utilizan para desviar a los demás y más aún para manipular y controlarlos. Esta es una de las razones por las que Cristo los llama “hijos del demonio” y “Raza de víboras” (San Mateo 12; 34), es esta hipocresía engañosa que mueve a los fariseos a llamar “Maestro” a Jesucristo, pretendiendo que con esta forma de adulación, pondrían a Jesucristo fuera de guardia, para poderlo atrapar. Lo cual es una tontería ya que Jesucristo al ser Dios sabe y conoce los corazones de los hombres.

La pregunta sobre, cuál es el mayor de los mandamientos, estaba en cuestión, por lo que con la respuesta, Jesucristo, según ellos, podría ofender a alguien. Jesucristo sin embargo, responde con una respuesta simple y directa, mostrándole que el mayor de los mandamientos es el amor a Dios y a nuestro prójimo. Después Jesucristo hace callar a este hombre al dirigirles una pregunta.

En su rebelión en contra de la gracia de Dios, estos hombres no pueden ver que Cristo es verdadero Dios y verdadero Hombre. Por lo tanto no se pueden explicar, cómo Jesucristo es hijo de David y al mismo tiempo Señor de éste. Con esto Jesucristo calla la hipocresía y la maldad del complot de los fariseos.

Estos mismos fariseos viven hoy en nuestros días, en quienes atacan a la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Jesucristo. La doctrina de Cristo, la doctrina de la Iglesia, es la doctrina de Dios, todos los que rechazan esta doctrina están evidentemente rechazando a Dios mismo “Quien a vosotros os escucha me escucha a Mí y quien a Mí me escucha, escucha a quien me ha enviado” (San Lucas 10, 16). Es claro, por lo tanto que todos aquellos que están fuera de la Iglesia y llaman a Jesucristo, lo hacen de manera falsa. No son los hijos de Dios, son más bien los hijos del demonio.
Rechazan a Jesucristo y a Su Iglesia, y siguen las inspiraciones del demonio, tal y como lo hicieron los fariseos de aquel entonces. Llaman estos, “Señor, Maestro y Dios” a Jesucristo, pero no es otra cosa que una gran mentira, ya que lo rechazan en su corazón. Podría ser verdad que buscan a Dios en las escrituras mas no para amarle y servirle, sino más bien para tratar de atraparlo (en su Cuerpo Místico) encontrando únicamente la forma de rechazarlo y buscar destruirlo. Debemos por lo tanto estar muy alertas al hablar de religión con quienes están fuera de la Iglesia, ya que todos ellos, de manera consciente o inconsciente están buscando siempre, destruir la Iglesia, consecuentemente a Cristo, Dios. Sin importar lo piadosos que parezcan o lo bien intencionados que digan ser. No dejar de ser hijos del demonio.

Es Satanás que aparece como ángel de Luz, que los inspira y guía. Y así como el fariseo no pudo creer que Jesús sea Cristo y que sea tanto Dios como hombre verdaderos. De igual forma los que están fuera de la Iglesia católica no pueden creer ninguna enseñanza de Cristo en la Iglesia.

No somos Jesucristo, por lo tanto, no podemos ver estas disposiciones diabólicas, en la voluntad de las personas, y que los demonios son muy astutos, en ayudar a estas personas a ocultan bien sus malas intenciones. Por lo tanto debemos estas siempre atentos y vigilantes, en nuestras conversaciones con ellos.

Recordemos siempre y en todo momento nuestras oraciones matutinas, donde pedimos a Dios Su ayuda y dirección durante todo el día, así como la ayuda de los ángeles y santos, antes de ponernos en cualquier tipo de conversación con los no católicos, sobre todo en cuestiones de fe. Hagamos oración para que se alejen y liberen de la influencia de los espíritus malignos que los guían, y pidamos a Dios Su ayuda para que nos guie y ayude a guiar a estas personas hacia ÉL.

Debemos recordar siempre que las apariencias siempre son engañosas y que debemos estar siempre en guardia para proteger nuestra posición de hijos de Dios, y poder llamarlo en verdad y dignamente “Maestro”

Así sea

Saturday, September 15, 2012

DOMINGO 16 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

16 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos Hermanos:

Nuestro Señor Jesucristo tiene dos cosas muy importantes que decirnos en el Evangelio de este día. El primero de ellos es señalarnos la manera adecuada de cómo debemos santificar, el sábado.

Los israelitas del antiguo testamento estaban regidos por una ley material, física, en la que la mayoría de las veces estaban por así decirlo ciegos al lado espiritual de la ley, o cómo las cuestiones espirituales deberían envolver las materiales.

Cristo nuestro Señor ha entrado a una casa a comer algo de pan, en sábado. La letra de la ley prohíbe cualquier actividad servil en este día. Estaban de igual manera, sus enemigos, ansiosamente esperando si nuestro señor sanaría algún hombre, ignorando la ley del sábado o si dejaría pasar la oportunidad de realizar alguna obra de caridad.

Al leer sus corazones Jesucristo les dice. Si acudirían al auxilio para salvaguardar la integridad, de algún ganado, en día sábado. La respuesta fue obviamente, claro que acudiríamos a salvar a cualquiera de nuestros animales, si estuvieran en peligro de muerte, aún si fuera en sábado.

Ninguno de ellos se detuvo a considerar que esta persona que acababa de fallecer, vale mucho más que cada cabello del ganado, del que fuere su especie, o que la caridad es mucho más valiosa que su avaricia. (La necesidad de salvar al ganado, es por lo costoso de estos y su manutención y sería una gran pérdida, para quien estuviera en esa situación).

No hay tanto interés ni beneficio personal al ayudar a nuestro prójimo, pero si existe un beneficio salvaguardar la integridad de nuestro propio ganado. Por lo que no dudarían en quebrantar la letra de la ley, para saciar su avaricia. Más no así por caridad hacia su prójimo en necesidad.

Jesucristo nuestro Señor, al sanar a este hombre, nos enseña y a ellos, en su tiempo, a que no existe ley ni requiere de ley, la caridad. No puede existir ninguna ley en contra del amor a nuestro prójimo, y buscar siempre la mejor forma de ayudarlo.
La sociedad de nuestros días es cada vez más parecida a los fariseos y menos a Cristo. Estamos buscando siempre la forma de no ser caritativos con los demás.

Existen siempre razones de “prudencia” para no ayudar, lo más lamentable es cuando tratamos de culpar a Dios por estos hechos, como lo señala el evangelio de este día.

La razón para no ayudar según ellos, era por la ley dada por Dios, que no les permitía practicar algún acto de caridad con la persona enferma. Lo mismo vemos en nuestros días. La mayoría quiere hacernos creer que las desgracias y necesidades que le suceden a nuestro prójimo son por culpa de Dios y que si acudimos a su auxilia, estaríamos en contra de la voluntad de Este.

Mucha gente no gesticularía esta manera de pensar, tal y como sucede en el evangelio de hoy, no pudieron responder en voz alta, permaneciendo callados. Sin embargo, pretendemos cubrir nuestra flojera, tibieza y hasta indiferencia, con un manto de religiosidad, culpando a Dios de todo.

Tal religiosidad pretende aparecer como guardianes escrupulosos de la ley de Dios, y correctos ante los ojos de los demás, usando la ley a su conveniencia y siendo peores que las personas que condenan.

Debemos por lo tanto buscar el espíritu de la ley. Es sólo cuando recibimos la ley con toda caridad que la podemos aplicar y entender. Es la caridad que muestra la verdadera obediencia a la obediencia servil y superflua. Solo quienes aman a Dios y al prójimo, saben cómo entender, interpretar y aplicar la ley de Dios.

La segunda lección que Jesucristo quiere enseñarnos hoy, es relativa a la primera. Mientras que la caridad nos permite comprender y aplicar la palabra de Dios, es la humildad que nos permite demostrar esta caridad, en toda su belleza y simplicidad.

Existen personas que buscan a toda costa aparecer como humildes cuando son más soberbios que quienes están a su alrededor. Tales personas buscaran el último de los lugares para aparecer humildes. Cuando en verdad son los más vanidosos de todos. No es tan importante buscar el primer o ultimo de los lugares, ambos son deterioros para nosotros, si nos falta la verdadera caridad y la verdadera humildad.


Los verdaderamente humildes no les interesa aparecer en ninguna de ambas partes. Prefieren no ser vistos del todo. Solo se preocupan por agradar a Dios, estar con Él y llevar a los demás a Su lado.

Todas las virtudes vienen en paquete, no podemos tener una si nos falta la otra, por así decirlo. Como le hemos visto con la caridad que va de la mano de la humildad. No podemos ser humildes si no nos amamos los unos a los otros. No podemos lograr esto, a menos que estemos de libre voluntad dispuestos a ser humildes. En la búsqueda de la mayor de todas las virtudes, la caridad, practicaremos todas las demás.

Crezcamos en la caridad día con día, buscando ser cada vez más humildes, mas complacientes para con Dios y nuestro prójimo.

Así sea

Saturday, September 8, 2012

DOMINGO 15 DESPUÉS DE PENTECOSTES


9 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos hermanos:

Con frecuencia experimentamos, en esta vida, casos místicos o simbólicos sobre acontecimientos que se habrán de realizar en un nivel de vida superior. La muerte física, que vemos con tanta frecuencia, en esta vida, debe hacernos reflexionar y despertar a nuestra conciencia sobre la muerte más terrible que, la del alma, ocasionada por el pecado mortal.

Por otra parte, las bellezas y maravilla de este mundo, nos debe motivar con un deseo ardiente por la belleza y vida eterna del cielo. Así como la agonía, miseria y dolor de esta vida deben hacernos reflexionar sobre los sufrimientos de los condenados en el infierno o las pobres almas del purgatorio.

Lo que nos relata el evangelio de este día, nos lleva a reflexionar sobre la Resurrección. Es importante notar que el evangelio nos dice que Jesucristo tuvo compasión por la viuda (no tanto por el hombre muerto) al cual se le dio una segunda oportunidad de vida, no porque lo mereciera, sino por el sufrimiento de la madre que logró tocar con sus suplicas, el corazón de Jesucristo Nuestro Señor. Esto mismo sucede con nosotros cuando, una vez que resucitamos de la muerte del pecado y regresamos a la vida de la gracia.

Cuando nos encontramos gozando de la alegría de haber recibidos estas gracias que nos llenan de vida espiritual, deberíamos recordar el pasaje del que nos habla el evangelio de hoy.

No hemos hecho nada de nuestra parte para recibir tales bendiciones, es más bien gracias a la oración y penitencias de alguna otra persona pidiendo a Dios por nosotros, recuperándonos la vida espiritual para que empecemos nuevamente.

Es muy fácil alegrarnos al haber recibido tantas bendiciones y limpieza de nuestra conciencia y olvidarnos de dar gracias o manifestar cualquier forma de agradecimiento a quien ha hecho esto posible con sus oraciones y sobre todo con su penitencia, al vernos con ojos de verdadero amor, como hemos caído en el abismo del infierno y muere por el pecado.

De igual forma nos daremos cuenta que muchos de los santos del cielo se encuentran ahí gracias a las oraciones de algún otro. Las lagrimas, sufrimientos y oraciones que las madres y padres hacen por sus hijos tocan de igual manera, especial, el corazón de Dios. San Agustín atribuye su conversión gracias a las oraciones de su madre. Es gracias a santa Mónica que tenemos un san Agustín.

Los pastores como padres espirituales de igual forma con frecuencia oran y hacen sacrificios por sus hijos espirituales. Todo penitente debe estar agradecido y manifestar gratitud a sus confesores por ese hecho. Se cuenta de igual manera con órdenes religiosas que dedican su vida completa a la oración y penitencia para obtener la gracia, del verdadero arrepentimiento, de todos los pecadores de este mundo.

La lista de nuestros benefactores espirituales estaría incompleta si hacemos a un lado a nuestro ángel de la guarda, nuestro santo patrón y todos los demás santos con los cuales hemos tenido alguna relación y también, porque no decirlo, algún pariente nuestro que con la gracia de Dios este gozando igualmente del cielo e intercediendo por nosotros.

Retomando el asunto de san Agustín, debemos aprender que es obligación de todos los padres ofrecer oración y hacer algún tipo de sacrificios por sus hijos ya que al no hacerlo tal vez su misma salvación estaría en juego. Es obligación de todos orar y hacer penitencia por los demás. Se nos ha dicho que debemos amarnos los unos por los otros y estar al cuidado de nuestros hermanos.

Debemos buscar y luchar por la salvación de todos los hijos de Dios. Es verdad que no todos se han de salvar y que de los que sí han de lograrlo, el número es muy reducido. Pero si somos negligentes en amar, orar y sacrificarnos por las almas de quienes vemos va por el camino equivocado, tal vez se nos encuentre negligente el día del juicio.

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos es orar y ofrecer sacrificios por ellos como lo hacemos por nosotros mismos. Tal vez uno de los mayores gozos en el cielo sea la unión del alma con alma entre nosotros, con la de quienes hemos de igual manera ofrecido oración y penitencia, unidos ambos en Dios nuestro Señor.

Si no tenemos en mente a alguien por quien orar y ofrecer sacrificios, lo podemos hacer por los pecadores en general. Una práctica muy hermosa es poner toda nuestra oración y penitencias sobre las manos de nuestro santísima Madre, encargándole los distribuya y aplique, según Su parecer. La santísima virgen María como madre amorosa sabe de antemano donde y como distribuir sus bendiciones y nuestras obras de piedad y sacrificio.

Nuestro Señor Jesucristo manifestó su grande afecto y no se resistió a escuchar la suplica de la viuda madre de que nos habla el evangelio de este día; con mayor razón se sentirá inclinado a mostrar Su misericordia y bondad hacia todos aquellos que están encomendados al cuidado de Su Santa Madre.

Estemos siempre agradecidos por la oración y penitencia que han hecho otros, por la restauración de la vida espiritual nuestra, y no olvidemos jamás, hacer nosotros lo mismo por los demás.

Así sea.

Saturday, September 1, 2012

DOMINGO 14to. DESPUÉS DE PENTECOSTES

2 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Queridos Hermanos:

En el evangelio de hoy, nuestro señor Jesucristo, no condena las riquezas, la comida ni el trabajo. Condena más bien, el apego exagerado de estas cosas. Se nos amonesta, en alguna otra ocasión a que trabajemos para obtener lo necesario para nosotros y los demás.

Debemos hacer esto mientras Dios nos proporcione los medios y la habilidad para lograrlo, lo que si debemos evitar es convertirnos en esclavos de estas cosas. El hombre rico con frecuencia se convierte en esclavo de sus riquezas cuidando y protegiéndolas, con gran cuidado, al grado de no tener ni el más mínimo cuidado de su alma.

El lujurioso, glotón y vanidoso hacen lo mismo, buscando servir en lugar de regir sobre estos bienes que Dios les ha dado. Cuando Dios hizo al hombre lo colocó sobre los demás seres de Su Creación para que gobernara sobre estas. Es una invención grotesca del verdadero orden cuando el hombre de manera voluntaria se esclaviza a la creatura antes de servir a Dios como Creador de todas estas cosas.

No podemos pretender servir tanto a Dios como a las cosas de este mundo, así nos lo dice nuestro Señor en el evangelio de hoy. Nuestro objetivo sólo puede ser en una dirección y es o bien para con Dios o para con las cosas mundanas. El hombre es la gloria de toda la creación, esta sobre todas esas cosas. Incluso podemos colocar al hombre que fue hecho un poco menos que los ángeles, sobre de estos al decidir Dios hacerse hombre y unirse con nuestra naturaleza en lugar a la de los ángeles.

La creación fue hecha para servirnos. Sin embargo buscamos con gran solicitud y vehemencia, a las creaturas que las colocamos en el lugar que corresponde sólo a Dios, convirtiéndonos en culpables idolatras. Lo mismo podemos decir cuando buscamos creaturas inferiores, como el dinero.

Es un gran pecado y crimen desear las cosas mundanas antes que a Dios, como lo es, alcanzar los bienes materiales, antes que Dios mismo. La belleza de la vida de las aves y la belleza que adorna las flores demuestran de manera imperfecta la belleza verdadera del alma que ama a Dios y confía en Su providencia divina.

Mientras que no debemos preocuparnos sobre las cosas materiales, de alimentación, comida y lugar donde vivir, al grado de convertirnos en esclavos de estas. Debemos sin embargo de manera prudente buscarlas.

El peligro es hacernos flojos bajo el pretexto de que con gran fe y esperanza esperamos, Dios preverá. Es fácil olvidar la amonestación de san Pablo que nos dice que “el que no trabaje que no coma” (2 Tés 3:10). Debemos hacer todo lo que podemos lograr ayudados de los dones y talentos que Dios nos ha dado, teniendo el cuidado de no desperdiciarlos, no hacer mal uso de estos. Recordando siempre, humildemente, que esto es un regalo de Dios a quien debemos regresarlo, consientes que nos lo puede quitar en cualquier momento.

No tenemos nada seguro en esta vida. Debemos recordar, sin embargo, que todos estos dones se nos han dado para acercarnos más a Dios, nuestro creador y no para que se conviertan en un obstáculo entre nosotros y Su amor.

El santo Job, nos demuestra tanto en sus riquezas como en su pobreza, cual debe ser nuestra actitud sobre las cosas de este mundo y Dios, quien nos dado todo esto. “Dios me lo ha dado, Dios me lo ha quitado, bendito sea el nombre del Señor nuestro Dios”. Job utilizó toda su riqueza para honrar y su pobreza para dar gloria a Dios.

Jamás se convirtieron ni su riqueza ni pobreza en obstáculos para su amor por Dios.

Sabemos que la perfección no la podremos obtener en esta vida, ya que está reservada para nosotros en el Cielo. Las riquezas, solo pretenden sustentar felicidad, sin embargo frecuentemente sólo atraen la amargura y miseria.

La comida ofrece satisfacción y placer, sin embargo cuando se abraza sin ningún control ni reserva, sólo acarrea las grandes enfermedades que conocemos como no confortantes para nuestro organismo.

La belleza cuando se busca sobre todo lo demás nos damos cuenta que atrae consigo una gran desilusión y tristeza al ver lo realmente grotesco que nos presenta. Cuantos martirizan su cuerpo buscando lograr alcanzar los estándares de belleza que dicta el mundo solo para darse cuenta que ahora el mundo ha cambiado los estándares e belleza precisamente al extremo opuesto.

La moda, de igual forma está constantemente cambiando con la insaciable incertidumbre del deseo humano. Sin embargo,

¿Cuantos buscan con todo su ser lograr y alcanzar lo que estas dictan, muy a pesar de la salvación de su alma?

Logrando alcanzar únicamente, estas pobres personas sin dirección alguna, destruir la verdadera belleza natural que Dios les ha dado, quedando desfigurados y realmente feos por seguir los estándares de este mundo.

La verdadera belleza no la busquemos en las formas y colores, sino en la virtud del alma.

Debemos por lo tanto trabajar por lograr lo que Dios nos ha dado, pero siempre con y por amor de Dios, sin permitir que ningún distractor nos aleje de este objetivo, servir y amar a Dios. Estemos siempre preparados para hacer a un lado las creaturas inferiores, por las superiores, nuestro Creador.


Asi sea.

Saturday, August 18, 2012

DOMINGO 12 Después De Pentecostés

19 DE AGOSTO DE 2012

Queridos Hermanos:

Quienes han recibido la gracia de la fe verdadera y conocen a Cristo, como lo hicieron los apóstoles, es a quienes Jesucristo se dirige y dice:

“Bienaventurados los ojos que ven lo que veis vosotros”

No se refiere a los ojos del cuerpo sino a los del alma, que contempla y sostiene a Jesucristo con fe, esperanza y caridad, como miembros de Su cuerpo místico. Esto es posible solo en la Iglesia católica, donde podemos claramente verlo y ser verdaderamente bendecidos. Los Padres de la Iglesia nos dicen, al explicarnos la parábola de este día, que el hombre que cae victima de los ladrones, representa a toda la humanidad.

Tras la caída de Adán, hemos caído todos en manos de ladrones (demonios) que nos han despojado de todo merito, hiriéndonos con el pecado y dejado medio muertos (sin vivir en la gracia, ni completamente muertos en el infierno).

Jesucristo es el Samaritano que viene a salvarnos. El sacerdote y el levita (la ley y los profetas) se acercaron al hombre caído, mas no pudieron ayudarlo. Solo Cristo que ha venido desde Jerusalén (cielo) quien es que puede y verdaderamente ayuda nuestra naturaleza caída.

Jesucristo vacía en nuestras heridas, el aceite de la compasión que sale de su naturaleza humana, de la misma manera que lo hace con el vino purificante de Su naturaleza Divina.

Tanto el vino como el aceite (naturaleza humana y divina) son necesarios para curar nuestras heridas, recibidas como consecuencia de nuestra naturaleza caída por el pecado.

Carga Cristo, con nuestro castigo, mas no con nuestra culpa, al morir por nosotros. Sin embargo, no se detiene ahí, nos lleva a la posada (la Iglesia) donde nos deja al cuidado de los Obispos y sacerdotes para que nos mantengan sanos hasta Su regreso. A la Iglesia se la ha dado las dos monedas (el Antiguo y el Nuevo Testamento) para ser utilizado en el cuidado y la salud del hombre caído.

Se le ha prometido además, a la Iglesia, que cualquier cosa más allá y sobre todo lo demás, que dedique al cuidado de las almas, Cristo la recompensara abundantemente, a Su regreso, al final de los tiempos.

Nosotros como miembros del cuerpo místico de Cristo, debemos acudir a la búsqueda de nuestros hermanos caídos, como Él lo ha hecho. Porque somos uno con El, y de esta forma sean sanados con las oraciones y sacrificios de los demás miembros.

Debemos ser para el mundo, tanto como el buen samaritano y la posada, donde descanse, el hombre caído y pueda recuperar la salud.

Conforme vamos por la vida, no hagamos duro nuestro corazón, hacia las necesidades de los demás, sino más bien, ayudando por medio del amor que nos gustaría a nosotros recibir.

Debemos ayudar no solo a las necesidades del cuerpo y las materiales, sino y aun mas, en las necesidades espirituales de esta vida.

Hay en este mundo muchos heridos, por el demonio, que debemos buscar y ayudar a sanar llevándolos al rebaño de la Iglesia. Tanto a los no bautizados como a los que lo están y han sido cautivados por el gran numero de religiones falsas, diseñadas para engañar y desviar a los que posiblemente deberían salvarse.

Hay que buscarlos y ofrecerles el medicamento que ha de sanarlos, como lo son los sacramentos de la Iglesia.

Tal parece que la mayoría ha ya rechazado a Cristo, o continúa haciéndolo ahora con su Cuerpo Místico, como a Su esposa, La Iglesia, sin embargo, esto no es excusa para detenernos en la búsqueda, de quienes necesitan nuestra ayuda y nos es posible auxiliar.

Cuando los miembros de nuestra propia familia (los que buscamos auxiliar primero) rechazan estas gracias, ofrezcámosla a otros, tal y como lo ha hecho Jesucristo y Su Iglesia.

Jesucristo es el buen Samaritano para toda la naturaleza caída por el pecado y ha venido a curarnos y salvarnos. Lo ha demostrado al derramar Su gracia sobre nosotros, guiado hacia la Iglesia para que seamos alimentados de su doctrina, y de igual forma nutrirnos con los Sacramentos.

Nos pide la Iglesia a todos y cada uno de nosotros, ser como el buen samaritano, imitando a Jesucristo según nuestras posibilidades y habilidades. Debemos rescatar a los que están agonizando en las religiones falsas y espiritualidad equivocada.

Traigamos estas almas a la Iglesia para que sean elevadas y alimentadas con la verdadera doctrina y que los mantenga vivos en la gracia de los verdaderos sacramentos.

Que así sea.

Saturday, August 11, 2012

FESTIVIDAD DE SANTA CLARA DE ASÍS


12 DE AGOSTO DE 2012

Queridos Hermanos:

A principios del siglo trece, cuando el lujo y la sensualidad devastaba con todo mundo, san Francisco de Asís, hace su aparición, dando ejemplos de vida en la humildad y la penitencia. Dios, de igual forma desea darle a la mujer vanidosa y sensual de ese tiempo, un ejemplo de desprecio a las vanidades de este mundo. Para tal misión llama a Clara, la hija de una familia prominente y noble, de Asís. Su padre Favorino Scifi, de Sassorosso, la sierva de Dios, Hortulana, madre, que muere con olor de santidad.

Tenía, clara, 18 años de edad cuando escuchó a san Francisco, predicar en la catedral de Asís, en la cuaresma de 1212. Sus palabras de rechazo a las cosas mundanas, a la penitencia y particularmente el ejemplo que este daba, afecto de manera positiva a clara, que se acercó a él para darse cuenta que sentía el llamado de Dios a llevar una vida similar y vivir en un convento.

No dudo nunca en realizar el plan de Dios. Sabiendo que su familia, buscaría darle una vida brillante en este mundo, y que se opondrían en todo lo relacionado a su vocación, decide irse de su casa.

El domingo de ramos, acude a la iglesia vestida de sus mejores galas, para atender los oficios del día. Esa misma noche, y asistida por un pariente mayor, asiste a la capilla de santa María de los Ángeles, donde san Francisco y sus compañeros la reciben, con velas encendidas en sus manos.

Frente el altar, clara, se despoja de su hermoso manto que le cubre la cabeza, para que san Francisco le corte el cabello y la cubra con un pedazo de lino. En lugar de su vestimenta ostentosa, recibe un hábito de penitencia ceñida por un cordón blanco.

Esta es la forma en la que la Madre y fundadora de las Pobres Clarisas fue recibida, el 19 de marzo de 1212. Por el momento san Francisco la envía a un convento de hermanas Benedictinas.

Una vez que Clara tuvo éxito en sobre llevar la oposición de su familia, que intento siempre hacerla desistir de su forma de vida y forzarla a regresar a casa. La hermana de esta, Inés, se unió a la vida de sacrificio de su hermana.

San Francisco hizo los preparativos para en un convento cerca de la iglesia de San Damián. Lugar en que se incremento en número de vírgenes consagradas a Dios. Servían a Dios en una gran pobreza, penitencia estricta y vida de reclusión completa del mundo, de acuerdo a la Regla que nuestro Padre San Francisco les había dado, como su Segunda Orden.

Bajo obediencia, recibió Clara el nombramiento de Madre Superiora por cuarenta y un años, hasta su muerte. Su amor por la humildad la llevó a realizar las acciones más despreciadas, dando buen ejemplo y ayuda a sus hermanas.

Muy a pesar de sus grandes padecimientos físicos, dio siempre a sus hermanas ejemplo de gran celo en la penitencia y en la oración. En el año de 1240, el ejercito sarraceno que estaba bajo el servicio del emperador Federico II, se acercó a Asís.

Arrasaron con el pequeño convento de san Damián, que se encontraba a las afueras de la ciudad, escalando los muros del monasterio. Bajo el temor mortal las hermanas acuden a su Madre, Clara, que se encontraba enferma recostada en cama.

Como pudo, se levantó y con la píxide que contiene el Santísimo Sacramento en mano, se aproximó a la puerta del convento. Desde ahí con gran fervor suplica a nuestro Señor en el cielo, como lo hizo el salmista (salmo 73.19)

“no entregues a las bestias las almas que te alaban y protege con Tu escudo a los siervos que has redimido, con Tu preciosísima Sangre” una voz misteriosa salió de la ostia clamando “siempre los protegeré”.

De inmediato fueron presas de gran pánico los agresores, que cegados de inmediato por una gran luz que salió del Santísimo Sacramento, fueron derribados y huyeron del lugar. El convento se salvó y el poblado de Asís liberado.

Después de muchos años de sufrimiento ininterrumpido, Clara siente que su fin esta ya próximo. Una vez que hubo recibido los últimos sacramentos ella y una de las hermanas vieron a la Reina de todas las vírgenes, venir al encuentro de la esposa de Su Divino Hijo. El 11 de agosto de 1253, entra a los gozos de la eternidad y sepultada al siguiente día.

El Papa Alejandro IV la canoniza en 1255. Reflexionemos sobre la gran alegría que experimentó santa Clara en este mundo en su vida de claustro. No consistió en comodidades mundanas, ni si quiera aún en constantes consuelos espirituales, sino en sacrificios hechos por el amor de Dios, por medio de los cuales se unió más íntimamente con la Fuente de la Felicidad.

En una ocasión le dice a una joven:

“nuestra alianza consiste en la mortificación de nuestras pasiones y la renuncia a las cosas de este mundo, con la crucifixión del cuerpo y el sacrificio de la voluntad, más la felicidad que le acompaña son eternas, la unión es indisoluble, empieza en este mundo y la muerte la sella finalmente”.

En la mañana de su agonía, recibió el Viaticum; por la tarde el Papa Inocencio IV la visitó y le dio la absolución general. Más Clara se sintió mucho más feliz de haber recibido a Nuestro Señor del Cielo, en la Santa Comunión, que el ser honrada por la visita del Papa.

Seamos nosotros de la misma manera indiferentes a las glorias de este mundo para que se nos permita disfrutar las alegrías de toda la eternidad.

Que así sea


Saturday, August 4, 2012

DOMINGO 10° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

5 DE AGOSTO DE 2012

Queridos hermanos:

Ya hemos escuchado lo necesario que es hacer oración y sobre todo permanecer en ella; por eso nuestra Santa Madre la Iglesia, ha seleccionado un texto del evangelio que nos ha de enseñar a orar.

Dios odia y detesta al orgulloso y ama al humilde. Todo aquel que se enaltece será humillado y viceversa todo aquel que se humilla será alabado.

El fariseo, acude a orar, pero lo hace para sí mismo y no con Dios. Aunque este hombre tenga muchas obras justas a su favor, falla en acudir realmente a Nuestro Señor. Es como si hubiera sacado a Dios de su oración. Envuelto en sus acciones no se detiene a pensar que todo lo ha hecho, gracias a Dios. Se cree capaz de hacer todo sólo y no ve la necesidad de la ayuda de Dios.

Existen muchos en este mundo, que se comportan como el fariseo creyendo que no necesitan nada de Dios. Por lo tanto no se detienen para nada a orar. Creen haber creado sus propias vidas y no necesitar a Dios para nada. Lo que es más lamentable es que viven como si Dios no existiera. Si acuden a la Iglesia y hacen oración, es sólo para sí mismos y para que los demás los vean.

Como los fariseos, son ahora sus buenas obras, unidas en oración al vicio de su orgullo. Siendo este vicio el que destruye y elimina a todas las demás acciones buenas que se hayan podido cometer, dejándolas sin valor ante Dios. Es por lo tanto primordial que luchemos en contra de este vicio siempre y en todo momento, especialmente con la oración.

Por otra parte, vemos la oración del Publicano. Este hombre no tiene buenas obras que lo acompañen en sus oraciones o decide no mencionarlas. Todo lo que presenta a Dios, son sus pecados. Su oración en simple: “Señor ten misericordia de este pobre pecador”. La única obra buena que tiene es su humildad.

La cual es más agradable a Dios que todas las demás virtudes. No se compara con nadie, se presente ante Dios completo y sólo, al considerar lo que es en sí mismo delante de Dios y lo que Dios espera de él.

Con frecuencia y aún en nuestros propios días tendemos a compararnos con nuestro prójimo. Es fácil ver las faltas de este y concluir que somos mejores al no tener sus faltas particulares. Sin ponernos a pensar que Dios da Su gracia de diferente manera y espera resultados diferentes, y que tal vez nuestras faltas son mayores a las de nuestro prójimo. Si este hubiera recibido las gracias que hemos nosotros recibido, tal vez serían mejores personas que nosotros.

Necesitamos un modelo o forma con quien comparar nuestra acciones, razón por la que Cristo vino a este mundo. Veámoslo para considerar de que manera tan miserable hemos fallado, es igualarlo.

Nuestro objetivo como nos lo dice Cristo es ser perfectos, porque nuestro Padre Celestial, lo es. (San Mateo 5:48). Al ver nuestra vida con la de Dios, nos damos cuenta el gran abismo que existe entre ambas; sin importar cuantas virtudes tenemos, nunca seremos tan buenos como debemos serlo, siempre pudimos haber hecho mejor. Con esta forma de pensar ante nuestros ojos, no es difícil poner la virtud de la humildad en práctica, la cual es, más agradable a Dios, que las demás.

El hombre que aclama sus buenas obras, es como si estuviera desafiando a Dios para que le encontrara alguna falta, lo cual puede hacer sin ninguna dificultad; por otro lado el hombre humilde sólo muestra, a Dios, sus faltas, lo cual motiva a Dios para manifestarle lo bueno que ha hecho.

Por lo tanto no necesitamos llevar un registro de nuestras buenas obras, ya que Dios ya lo ha hecho. Cuando hemos bien obrado no descansemos en ello y nos llenemos de orgullo, más bien olvidémoslo o mejor aún, consideremos que hemos fallado también en esto, ya que pudimos haberlo hecho mejor.

Esta es la verdad más obvia y la que nos mantendrá humildes. Es esta virtud, la que agrada a Dios y que hace nos alabe; mientras que humilla al orgulloso. Debemos por lo tanto, nunca glorificarnos sino sentirnos como lo que somos, humildes, dejando a Dios que haga con nosotros según Su parecer, y que nos elogie, si ve algo bueno en nosotros.
Cuando las buenas obras son envueltas por el orgullo todo se arruina y se hace nada ante Dios. Cuando nuestros pecados están acompañados de nuestro arrepentimiento y humildad, Dios realmente los limpia y sitúa la bondad en su lugar.

¡Qué maravillosos sería que juntemos la humildad con las buenas obras!

Al combinar estas dos virtudes estaremos seguros de encontrarnos complacientes a Dios.

Así sea.