13 DE FEBRERO DE 2011
Queridos Hermanos:
“Semejante es El reino de los cielos a la levadura, que cogió una mujer, y la mezcló con tres celemines de harina, hasta que fermentó toda la masa.” (San Mateo 13:33)
La levadura tiene la propiedad de convertir la harina en sí misma. Lo mismo sucede con las virtudes. Si guardamos la virtud de la caridad en nuestro corazón, actuara como levadura sobre la harina. Nuestro corazón se llenará completamente de esta virtud.
Menciono la caridad porque es esta la principal de todas las virtudes.
“Ahora permanecen estas tres cosas: fe, esperanza y caridad; pero la más excelente de ellas es la caridad.” (1 Cor. 13:13) no importa que otra virtud tengamos si nos falta la caridad. Sin esta todas las demás son vacías y sin ningún valor. Cuando todas las demás virtudes están envueltas de caridad brillan y sobresalen por su esplendor.
Hay muchas personas que practican las demás virtudes sin la caridad. Esta es la levadura de los Fariseos de la que nos previene Cristo, de estar alerta y evitar.
“ Ante todo guardaos del fermento de los Fariseos, que es la hipocresía” (san Lucas 12:1) todas las virtudes de los fariseos es hipocresía porque les falta la caridad.
Es la falta de esta caridad que da origen al pecado en este mundo. Para evitar cualquier pecado es necesario que tengamos caridad. Todas las mortificaciones y penitencias son sin valor alguno si están vacías de la caridad.
Si queremos conquistar a los demonios la llave es la caridad. Es una cosa muy buena expulsar los demonios lo cual les molesta demasiado, como dice san Juan Crisóstomo, los demonios se enojan mucho más cuando el alma está libre de pecados.
El mayor poder de los demonios es inspirar pecar: “si destruyes el pecado quebrantas los nervios de los demonios, has dañado su cabeza, has destruido su poder, has destruido a su ejército, has formado una señal mucho mayor que todos los milagros”
La caridad es la raíz de toda buena obra y la base de las demás virtudes. Sin esta virtud los mismos milagros serian incapaces de ayudarnos. Para vencer a los demonios, debemos evitar el pecado, y para lograr esto debemos tener caridad.
“La caridad cubre una gran multitud de pecados” (San Pedro 4,8)
Esta es la manera que debemos sepultar la caridad en nosotros mismos como lo hizo la mujer con la levadura. La caridad plantada en nuestro corazón se multiplicara en nosotros completamente expresándose en nuestras palabras, pensamientos y acciones. Llenos de caridad no tenemos espacio para el pecado. De esta manera vencemos a los enemigos de nuestra alma.
Nuestra alma es como el Reino de los Cielos, es miembro de este Reino y en nosotros el reflejo de este Reino, siempre y cuando no hayamos expulsado la caridad.
En San Mateo leemos: “Dos mujeres molerán en la muela, una será tomada y otra será dejada” (San Mateo 24,41) San Máximo dice que la Santa Iglesia es la mujer guarda la levadura en la harina, lo hace por medio de sus leyes, apóstoles, profetas, doctrina etc. Ella es la mujer que muele en el molino, la otra es la sinagoga. Esta otra mujer hace lo mismo pero le falta caridad, esta falta de la doctrina de Cristo, así que mientras que la mujer (la Iglesia) será llevada al Cielo la otra (la sinagoga) será ignorada y abandonada.
Lo que hemos dicho sobre estas dos mujeres y por la tanto de los dos Reinos, se puede aplicar directamente a nuestra alma. ¿Cuál levadura usaremos nosotros en nuestra alma, para que pueda multiplicarse? ¿Será la caridad y la Iglesia, o será la de hipocresía del demonio y el mundo?
Busquemos cosas mejores en que ocupar nuestra atención, enfoquemos todo nuestro ser en la simple virtud de la caridad, que es tan vital para nuestra felicidad eterna y que frecuentemente es ignorada. Todas las grandes obras que hagamos son nada si no tenemos caridad. Si tan sólo plantáramos esta pequeña virtud en nuestro corazón y alma en todo lo que hacemos (aún los actos más insignificantes) haremos actos merecedores y de gran valor al estar repletos de caridad.
Que así sea.
Saturday, February 12, 2011
Saturday, February 5, 2011
DOMINGO 5to. DESPUÉS DE EPIFANÍA
6 DE FEBRERO DE 2011
Queridos Hermanos:
Las almas buenas, deben sufrir un poco entre los malos. Nuestro celo y amor por Dios, frecuentemente abre el camino a los demonios y a muchas de sus tentaciones.
La maldad de los demonios no termina con la siembra del molusco sino que continúa intentando corromper a los buenos. Sugiere a estos que deben cortar y destruir lo malo de inmediato. De esta manera puede destruir al mismo tiempo ambos, al bueno y al malo. El malo es prevenido de cambiar y convertirse en bueno y el bueno es corrompido al usurpar el juicio que le pertenece sólo a Dios, cayendo en la vanidad y el orgullo.
Cuando los demonios no logran expulsar la gracia de Dios en las almas, su siguiente paso es la corrupción. Este es el atentado que, leemos, sucede en la parábola de hoy. Los demonios se encuentran en una segunda etapa de sus ataques. Ven la gracia que Dios ha sembrado por medio de Sus ministros y buscan su destrucción sembrando maldad en medio de todo lo bueno. “Siempre habrá quienes están con nosotros pero no son de nosotros” (1 Juan 2,19) los demonios se asegurarán de esto. Su deseo es tentarnos a seguir el mal ejemplo de los demás y volvernos orgullosos y mirar con menosprecio a las pobres almas que han caído. En cualquiera de las dos situaciones logran su cometido y misión, robar a Dios las almas que El mismo ha creado para Sí.
Somos por lo tanto prevenidos, por Jesucristo, con la parábola del este día.
Debemos estar enterados de que el enemigo hace esto mientras dormíamos. Mientras que es verdad que ningún mortal puede permanecer constantemente en guardia físicamente, si podemos estar vigilantes de manera espiritual. Muchos pastores en el pasado fallaron en mantener alejadas estas obras malas de entre sus fieles, por lo que nos toca a nosotros enfrentar esta situación, como Nuestro Señor lo señala en la parábola de hoy. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia alma a la que debemos cuidar. Debemos estar vigilantes todo el tiempo, para que el enemigo no venga a sembrar malos pensamientos y deseos en nuestra alma. Mucho menos debemos permitir que haga raíz. Debemos luchar en contra de estos con todo nuestro ser. Ya que no puede permitírseles crecer junto con la gracia, por no poder crecer juntos en la misma alma, como conviven los hombres buenos con los malos.
Al estar viviendo en este mundo estamos forzados a vivir con y al lado de hombres que viven en la maldad, vidas pecaminosas y escándalos. No podemos eliminarlos porque en el proceso podríamos eliminar en el futuro algún pecador arrepentido que puede causar más alegría en el cielo que por todos aquellos que no necesitan arrepentirse. (San Lucas 15,7). Eso nos haría mucho mas culpables que quien estamos tratando de corregir.
¿Qué debemos hacer, entonces? La parábola nos dice que debemos ser pacientes hasta el tiempo de la cosecha (el fin del mundo o nuestra existencia), mientras esperamos con paciencia debemos estar siempre vigilantes. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para no hacer la misma maldad y mal ejemplo a nuestro alrededor y convertirnos en uno sólo con la hierba. Al mismo tiempo con gran valor, debemos dar buen ejemplo para que la “hierba” a nuestro alrededor pueda recibir y cooperar con la gracia de Dios se convierta. De esta manera Dios será doblemente honrado y mereceremos gracias mayores y recompensas para nosotros y nuestro prójimo.
Somos creaturas sociales y es usualmente el efecto de quienes nos rodean que nos llevan a hacer y ser lo mejor o peor de nosotros mismos. San Agustín dice que no podemos ser tan buenos, ni malos como podemos serlo si estamos solos. Se requiere de los demás para que resurja lo mejor o peor en nosotros. Mientras tengamos que vivir en este mundo frecuentemente repleto de maldad que está constantemente buscando sacar lo peor en nosotros, debemos en la manera de lo posible aislarnos de esa influencia y acercarnos a quienes nos ayudarán a sacar lo bueno. Como todo lo bueno parece ser muy reducido y algo retirado de nosotros debemos aprender asociarnos no tanto en la proximidad física y por medios físicos sino en la proximidad sobrenatural y por medios de esta misma naturaleza. Contamos con muchos santos y ángeles dispuestos a ayudarnos y acompañarnos en nuestra necesidad de sacar lo mejor de nosotros y acercarnos más a Dios. Nuestro ángel guardián esta siempre a nuestro lado. Podemos siempre y en todo momento levantar nuestro corazón y mente a Dios, María Santísima, los ángeles y Santos del Cielo incluso las mismas almas del purgatorio. Siempre estamos en la posibilidad de hacer actos de Fe, Esperanza, Caridad y Contrición. Podemos hacer comuniones espirituales todos los días y permanecer de esta manera siempre en presencia de Jesucristo Nuestro Señor.
De esta manera podemos sacar lo mejor de nosotros, alejarnos de la influencia de la maldad a nuestro alrededor y acercar a los demás a Dios. Con la ayuda de la gracia de Dios podemos cambiar la maldad que los demonios han sembrado en algo bueno para Dios y las almas.
Que así sea.
Queridos Hermanos:
Las almas buenas, deben sufrir un poco entre los malos. Nuestro celo y amor por Dios, frecuentemente abre el camino a los demonios y a muchas de sus tentaciones.
La maldad de los demonios no termina con la siembra del molusco sino que continúa intentando corromper a los buenos. Sugiere a estos que deben cortar y destruir lo malo de inmediato. De esta manera puede destruir al mismo tiempo ambos, al bueno y al malo. El malo es prevenido de cambiar y convertirse en bueno y el bueno es corrompido al usurpar el juicio que le pertenece sólo a Dios, cayendo en la vanidad y el orgullo.
Cuando los demonios no logran expulsar la gracia de Dios en las almas, su siguiente paso es la corrupción. Este es el atentado que, leemos, sucede en la parábola de hoy. Los demonios se encuentran en una segunda etapa de sus ataques. Ven la gracia que Dios ha sembrado por medio de Sus ministros y buscan su destrucción sembrando maldad en medio de todo lo bueno. “Siempre habrá quienes están con nosotros pero no son de nosotros” (1 Juan 2,19) los demonios se asegurarán de esto. Su deseo es tentarnos a seguir el mal ejemplo de los demás y volvernos orgullosos y mirar con menosprecio a las pobres almas que han caído. En cualquiera de las dos situaciones logran su cometido y misión, robar a Dios las almas que El mismo ha creado para Sí.
Somos por lo tanto prevenidos, por Jesucristo, con la parábola del este día.
Debemos estar enterados de que el enemigo hace esto mientras dormíamos. Mientras que es verdad que ningún mortal puede permanecer constantemente en guardia físicamente, si podemos estar vigilantes de manera espiritual. Muchos pastores en el pasado fallaron en mantener alejadas estas obras malas de entre sus fieles, por lo que nos toca a nosotros enfrentar esta situación, como Nuestro Señor lo señala en la parábola de hoy. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia alma a la que debemos cuidar. Debemos estar vigilantes todo el tiempo, para que el enemigo no venga a sembrar malos pensamientos y deseos en nuestra alma. Mucho menos debemos permitir que haga raíz. Debemos luchar en contra de estos con todo nuestro ser. Ya que no puede permitírseles crecer junto con la gracia, por no poder crecer juntos en la misma alma, como conviven los hombres buenos con los malos.
Al estar viviendo en este mundo estamos forzados a vivir con y al lado de hombres que viven en la maldad, vidas pecaminosas y escándalos. No podemos eliminarlos porque en el proceso podríamos eliminar en el futuro algún pecador arrepentido que puede causar más alegría en el cielo que por todos aquellos que no necesitan arrepentirse. (San Lucas 15,7). Eso nos haría mucho mas culpables que quien estamos tratando de corregir.
¿Qué debemos hacer, entonces? La parábola nos dice que debemos ser pacientes hasta el tiempo de la cosecha (el fin del mundo o nuestra existencia), mientras esperamos con paciencia debemos estar siempre vigilantes. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para no hacer la misma maldad y mal ejemplo a nuestro alrededor y convertirnos en uno sólo con la hierba. Al mismo tiempo con gran valor, debemos dar buen ejemplo para que la “hierba” a nuestro alrededor pueda recibir y cooperar con la gracia de Dios se convierta. De esta manera Dios será doblemente honrado y mereceremos gracias mayores y recompensas para nosotros y nuestro prójimo.
Somos creaturas sociales y es usualmente el efecto de quienes nos rodean que nos llevan a hacer y ser lo mejor o peor de nosotros mismos. San Agustín dice que no podemos ser tan buenos, ni malos como podemos serlo si estamos solos. Se requiere de los demás para que resurja lo mejor o peor en nosotros. Mientras tengamos que vivir en este mundo frecuentemente repleto de maldad que está constantemente buscando sacar lo peor en nosotros, debemos en la manera de lo posible aislarnos de esa influencia y acercarnos a quienes nos ayudarán a sacar lo bueno. Como todo lo bueno parece ser muy reducido y algo retirado de nosotros debemos aprender asociarnos no tanto en la proximidad física y por medios físicos sino en la proximidad sobrenatural y por medios de esta misma naturaleza. Contamos con muchos santos y ángeles dispuestos a ayudarnos y acompañarnos en nuestra necesidad de sacar lo mejor de nosotros y acercarnos más a Dios. Nuestro ángel guardián esta siempre a nuestro lado. Podemos siempre y en todo momento levantar nuestro corazón y mente a Dios, María Santísima, los ángeles y Santos del Cielo incluso las mismas almas del purgatorio. Siempre estamos en la posibilidad de hacer actos de Fe, Esperanza, Caridad y Contrición. Podemos hacer comuniones espirituales todos los días y permanecer de esta manera siempre en presencia de Jesucristo Nuestro Señor.
De esta manera podemos sacar lo mejor de nosotros, alejarnos de la influencia de la maldad a nuestro alrededor y acercar a los demás a Dios. Con la ayuda de la gracia de Dios podemos cambiar la maldad que los demonios han sembrado en algo bueno para Dios y las almas.
Que así sea.
Saturday, January 29, 2011
DOMINGO 4to. DESPUÉS DE EPIFANÍA
30 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
!Jesucristo esta durmiendo!. Vemos que Jesucristo, en Su naturaleza humana, duerme al igual que nosotros, sin embargo, sabemos que en su Naturaleza Divina, Dios nunca duerme.
Durante nuestra vida existen muchas ocasiones en las que somos tentados a pensar que Jesucristo Nuestro Señor está dormido y no sabe lo que nos sucede. Pensamos que esta, lo más alejado de nosotros, que nuestras cruces y carga diaria es más pesada que la de los demás. En realidad El no esta tan lejos de nosotros, somos nosotros los que hemos pensado y en ocasiones sentido así.
Dios no desconoce nuestras cruces y sufrimientos. Por el contario, esta siempre al tanto de lo que nos sucede ya que El de manera directa o indirecta las desea para nosotros y de igual forma las permite.
Jesucristo Nuestro Señor no desconocía que la tempestad amenazaba la seguridad de la tripulación de la barca. Como Dios calmo la tempestad. Ya habían visto, los apóstoles, el poder de Dios sobre la tierra, pero no lo habían visto aún, Su poder, sobre el mar. Esta es la razón por la que Dios agitó de tal manera, esta tempestad, de la misma forma que tranquilizo las aguas.
Este milagro, confirma una vez más y con mayor claridad que Jesucristo es Dios porque toda la creación lo obedece. (Todo es decir, excepto el hombre, que con su libre albedrio frecuentemente busca revelarse en Su contra) con el incremento de la fe de los apóstoles empezamos a ver la sabiduría y bondad de Jesucristo, al dormir en la barca. Este mal aparente (la tempestad) era en realidad un beneficio para los apóstoles, porque al final de cuentas incremento su fe.
Esta tempestad, incremento su humildad, de igual manera. Porque estos hombres maduros y expertos en la pesca sintieron la necesidad de pedir auxilio, como creaturas indefensas. En este estado de humildad vemos que estuvieron muy receptivos a la gracia de Dios, como no lo habían estado antes.
Lo mismo sucede en nuestra vida. Recibimos cruces y tribulaciones enviadas por Dios para nuestro propio beneficio. Lo que percibimos como grandes males son en la mayoría de las veces grandes beneficios. La tormenta es nuestra vida ha sido puesta por un Dios de amor, que sólo desea unirnos más a Él.
En lugar de quejarnos y cuestionar a Dios si realmente ve y entiende o dudando de
Sus motivos, debemos aprender a estar siempre agradecidos aún si por el momento no comprendemos que es lo que sucede. Nuestra fe debe sobrepasar nuestros temores para confiar total y completamente en Jesucristo Nuestro Señor, sin importar que tan doloroso y difícil sea.
Las cruces, las tormentas, las cargas etc. Todo nos es dado por Dios. Podremos permitir personas malvadas o espíritus de esta naturaleza, convertirse en instrumentos que nos han de traer estas cosas, porque finalmente es Dios que lo permite y sólo busca lo mejor para nosotros, en Su corazón. Sabemos de la historia del santo Job que todo lo ponía en manos de Dios: “EL Señor me lo ha dado, el señor se lo ha llevado,”
Cuando entendemos el bien que el hombre malvado nos hace, comprendemos que estamos en deuda con este. Entendemos que debe existir el escándalo y que es sólo para beneficio de quienes aman al Señor, sin embargo es en quebranto de quienes lo ocasionan. “sería mejor para tales hombres no haber nacido” desde esta perspectiva podemos ver y entender porque Jesucristo y los santos oraban por los que los perseguían.
Los santos veían a sus ejecutores como grandes benefactores, porque sus asesinos eran el medio por el que estos santos merecían la entrada al cielo. Mientras que al mismo tiempo sentían una gran misericordia por tales pobres almas al ver lo que estos individuos hacían; condenándose a sí mismos.
En todas nuestras dificultades, hagamos a un lado nuestro temor y preocupaciones, conociendo bien y completamente que Jesucristo Nuestro Señor no está dormido. No está lejos de nosotros. A nosotros nos parece que duerme, sin embargo sabemos que esta siempre al pendiente de nuestro cuidado.
Utilicemos cada cruz y tribulación como un instrumento que fortaleza nuestra fe para que regresemos con más fe y amor como humildes creaturas acudiendo a su Padre celestial. Busquemos insistentemente a Dios Nuestro Señor.
Demos gracias, por las cruces y tribulaciones, en lugar de guardar resentimiento, recordando la alegría de los apóstoles, al sentirse dignos de ser escogidos para sufrir todas estas cosas por Jesucristo.
Así sea.
Queridos Hermanos:
!Jesucristo esta durmiendo!. Vemos que Jesucristo, en Su naturaleza humana, duerme al igual que nosotros, sin embargo, sabemos que en su Naturaleza Divina, Dios nunca duerme.
Durante nuestra vida existen muchas ocasiones en las que somos tentados a pensar que Jesucristo Nuestro Señor está dormido y no sabe lo que nos sucede. Pensamos que esta, lo más alejado de nosotros, que nuestras cruces y carga diaria es más pesada que la de los demás. En realidad El no esta tan lejos de nosotros, somos nosotros los que hemos pensado y en ocasiones sentido así.
Dios no desconoce nuestras cruces y sufrimientos. Por el contario, esta siempre al tanto de lo que nos sucede ya que El de manera directa o indirecta las desea para nosotros y de igual forma las permite.
Jesucristo Nuestro Señor no desconocía que la tempestad amenazaba la seguridad de la tripulación de la barca. Como Dios calmo la tempestad. Ya habían visto, los apóstoles, el poder de Dios sobre la tierra, pero no lo habían visto aún, Su poder, sobre el mar. Esta es la razón por la que Dios agitó de tal manera, esta tempestad, de la misma forma que tranquilizo las aguas.
Este milagro, confirma una vez más y con mayor claridad que Jesucristo es Dios porque toda la creación lo obedece. (Todo es decir, excepto el hombre, que con su libre albedrio frecuentemente busca revelarse en Su contra) con el incremento de la fe de los apóstoles empezamos a ver la sabiduría y bondad de Jesucristo, al dormir en la barca. Este mal aparente (la tempestad) era en realidad un beneficio para los apóstoles, porque al final de cuentas incremento su fe.
Esta tempestad, incremento su humildad, de igual manera. Porque estos hombres maduros y expertos en la pesca sintieron la necesidad de pedir auxilio, como creaturas indefensas. En este estado de humildad vemos que estuvieron muy receptivos a la gracia de Dios, como no lo habían estado antes.
Lo mismo sucede en nuestra vida. Recibimos cruces y tribulaciones enviadas por Dios para nuestro propio beneficio. Lo que percibimos como grandes males son en la mayoría de las veces grandes beneficios. La tormenta es nuestra vida ha sido puesta por un Dios de amor, que sólo desea unirnos más a Él.
En lugar de quejarnos y cuestionar a Dios si realmente ve y entiende o dudando de
Sus motivos, debemos aprender a estar siempre agradecidos aún si por el momento no comprendemos que es lo que sucede. Nuestra fe debe sobrepasar nuestros temores para confiar total y completamente en Jesucristo Nuestro Señor, sin importar que tan doloroso y difícil sea.
Las cruces, las tormentas, las cargas etc. Todo nos es dado por Dios. Podremos permitir personas malvadas o espíritus de esta naturaleza, convertirse en instrumentos que nos han de traer estas cosas, porque finalmente es Dios que lo permite y sólo busca lo mejor para nosotros, en Su corazón. Sabemos de la historia del santo Job que todo lo ponía en manos de Dios: “EL Señor me lo ha dado, el señor se lo ha llevado,”
Cuando entendemos el bien que el hombre malvado nos hace, comprendemos que estamos en deuda con este. Entendemos que debe existir el escándalo y que es sólo para beneficio de quienes aman al Señor, sin embargo es en quebranto de quienes lo ocasionan. “sería mejor para tales hombres no haber nacido” desde esta perspectiva podemos ver y entender porque Jesucristo y los santos oraban por los que los perseguían.
Los santos veían a sus ejecutores como grandes benefactores, porque sus asesinos eran el medio por el que estos santos merecían la entrada al cielo. Mientras que al mismo tiempo sentían una gran misericordia por tales pobres almas al ver lo que estos individuos hacían; condenándose a sí mismos.
En todas nuestras dificultades, hagamos a un lado nuestro temor y preocupaciones, conociendo bien y completamente que Jesucristo Nuestro Señor no está dormido. No está lejos de nosotros. A nosotros nos parece que duerme, sin embargo sabemos que esta siempre al pendiente de nuestro cuidado.
Utilicemos cada cruz y tribulación como un instrumento que fortaleza nuestra fe para que regresemos con más fe y amor como humildes creaturas acudiendo a su Padre celestial. Busquemos insistentemente a Dios Nuestro Señor.
Demos gracias, por las cruces y tribulaciones, en lugar de guardar resentimiento, recordando la alegría de los apóstoles, al sentirse dignos de ser escogidos para sufrir todas estas cosas por Jesucristo.
Así sea.
Saturday, January 22, 2011
DOMINGO 3ro. DESPUÉS DE EPIFANÍA
23 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
En la lectura del evangelio de hoy, somos testigos de dos milagros realizados por Nuestro Señor Jesucristo: La curación del leproso y la del sirviente del Centurión.
El leproso acude a Jesucristo y primeramente lo adora antes de pedirle algún favor.
Este es un punto muy importante de esta lección y que frecuentemente es ignorado. Lo primero que este hombre hizo, fue reconocer a Jesucristo como Dios. Le dice:
“Señor, si Tú quieres, puedes sanarme”
Sólo Dios tiene tal poder. No le pide a Jesucristo interceder por él, o pedir algo, o aplicar algún tipo de remedio para sanarlo. Es claro que reconoce a Jesucristo como Dios y con el poder de hacer todas estas cosas. De igual manera podemos ver que no existe una manera especial de petición.
Es una declaración y reconocimiento del poder de Jesucristo. Básicamente lo que está diciendo es: Jesucristo, si quieres puedes recuperarme la salud, curarme de esta enfermedad. Este es un acto profundo de fe.
Es también importante que notemos que al no hacer una petición formal, está esencialmente confiando completamente en Dios. Dios sabe lo que es mejor para nosotros, por lo que al momento de hacer nuestras peticiones debemos reconocer esto, tal y como nos lo demostró Jesucristo en la oración del Huerto de los olivos. “Señor si es posible, que pase este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Está claro que no tenemos ni las más mínima idea de lo que es mejor para nosotros, por lo que debemos siempre pedir como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, y como vemos que lo hace el leproso. Sin mucha insistencia sobre nuestros propios deseos y voluntad, sino con total resignación a la voluntad de Dios.
Jesucristo escucha y reconoce la petición del leproso cuando le dice. “Quiero” agregando “queda limpio” lo que nos demuestra que, lo que Dios desea se hace realidad. Todo lo que se necesita es que Dios lo quiera para que así se realice. Para que no exista duda, al mismo tiempo, Jesucristo extiende su mano y toca al leproso.
Jesucristo hizo lo que estaba prohibido, tocar a un leproso. Esta ley fue establecida para evitar la propagación de tal enfermedad. Evidentemente, lo que toca Dios no surte el miso efecto que lo que toca el hombre. En lugar de que la enfermedad contamine lo limpio con que ha tenido contacto, vemos completamente suceder lo opuesto. Lo limpio limpia lo contaminado. Para lo limpio todo está limpio. Por lo que podemos entender la razón por la que, Jesucristo hace a un lado muchas reglas del Antiguo Testamento relativas a la limpieza e impurezas. Las otras naciones de gentiles, son todas limpias en Jesucristo. Vemos que todos los alimentos están limpios y aceptables para nuestro consumo, ya en el Nuevo Testamento. Parece que muchas naciones han ya perdido la dirección de este punto.
Todo lo que Dios ha hecho y nos ha dado, es bueno. Es el mal uso que hacemos de estas cosas que las convierte en malas. No estamos contaminados tanto por las cosas a nuestro alrededor, la contaminación viene de nosotros mismos. No es lo que entra en el hombre que lo contamina sino la maldad que sale del corazón de este.
El inocente y humilde no ve la maldad mientras que el corrupto y profano ampliamente lo ve manifiesto. El que se encuentra limpio se aísla de la contaminación al no haber maldad en su corazón. Todo lo que recibe lo ve como algo bueno, aún lo malo es convertido en algo bueno para ellos. Para el profano, toda la putrefacción la multiplica y la hace suya, para extenderla en toda la maldad a su alrededor. De esta manera la maldad crece en el mundo y en el corazón del hombre.
El inocente y limpio, recibe y da sólo lo que es bueno, incrementando la bondad a su alrededor y en su interior.
El Centurión hace una profesión de fe muy similar.
“tan sólo di una palabra y quedará curado mi criado”
Todo que se requiere es que Jesucristo así lo desee para que se convierta en realidad. Este segundo milagro refuerza la lección dada en el primero. Jesucristo no pide por nosotros, ni aplica un remedio natural; Jesucristo es Dios por lo tanto, todo lo que tiene que hace es querer para que así sea hecho.
Cuando Dios habla toda la creación escucha y obedece en consecuencia.
No existe ninguna otra virtud más importante, que no debemos olvidar, cuando escuchamos al Centurión decir: “Señor no soy digno de que Tú entres en mi casa” el verdadero y humilde reconocimiento de nuestra propia miseria ante Dios, es lo que le place.
En el reconocimiento de esta situación de no merecer nada, nos ponemos en las manos de Dios para que se haga Su voluntad. Es verdad que somos pecadores y por lo tanto no merecemos las gracias que Dios nos manda, por lo que en todas las Misas, la Iglesia, nos recuerda estas mismas palabras y sentimientos. “no soy digno”. En este estado de verdadera humildad esperamos, al igual que el leproso y el Centurión, la salud y curación, de nuestros sufrimientos.
Aprendamos antes que todo lo demás, a adorar a Jesucristo como Dios para después con humildad presentar nuestras necesidades, con paciencia y resignación a SU santa voluntad, confiando y creyendo que todo lo que sucede, sucede por el beneficio de quienes aman a Dios.
Así sea.
Queridos Hermanos:
En la lectura del evangelio de hoy, somos testigos de dos milagros realizados por Nuestro Señor Jesucristo: La curación del leproso y la del sirviente del Centurión.
El leproso acude a Jesucristo y primeramente lo adora antes de pedirle algún favor.
Este es un punto muy importante de esta lección y que frecuentemente es ignorado. Lo primero que este hombre hizo, fue reconocer a Jesucristo como Dios. Le dice:
“Señor, si Tú quieres, puedes sanarme”
Sólo Dios tiene tal poder. No le pide a Jesucristo interceder por él, o pedir algo, o aplicar algún tipo de remedio para sanarlo. Es claro que reconoce a Jesucristo como Dios y con el poder de hacer todas estas cosas. De igual manera podemos ver que no existe una manera especial de petición.
Es una declaración y reconocimiento del poder de Jesucristo. Básicamente lo que está diciendo es: Jesucristo, si quieres puedes recuperarme la salud, curarme de esta enfermedad. Este es un acto profundo de fe.
Es también importante que notemos que al no hacer una petición formal, está esencialmente confiando completamente en Dios. Dios sabe lo que es mejor para nosotros, por lo que al momento de hacer nuestras peticiones debemos reconocer esto, tal y como nos lo demostró Jesucristo en la oración del Huerto de los olivos. “Señor si es posible, que pase este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Está claro que no tenemos ni las más mínima idea de lo que es mejor para nosotros, por lo que debemos siempre pedir como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, y como vemos que lo hace el leproso. Sin mucha insistencia sobre nuestros propios deseos y voluntad, sino con total resignación a la voluntad de Dios.
Jesucristo escucha y reconoce la petición del leproso cuando le dice. “Quiero” agregando “queda limpio” lo que nos demuestra que, lo que Dios desea se hace realidad. Todo lo que se necesita es que Dios lo quiera para que así se realice. Para que no exista duda, al mismo tiempo, Jesucristo extiende su mano y toca al leproso.
Jesucristo hizo lo que estaba prohibido, tocar a un leproso. Esta ley fue establecida para evitar la propagación de tal enfermedad. Evidentemente, lo que toca Dios no surte el miso efecto que lo que toca el hombre. En lugar de que la enfermedad contamine lo limpio con que ha tenido contacto, vemos completamente suceder lo opuesto. Lo limpio limpia lo contaminado. Para lo limpio todo está limpio. Por lo que podemos entender la razón por la que, Jesucristo hace a un lado muchas reglas del Antiguo Testamento relativas a la limpieza e impurezas. Las otras naciones de gentiles, son todas limpias en Jesucristo. Vemos que todos los alimentos están limpios y aceptables para nuestro consumo, ya en el Nuevo Testamento. Parece que muchas naciones han ya perdido la dirección de este punto.
Todo lo que Dios ha hecho y nos ha dado, es bueno. Es el mal uso que hacemos de estas cosas que las convierte en malas. No estamos contaminados tanto por las cosas a nuestro alrededor, la contaminación viene de nosotros mismos. No es lo que entra en el hombre que lo contamina sino la maldad que sale del corazón de este.
El inocente y humilde no ve la maldad mientras que el corrupto y profano ampliamente lo ve manifiesto. El que se encuentra limpio se aísla de la contaminación al no haber maldad en su corazón. Todo lo que recibe lo ve como algo bueno, aún lo malo es convertido en algo bueno para ellos. Para el profano, toda la putrefacción la multiplica y la hace suya, para extenderla en toda la maldad a su alrededor. De esta manera la maldad crece en el mundo y en el corazón del hombre.
El inocente y limpio, recibe y da sólo lo que es bueno, incrementando la bondad a su alrededor y en su interior.
El Centurión hace una profesión de fe muy similar.
“tan sólo di una palabra y quedará curado mi criado”
Todo que se requiere es que Jesucristo así lo desee para que se convierta en realidad. Este segundo milagro refuerza la lección dada en el primero. Jesucristo no pide por nosotros, ni aplica un remedio natural; Jesucristo es Dios por lo tanto, todo lo que tiene que hace es querer para que así sea hecho.
Cuando Dios habla toda la creación escucha y obedece en consecuencia.
No existe ninguna otra virtud más importante, que no debemos olvidar, cuando escuchamos al Centurión decir: “Señor no soy digno de que Tú entres en mi casa” el verdadero y humilde reconocimiento de nuestra propia miseria ante Dios, es lo que le place.
En el reconocimiento de esta situación de no merecer nada, nos ponemos en las manos de Dios para que se haga Su voluntad. Es verdad que somos pecadores y por lo tanto no merecemos las gracias que Dios nos manda, por lo que en todas las Misas, la Iglesia, nos recuerda estas mismas palabras y sentimientos. “no soy digno”. En este estado de verdadera humildad esperamos, al igual que el leproso y el Centurión, la salud y curación, de nuestros sufrimientos.
Aprendamos antes que todo lo demás, a adorar a Jesucristo como Dios para después con humildad presentar nuestras necesidades, con paciencia y resignación a SU santa voluntad, confiando y creyendo que todo lo que sucede, sucede por el beneficio de quienes aman a Dios.
Así sea.
Saturday, January 15, 2011
SAN BERARDO Y COMPAÑEROS
MARTIRES
16 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
Estos primeros mártires de la Orden de San Francisco, ocupan un lugar muy especial en el corazón de todos los Franciscanos. San Francisco mandó a Berardo, Pedro y Otto (sacerdotes) en unión de Adjutus y Accursius (hermanos legos) a predicar el evangelio a los musulmanes en Moroco. Llenos del Espíritu de Dios fueron de misión de la misma forma en que lo hicieron los apóstoles: sin dinero ni comida.
Su fe y su valentía por predicar el evangelio de Jesucristo a los infieles les mereció grandes coronas de la gloria del martirio. “bajo las ordenes del Rey Moro, estos héroes de Cristo fueron golpeados con bastones hasta que fueron expuestas sus entrañas. Después fueron arrastrados sobre pedazos de vidrio y las tapas de vasijas quebradas, se les agrego además vinagre y aceite hirviendo sobre sus heridas. En medio de esta terrible tortura, los mártires cantaban alabanzas a Dios. Cuando el Rey les propone con gran desdén que renuncien a su fe y vivan como ellos, nuestros santos mártires respondieron: ¿crees que los placeres que ofreces van a engañarnos? Quédate con ellos que te han de llevar al infierno, en el cual hasta este momento tus falsos profetas están ardiendo y está preparado para ti y toda tu corte”
El rey Musulmán, Miramolín, enfurecido por estas palabras tomó su sable y les cortó la cabeza a estos valientes discípulos de Jesucristo. Después de su muerte, los infieles arrastraron sus cuerpos por la ciudad y los hicieron pedazos. Estos primeros mártires fueron ofrecidos a Dios el 16 de enero del año 1220.
Cuando san Francisco se enteró de este gran triunfo de sus valientes hijos, exclamó, lleno de alegría,
“¡ahora puedo decir que realmente tengo 5 verdaderos Frailes Menores!”.
Sus restos de sus cuerpos fueron regresados a Coímbra, en Portugal; fue en esta ocasión en la que San Antonio de Padua ingresa a la Orden Franciscana. Sixto IV instituyó la festividad de estos mártires”
En el evangelio de hoy, Jesucristo nuestro Señor advierte a quienes desean ser sus discípulos. Nos dice que Él los envía como ovejas en medio de lobos. Verdaderamente, los mártires franciscanos que honramos el día de hoy fueron enviados como ovejas en medio de los lobos.
Fueron verdaderamente sabios con la sabiduría de la fe, más con la inocencia de una paloma. Hablaron con la verdad, simple honesta y con valentía. Aceptando de la misma manera las consecuencias que esto traía consigo por su fe que portaron en el nombre de Cristo.
No necesitaron preparar o trazar grandes argumentos en contra de los infieles.
Porque Cristo les había prometido que: “… sabrán, en el momento apropiado, lo que han de decir en ese momento, porque no son ustedes los que hablan sino el Espíritu de vuestro Padre, quien habla” verdaderamente es la voz de Dios que habló a través de estos santos mártires Franciscanos, anunciando al rey y a todos los que siguen a los falsos profetas que son guiados al infierno donde aún, sus anteriores falsos profetas, arden en el fuego por muchísimo tiempo.
Frecuentemente nos preocupamos y entretenemos en pensar, que es lo que debemos hacer o decir y gradualmente poco a poco nos excusamos de hacer cualquier cosa ya que no sabemos qué cómo actuar. Debemos ser movidos por la fe. Con la fe simple y honesta y, la fortaleza de nuestras convicciones, debemos avanzar valientemente. No debemos temer ningún poder mundano. Debemos estar llenos del amor y confianza en Dios. Se nos dirá que hacer y decir en ese momento.
Con verdadero amor por Dios sabemos y creemos que Dios es la verdad y lo correcto y debemos estar listos a morir por El. ¿Podremos decir que creemos verdaderamente en El, si no estamos dispuestos a sufrir por Dios?
Pidamos a estos “cinco verdaderos Franciscanos” y valientes soldados de Jesucristo que intercedan por nosotros para que también nosotros obtengamos el amor profundo por Dios y total confianza en El. No dudemos o actuemos con temor cobarde cuando se trata defender a Jesucristo, la Iglesia y la verdadera Fe. No dudemos en denunciar a quienes se oponen a Jesucristo, Su Iglesia y la fe verdadera.
No es con odio o maldad que podremos hacer estas cosas, sino más bien por el contrario con amor por Dios y la salvación de nuestra alma. Nuestros mártires que honramos el día de hoy fueron a predicar a los infieles con un gran amor por Dios y amor por estos mismos infieles. Es el verdadero amor que los mueve a decir y hacer lo que hicieron. Les predicaron sobre Jesucristo porque desearon salvar el alma de estos infieles.
Este gran amor y servicio por Dios no fue sin fruto alguno. Vemos los resultados de esta acción tan valiente y llena de fe con la inspiración que movió a san Antonio de Padua. Con esto en mente no tengamos ningún temor de estar perdiendo el tiempo, energía o nuestra vida al estar al servicio y gloria de Dios. Aún si no vivimos lo suficiente para ver el fruto de nuestro sacrificio, en este mundo, porque sin duda alguna, lo veremos y recibiremos en la eternidad.
Así sea.
16 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
Estos primeros mártires de la Orden de San Francisco, ocupan un lugar muy especial en el corazón de todos los Franciscanos. San Francisco mandó a Berardo, Pedro y Otto (sacerdotes) en unión de Adjutus y Accursius (hermanos legos) a predicar el evangelio a los musulmanes en Moroco. Llenos del Espíritu de Dios fueron de misión de la misma forma en que lo hicieron los apóstoles: sin dinero ni comida.
Su fe y su valentía por predicar el evangelio de Jesucristo a los infieles les mereció grandes coronas de la gloria del martirio. “bajo las ordenes del Rey Moro, estos héroes de Cristo fueron golpeados con bastones hasta que fueron expuestas sus entrañas. Después fueron arrastrados sobre pedazos de vidrio y las tapas de vasijas quebradas, se les agrego además vinagre y aceite hirviendo sobre sus heridas. En medio de esta terrible tortura, los mártires cantaban alabanzas a Dios. Cuando el Rey les propone con gran desdén que renuncien a su fe y vivan como ellos, nuestros santos mártires respondieron: ¿crees que los placeres que ofreces van a engañarnos? Quédate con ellos que te han de llevar al infierno, en el cual hasta este momento tus falsos profetas están ardiendo y está preparado para ti y toda tu corte”
El rey Musulmán, Miramolín, enfurecido por estas palabras tomó su sable y les cortó la cabeza a estos valientes discípulos de Jesucristo. Después de su muerte, los infieles arrastraron sus cuerpos por la ciudad y los hicieron pedazos. Estos primeros mártires fueron ofrecidos a Dios el 16 de enero del año 1220.
Cuando san Francisco se enteró de este gran triunfo de sus valientes hijos, exclamó, lleno de alegría,
“¡ahora puedo decir que realmente tengo 5 verdaderos Frailes Menores!”.
Sus restos de sus cuerpos fueron regresados a Coímbra, en Portugal; fue en esta ocasión en la que San Antonio de Padua ingresa a la Orden Franciscana. Sixto IV instituyó la festividad de estos mártires”
En el evangelio de hoy, Jesucristo nuestro Señor advierte a quienes desean ser sus discípulos. Nos dice que Él los envía como ovejas en medio de lobos. Verdaderamente, los mártires franciscanos que honramos el día de hoy fueron enviados como ovejas en medio de los lobos.
Fueron verdaderamente sabios con la sabiduría de la fe, más con la inocencia de una paloma. Hablaron con la verdad, simple honesta y con valentía. Aceptando de la misma manera las consecuencias que esto traía consigo por su fe que portaron en el nombre de Cristo.
No necesitaron preparar o trazar grandes argumentos en contra de los infieles.
Porque Cristo les había prometido que: “… sabrán, en el momento apropiado, lo que han de decir en ese momento, porque no son ustedes los que hablan sino el Espíritu de vuestro Padre, quien habla” verdaderamente es la voz de Dios que habló a través de estos santos mártires Franciscanos, anunciando al rey y a todos los que siguen a los falsos profetas que son guiados al infierno donde aún, sus anteriores falsos profetas, arden en el fuego por muchísimo tiempo.
Frecuentemente nos preocupamos y entretenemos en pensar, que es lo que debemos hacer o decir y gradualmente poco a poco nos excusamos de hacer cualquier cosa ya que no sabemos qué cómo actuar. Debemos ser movidos por la fe. Con la fe simple y honesta y, la fortaleza de nuestras convicciones, debemos avanzar valientemente. No debemos temer ningún poder mundano. Debemos estar llenos del amor y confianza en Dios. Se nos dirá que hacer y decir en ese momento.
Con verdadero amor por Dios sabemos y creemos que Dios es la verdad y lo correcto y debemos estar listos a morir por El. ¿Podremos decir que creemos verdaderamente en El, si no estamos dispuestos a sufrir por Dios?
Pidamos a estos “cinco verdaderos Franciscanos” y valientes soldados de Jesucristo que intercedan por nosotros para que también nosotros obtengamos el amor profundo por Dios y total confianza en El. No dudemos o actuemos con temor cobarde cuando se trata defender a Jesucristo, la Iglesia y la verdadera Fe. No dudemos en denunciar a quienes se oponen a Jesucristo, Su Iglesia y la fe verdadera.
No es con odio o maldad que podremos hacer estas cosas, sino más bien por el contrario con amor por Dios y la salvación de nuestra alma. Nuestros mártires que honramos el día de hoy fueron a predicar a los infieles con un gran amor por Dios y amor por estos mismos infieles. Es el verdadero amor que los mueve a decir y hacer lo que hicieron. Les predicaron sobre Jesucristo porque desearon salvar el alma de estos infieles.
Este gran amor y servicio por Dios no fue sin fruto alguno. Vemos los resultados de esta acción tan valiente y llena de fe con la inspiración que movió a san Antonio de Padua. Con esto en mente no tengamos ningún temor de estar perdiendo el tiempo, energía o nuestra vida al estar al servicio y gloria de Dios. Aún si no vivimos lo suficiente para ver el fruto de nuestro sacrificio, en este mundo, porque sin duda alguna, lo veremos y recibiremos en la eternidad.
Así sea.
Saturday, January 8, 2011
LA SAGRADA FAMILIA
7 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
La familia es el centro de toda sociedad. Es la base sobre la que todo lo demás descansa. Razón por la cual, todas las fuerzas del mal en nuestra sociedad, se han desatado con determinación en destruir a la familia a como dé lugar.
Todo seguidor verdadero de Jesucristo Nuestro Señor, se encuentra en esta lucha, consciente o inconscientemente. Es una batalla ante todo por su alma y la unidad de su familia.
Si queremos tener éxito en esta lucha, es necesario que hagamos oración, estudiemos esta situación y luchemos valientemente esta batalla. Para ayudarnos la Iglesia nuestra Madre, nos presenta el día de hoy la festividad donde debemos dar honor a la Sagrada Familia. Existe mucho que imitar y considerar al respecto.
La gloria y dignidad de María Santísima es un buen lugar donde empezar. Jesucristo es Dios y todos los ángeles del Cielo le dan honor, gloria y adoración. María santísima tiene el gran honor de llamarlo Su Hijo.
¿“Hijo por qué has hecho eso, con nosotros”?
San Bernardo dice:
¿“Quién estaba sujeto a quien? Un Dios al hombre. Dios, repito, a quien los ángeles están sujetos: a quien obedecen los poderes y principados: estaba sujeto a María; y no sólo a Ella, sino también a José, por María. Admiró y reverencio a ambos, y escogió a quien tú admiras más: La más dulce condescendencia del Hijo o la más sublime dignidad de la Madre. Por cualquiera de las dos, estoy sin palabras: ambos son maravillosos. Obedecer Dios a una mujer es humildad sin comparación; y que esta mujer haya tenido que regir sobre Dios, es dignidad sin igual.”
“y fue con ellos a Nazaret y se encontraba sujeto a ellos”.
Esto es uno de los puntos más importantes a considerar. Dios mismo se ha humillado a Sí mismo para obedecer a María y a José. Este es el más perfecto ejemplo de humildad. Todos estamos sujetos a algún tipo de autoridad puesta por Dios, sobre nosotros. De esta manera nos muestra que la humildad y la obediencia son muy preciados por El. Si es nuestro deseo complacer a Dios, es tan simple como obedecer de manera pronta y con humildad a quienes ha puesto sobre nosotros. Es la voluntad de Dios que seamos humildes y obedientes. En esta obediencia honramos no sólo a quienes obedecemos sino mucho más, honramos a Dios. En nuestra obediencia a quienes Dios ha puesto sobre nosotros, estamos en esencia obedeciendo a Dios, porque Él es quien los ha puesto sobre nosotros. Sin importar la sabiduría o su falta de esta, que estos individuos tengan, o su merecimiento o falta de este, debemos verdaderamente honrarlos y obedecerlos porque fueron puestos por Dios.
A todos los que se les ha dado la carga de la autoridad deben buscar y aprender de María Santísima y San José. Deben ser humildes de igual forma, y en verdadera humildad no deben fallar en mandar el respeto, honor y dignidad que Dios les ha dado en tal posición. No deben dejarse influenciar por una falsa humildad o por la maldad y la sociedad que desea expulsa su honor, dignidad y obligaciones. Puede que sean estos, verdaderamente los menos merecedores de tal autoridad, insignificantes desde muchas perspectivas, pero lo más importante es que Dios los ha puesto en ese lugar. San José es obviamente el menos merecedor, aunque es un hombre justo, más sin embargo, a él se le ha dado la máxima autoridad en esta familia como padre de crianza de Jesús y esposo de María. Tanto María y Jesús se sujetaban, honraban y obedecían a San José. Al más insignificante se le ha dado la máxima autoridad, honor y gloria; y el más grande ha tomado la posición más humilde de la sumisión y humildad de un Niño obediente.
Somos indignos de tal autoridad, sin embargo debemos ejercerla por honor y gloria de Dios, constantemente recordándonos que no es como a personas que nuestros sujetos deben obedecer, sino a Dios quien es el que ha decidido que nosotros lo representemos.
Cuando nos encontremos al otro lado de esta autoridad, debemos recordar siempre que es a Dios a quien honramos y obedecemos más que a la persona que se nos da como Su representante.
Consideremos profundamente a la Sagrada Familia y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para imitar sus virtudes y la gracia que nos muestran para que tengamos éxito en defender nuestra familia en contra de los asaltos del demonio en contra nuestra.
Que así sea.
Queridos Hermanos:
La familia es el centro de toda sociedad. Es la base sobre la que todo lo demás descansa. Razón por la cual, todas las fuerzas del mal en nuestra sociedad, se han desatado con determinación en destruir a la familia a como dé lugar.
Todo seguidor verdadero de Jesucristo Nuestro Señor, se encuentra en esta lucha, consciente o inconscientemente. Es una batalla ante todo por su alma y la unidad de su familia.
Si queremos tener éxito en esta lucha, es necesario que hagamos oración, estudiemos esta situación y luchemos valientemente esta batalla. Para ayudarnos la Iglesia nuestra Madre, nos presenta el día de hoy la festividad donde debemos dar honor a la Sagrada Familia. Existe mucho que imitar y considerar al respecto.
La gloria y dignidad de María Santísima es un buen lugar donde empezar. Jesucristo es Dios y todos los ángeles del Cielo le dan honor, gloria y adoración. María santísima tiene el gran honor de llamarlo Su Hijo.
¿“Hijo por qué has hecho eso, con nosotros”?
San Bernardo dice:
¿“Quién estaba sujeto a quien? Un Dios al hombre. Dios, repito, a quien los ángeles están sujetos: a quien obedecen los poderes y principados: estaba sujeto a María; y no sólo a Ella, sino también a José, por María. Admiró y reverencio a ambos, y escogió a quien tú admiras más: La más dulce condescendencia del Hijo o la más sublime dignidad de la Madre. Por cualquiera de las dos, estoy sin palabras: ambos son maravillosos. Obedecer Dios a una mujer es humildad sin comparación; y que esta mujer haya tenido que regir sobre Dios, es dignidad sin igual.”
“y fue con ellos a Nazaret y se encontraba sujeto a ellos”.
Esto es uno de los puntos más importantes a considerar. Dios mismo se ha humillado a Sí mismo para obedecer a María y a José. Este es el más perfecto ejemplo de humildad. Todos estamos sujetos a algún tipo de autoridad puesta por Dios, sobre nosotros. De esta manera nos muestra que la humildad y la obediencia son muy preciados por El. Si es nuestro deseo complacer a Dios, es tan simple como obedecer de manera pronta y con humildad a quienes ha puesto sobre nosotros. Es la voluntad de Dios que seamos humildes y obedientes. En esta obediencia honramos no sólo a quienes obedecemos sino mucho más, honramos a Dios. En nuestra obediencia a quienes Dios ha puesto sobre nosotros, estamos en esencia obedeciendo a Dios, porque Él es quien los ha puesto sobre nosotros. Sin importar la sabiduría o su falta de esta, que estos individuos tengan, o su merecimiento o falta de este, debemos verdaderamente honrarlos y obedecerlos porque fueron puestos por Dios.
A todos los que se les ha dado la carga de la autoridad deben buscar y aprender de María Santísima y San José. Deben ser humildes de igual forma, y en verdadera humildad no deben fallar en mandar el respeto, honor y dignidad que Dios les ha dado en tal posición. No deben dejarse influenciar por una falsa humildad o por la maldad y la sociedad que desea expulsa su honor, dignidad y obligaciones. Puede que sean estos, verdaderamente los menos merecedores de tal autoridad, insignificantes desde muchas perspectivas, pero lo más importante es que Dios los ha puesto en ese lugar. San José es obviamente el menos merecedor, aunque es un hombre justo, más sin embargo, a él se le ha dado la máxima autoridad en esta familia como padre de crianza de Jesús y esposo de María. Tanto María y Jesús se sujetaban, honraban y obedecían a San José. Al más insignificante se le ha dado la máxima autoridad, honor y gloria; y el más grande ha tomado la posición más humilde de la sumisión y humildad de un Niño obediente.
Somos indignos de tal autoridad, sin embargo debemos ejercerla por honor y gloria de Dios, constantemente recordándonos que no es como a personas que nuestros sujetos deben obedecer, sino a Dios quien es el que ha decidido que nosotros lo representemos.
Cuando nos encontremos al otro lado de esta autoridad, debemos recordar siempre que es a Dios a quien honramos y obedecemos más que a la persona que se nos da como Su representante.
Consideremos profundamente a la Sagrada Familia y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para imitar sus virtudes y la gracia que nos muestran para que tengamos éxito en defender nuestra familia en contra de los asaltos del demonio en contra nuestra.
Que así sea.
Saturday, January 1, 2011
SANTISIMO NOMBRE DE JESUS
2 DE ENERO DE 2011
Queridos Hermanos:
No existe salvación fuera de este nombre.
Los constructores de las religiones modernas y el mundo moderno han rechazado este nombre, y de la misma manera san Pedro dice a los gobernantes: “Esta es la piedra que ha sido rechazada por ustedes, constructores, que se ha convertido en la base”
Jesucristo es la base y fundamento sobre la que se construye y fundamenta la Iglesia y nuestra fe. Toda nuestra existencia debe estar basada en este Nombre que esta sobre todo nombre.
Con frecuencia es ignorado el nombre de Jesús y rechazado –rechazado mientras que el mundo trata de construir una sociedad “mejor”. De ésta manera, constantemente estamos construyendo sobre arena, consecuentemente estamos frecuentemente levantando y construyendo, porque todo se corroe y destruye, estamos construyendo una y otra vez pero en vano.
Nos hemos convertido en muy buenos y eficientes constructores de edificios y estructuras físicas pero hemos aprendido muy poco sobre cómo construir edificios espirituales.
No puede existir paz sin Jesucristo, el ministro de esta paz en el mundo es Su Iglesia. Cualquier iglesia que predique la paz bajo cualquier otro título no es iglesia verdadera. Nos engañamos al creer que el poder del gobierno o del ejército pueda traernos paz.
Mientras que Jesús sea rechazado de nuestras vidas y por los administradores de los gobiernos, nunca tendremos paz. Las Naciones Unidas nunca podrán lograr algún avance positivo en este mundo, hasta que reconozcan a Jesucristo como Rey y busquen dirección de acuerdo a Sus principios dados por Dios. Lo mismo aplica para cada nación, estado, ciudad, familia y persona.
Debemos reconocer a Jesús en nuestra vida y mantener sagrado Su santo nombre sobre todo lo demás. Jamás debemos usar Su santo nombre en vano, o permanecer cobardemente callados si algún otro lo hace. Debemos instalar este amor de Jesús y Su santo nombre en todos los que amamos. Debemos instalar de manera firme y permanente en el fundamento de todo lo que hacemos. Debemos establecer este nombre como estándar de toda ley, regla y procedimiento que ha sido creado, ejecutado y vivido.
¿Qué significa establecer el Santo Nombre de Jesús como base de nuestra existencia?
San Pablo nos dice que debemos hacer todo lo que hacemos en Jesucristo. No es tan importante que es lo que hacemos sino que lo hacemos por y en el amor de Dios.
San Juan Crisóstomo dice:
“¿Comes? Dale gracias a Dios por lo que comes y después de comer. ¿Duermes? Dale gracias a Dios antes y después. ¿Sales fuera de tu casa con las demás personas? Has lo mismo. No cosas mundanas. Has todo lo que hace en el nombre del Señor y todo lo que hagas te traerá paz. En cualquier lugar en el que el Santo Nombre de Jesús se establece, todo tiende a prosperar. Si tiene el poder de expulsar los demonios, si puede sanar las enfermedades, mucho más podrá hacer para ayudarte en todas tus acciones”.
“invoca al Hijo, da gracias al Padre. Porque al invocar al Hijo, invocamos al Padre, dando gracias al Padre, de igual manera damos gracias al Hijo. Aprendamos estas cosas, pero sin restringirnos a meras palabras, sino que cumpliendo haciendo lo que decimos. Nada es mayor a este Nombre, que obra maravillas en todo lugar.”
“Si cantas este himno con alegría y jubilo, expulsaras los demonios y las enfermedades, y si no expulsas las enfermedades, esto sucede, no por falta de poder, sino porque no es adecuado aún para ti”
Todo empieza con cada uno de nosotros. Debemos detener el esperar que el mundo, la sociedad y el gobierno nos digan cómo debemos vivir, que pensar y que creer. Es tiempo de regresar a la ley de Jesús. Debemos sujetarnos a Su vida como nuestro estándar. Después de todo es sobre esta forma en que seremos juzgados después de dejar este mundo. Para poder medir este estándar de vida debemos santificar todo lo que hacemos en Su Santo Nombre. Debemos construir tanto nuestra vida espiritual como material bajo la base y fundamento de Jesucristo Nuestro Señor. El es la base de nuestra vida que no debemos rechazar por ninguna razón. Acudamos a Él en todo momento, situación y circunstancia sin fallar jamás.
Mientras nos signamos con la Señal de la Cruz antes de empezar y al terminar todo lo que hacemos en nuestros días de existencia, rubricamos la base y protección de cada actividad. El mundo debe ver a los católicos frecuentemente persignarse, no como superstición, sino con verdadera fe pidiendo a Jesucristo formar parte de todo lo que hacemos.
Así sea.
Queridos Hermanos:
No existe salvación fuera de este nombre.
Los constructores de las religiones modernas y el mundo moderno han rechazado este nombre, y de la misma manera san Pedro dice a los gobernantes: “Esta es la piedra que ha sido rechazada por ustedes, constructores, que se ha convertido en la base”
Jesucristo es la base y fundamento sobre la que se construye y fundamenta la Iglesia y nuestra fe. Toda nuestra existencia debe estar basada en este Nombre que esta sobre todo nombre.
Con frecuencia es ignorado el nombre de Jesús y rechazado –rechazado mientras que el mundo trata de construir una sociedad “mejor”. De ésta manera, constantemente estamos construyendo sobre arena, consecuentemente estamos frecuentemente levantando y construyendo, porque todo se corroe y destruye, estamos construyendo una y otra vez pero en vano.
Nos hemos convertido en muy buenos y eficientes constructores de edificios y estructuras físicas pero hemos aprendido muy poco sobre cómo construir edificios espirituales.
No puede existir paz sin Jesucristo, el ministro de esta paz en el mundo es Su Iglesia. Cualquier iglesia que predique la paz bajo cualquier otro título no es iglesia verdadera. Nos engañamos al creer que el poder del gobierno o del ejército pueda traernos paz.
Mientras que Jesús sea rechazado de nuestras vidas y por los administradores de los gobiernos, nunca tendremos paz. Las Naciones Unidas nunca podrán lograr algún avance positivo en este mundo, hasta que reconozcan a Jesucristo como Rey y busquen dirección de acuerdo a Sus principios dados por Dios. Lo mismo aplica para cada nación, estado, ciudad, familia y persona.
Debemos reconocer a Jesús en nuestra vida y mantener sagrado Su santo nombre sobre todo lo demás. Jamás debemos usar Su santo nombre en vano, o permanecer cobardemente callados si algún otro lo hace. Debemos instalar este amor de Jesús y Su santo nombre en todos los que amamos. Debemos instalar de manera firme y permanente en el fundamento de todo lo que hacemos. Debemos establecer este nombre como estándar de toda ley, regla y procedimiento que ha sido creado, ejecutado y vivido.
¿Qué significa establecer el Santo Nombre de Jesús como base de nuestra existencia?
San Pablo nos dice que debemos hacer todo lo que hacemos en Jesucristo. No es tan importante que es lo que hacemos sino que lo hacemos por y en el amor de Dios.
San Juan Crisóstomo dice:
“¿Comes? Dale gracias a Dios por lo que comes y después de comer. ¿Duermes? Dale gracias a Dios antes y después. ¿Sales fuera de tu casa con las demás personas? Has lo mismo. No cosas mundanas. Has todo lo que hace en el nombre del Señor y todo lo que hagas te traerá paz. En cualquier lugar en el que el Santo Nombre de Jesús se establece, todo tiende a prosperar. Si tiene el poder de expulsar los demonios, si puede sanar las enfermedades, mucho más podrá hacer para ayudarte en todas tus acciones”.
“invoca al Hijo, da gracias al Padre. Porque al invocar al Hijo, invocamos al Padre, dando gracias al Padre, de igual manera damos gracias al Hijo. Aprendamos estas cosas, pero sin restringirnos a meras palabras, sino que cumpliendo haciendo lo que decimos. Nada es mayor a este Nombre, que obra maravillas en todo lugar.”
“Si cantas este himno con alegría y jubilo, expulsaras los demonios y las enfermedades, y si no expulsas las enfermedades, esto sucede, no por falta de poder, sino porque no es adecuado aún para ti”
Todo empieza con cada uno de nosotros. Debemos detener el esperar que el mundo, la sociedad y el gobierno nos digan cómo debemos vivir, que pensar y que creer. Es tiempo de regresar a la ley de Jesús. Debemos sujetarnos a Su vida como nuestro estándar. Después de todo es sobre esta forma en que seremos juzgados después de dejar este mundo. Para poder medir este estándar de vida debemos santificar todo lo que hacemos en Su Santo Nombre. Debemos construir tanto nuestra vida espiritual como material bajo la base y fundamento de Jesucristo Nuestro Señor. El es la base de nuestra vida que no debemos rechazar por ninguna razón. Acudamos a Él en todo momento, situación y circunstancia sin fallar jamás.
Mientras nos signamos con la Señal de la Cruz antes de empezar y al terminar todo lo que hacemos en nuestros días de existencia, rubricamos la base y protección de cada actividad. El mundo debe ver a los católicos frecuentemente persignarse, no como superstición, sino con verdadera fe pidiendo a Jesucristo formar parte de todo lo que hacemos.
Así sea.
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