16 DE JUNIO DE 2013
Queridos Hermanos:
Nuestro señor mientras estuvo en este mundo sanó el cuerpo de muchas personas con sólo tocarlos y en ocasiones con su mera presencia. La gente buscó en Él la salud corporal y en esta ansiedad por las ventajas de sus cuerpos, se perdieron de un don mucho mayor, la salud de su alma.
Con frecuencia nos comportamos de la misma manera. Nos acercamos a Dios sólo por bienes o bendiciones materiales. Pedimos por salud, larga vida, paz. Comodidades etc. Al hacer esto nos perdemos de muchas gracias. Aunque estos bienes corporales no son malos, no son sin embargo las mayores bendiciones que podemos recibir.
Para que pudiera nuestro Señor sanar las almas de la gente, fue necesario subir a la barca y dejar a la gente en la playa. Necesitó separarse físicamente de la gente para que recibieran salud espiritual.
Lo mismo sucede con nosotros. Con frecuencia Dios debe alejar de nosotros muchas bendiciones físicas que generosamente nos ha dado, para que logremos elevar nuestro corazón, fuera de este mundo para poder ver los dones espirituales.
Encontramos en el mundo de hoy a muchos que se dicen católicos que sólo buscan los bienes materiales. Cuando los modernistas tomaron posesión de la casa de Dios, muchos desearon recuperar las estatuas, el altar, los hermosos himnos, la solemnidad, el latín y muchas otras cosas materiales o todo aquello que fue eliminado.
Quienes se autodenominan “tradicionalistas” buscaron (y aun buscan) sólo estos bienes materiales. Cayeron en el error materialista, buscando sólo la Misa en Latín, sin considerar la verdad ni el orden. Muchos se robaron la frase de “lo que importa es la Misa”, como si las manifestaciones externas fuera todo lo que importa.
La frase que dice “que la regla de la forma en que se ora es la regla en que se cree”, es verdad y estas cosas materiales son muy importantes, mas la indiferencia a los aspectos espirituales de la doctrina y la disciplina fue un error mortal.
Los “tradicionalistas” buscan simbolismos más que verdadero orden. No encontraron ningún problema en atacarse entre ellos mismos, o a cualquier otro hereje y cismáticos, lo que les importaba es que estos o aquellos dijeran la Misa en Latín.
Los hubo incluso quienes se presentaron como sacerdotes, sin serlo, al ser invalida su ordenación. Los tradicionalistas encontraron los símbolos y señales externas (los bienes materiales) que estaban buscando pero en su deseo y entusiasmo obstruyeron y se limitaron a recibir algún otro bien material y gracia para su alma. Encontraron hermosas estatuas, iglesias, altares, música sacra en latín, procesiones, ceremonias etc. Y puesto que esto es todo lo que andaban buscando, eso fue todo lo que encontraron. Tienen todo, más no la gracia.
Dios ha retirado de estas sectas, en un intento por despertarlos y hacerlos que eleven su corazón a n bien mucho mayor, los dones espirituales. Trágicamente, la mayoría parece contenta con sólo los bienes materiales de la iglesia, sin necesidad de lo espiritual.
Aún encontramos parte de estos bienes materiales como restos de la fe en las iglesias modernistas. No hay duda que poseen altares, estatuas música hermosa etc. Muchas de estas son inspiradoras. Más no lo que no tienen es la Gracia. Dios los ha abandonado y se encuentra ahora, en la barca buscando captar su atención a cosas mejores, mas no lo pueden escuchar al estar entretenidos sólo en los bienes de este mundo.
San Francisco, imitando a Cristo, se hizo indiferente a las cosas mundanas para casarse con la pobreza y la simplicidad. Al costo de los bienes materiales, buscó mejores y mayores bienes espirituales, para el alma. Hoy día, en la verdadera Iglesia y los verdaderos seguidores de san Francisco, buscamos con humildad esta sencillez de corazón. No es un menosprecio a los símbolos de la fe, pero si es mucho mejor, buscar lo espiritual para que nos guie.
Esto es lo que hace que muchos desprecien y rechacen la fe que les llevamos en el nombre de Cristo.
Cuando consideramos que en cada Misa Valida, la transubstanciación se realiza, y Dios se hace presente en Cuerpo y Alma, nos damos cuenta que, en ese preciso momento, el Cielo se acerca a este mundo y no hay ninguna otra cosa mejor o mayor donde vivir.
Las preciosas iglesias en el Vaticano o cualquier otro lugar, bajo la posesión de los modernista y aún las que están en posesión de los tradicionalistas, no se comparan para nada con esta parte del Cielo que recibimos.
Los humildes frailes en sus capillas y oratorios ofreciendo el Sacrificio de la Misa en toda verdad espiritual y verdadero orden, poseen mucho más que todos esos templos y todo el mundo combinado.
Procuremos buscar siempre a Jesucristo en la barca, dispuestos a dejar todas las cosas de este mundo para poder recibir los bienes del cielo y del alma.
¿Qué es, lo que los modernistas y tradicionalistas tienen en sus iglesias, obras de arte y ceremonias, cuando no tienen la gracia?
Es como lo dice Salomón:
¡Vanidad de vanidades y todo es vanidad!
Es el vacío. Lo que los tradicionalistas, tienen al seguir estas cosas materiales.
El arca de Pedro consiste en la verdad, verdadero orden y doctrina más no es la presencia física de sus ceremonias y templos. Debemos encaminarnos hacia las cosas espirituales. La Iglesia usa estos dones materiales pero no como fin, en sí mismos.
No cometamos en error de olvidarnos del alma y el verdadero orden de autoridad y doctrina, para buscar los símbolos materiales externos de la fe.
No rechacemos la verdad por ser presentada como humildad y modestia. La fe que salva no se encuentra en las iglesias majestuosas, sino en la humilde y sencilla porciúncula de nuestros días (pequeña fracción) de los Franciscanos.
Imitemos a Jesucristo al dar gracias a Dios por haber ocultado las Verdades Espirituales de los orgullosos y arrogantes de este mundo para revelarlos a los humildes.
ASÍ SEA
Saturday, June 15, 2013
Saturday, June 8, 2013
DOMINGO TERCERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
9 DE JUNIO DE 2013
QUERIDOS HERMANOS:
Nosotros, como seres humanos formamos un ciento o decimo de la creación racional de Dios. El noveno coro de ángeles en el cielo representa para nosotros las nueve monedas o las noventa y nueve ovejas. Sin el hombre, el rebaño de Dios está incompleto.
Cristo ha venido a regresarnos al lugar adecuado que Dios ha designado para nosotros. En este sentido Cristo es tanto el pastor como la mujer. Somos la oveja perdida y la moneda extraviada.
Jesucristo dejó a todos los ángeles seguros en el cielo para venir a rescatarnos. Al regresarnos a SU rebaño ni nos castiga ni regaña. El pastor no golpea a la oveja ni la arroya, sino más bien, la toma entre sus brazos y la coloca diligentemente sobre sus hombros. Hemos estado mucho tiempo alejados del rebaño y estamos agotados en nuestro delirio.
Hemos estado buscando la alegría y felicidad, hemos estado buscando nuestro hogar, pero en todos los lugares equivocadas.
Esto nos ha reducido a la lamentable condición de oveja perdida que es presa fácil de los lobos rapaces (demonios). Incapaces de encontrar la salida o regresar por nuestra propia fuerza, Jesucristo lo hace todo por nosotros.
Nos redime, pagando el precio de nuestros pecados, sobre la cruz. Nos nutre y da fuerza por la gracia de los Sacramentos. Lo único que debemos hacer es de manera paciente y voluntaria recibir las ministraciones de Jesucristo. Esto deberá hacer el número suficiente de hombres para llenar y completar el cielo.
Los que se salven completarán el diez o ciento, que se requiere para completar el número de habitantes del cielo para que este completo, perfecto.
Jesucristo de la misma manera se nos presenta como la mujer que busca la moneda extraviada. Nosotros. En la cual está impresa la imagen del Rey. Sobre nuestra alma esta la marca imborrable de Dios, puesta ahí al momento de nuestro bautizo. Ilumina la luz de la fe en toda la casa, para que podamos ser encontrados. Cuando la luz de la fe brilla sobre nosotros seremos capaces de discernir la imagen de Dios dentro de nosotros. A pesar de haberlo ofendido tanto, Su imagen permanece en nosotros.
Algunos de los Padres de la Iglesia representan para nosotros a Cristo como el Pastor, y la mujer como la Iglesia, Dios viene a este mundo a salvar lo que estaba perdido, la humanidad. La cual es encontrada y salvada, cuando el número de los elegidos se complete. La Iglesia brilla la gracia de Dios sobre las almas, limpia las conciencias y corazones exhibiendo los pecados y la maldad en nuestra alma. A través de esta luz y limpieza, la Iglesia nos encuentra y regresa a la unidad con los ángeles en el Cielo.
Mientras es verdad que todo depende la gracia de Dios y que no hay nada que logremos hacer nosotros por mérito propio para recibir estas maravillosas gracias, es de igual forma verdad que debemos cooperar con la gracia que ya se nos ha dado, para recibir gracias mayores.
Debemos permitir que el pastor no sólo nos encuentre, sino que debemos además permitirle que se acerque a nosotros y nos levante llevándonos en hombres con el resto de Su rebaño, al cielo.
En muchas ocasiones los pecadores no desean ser encontrados y acercados a Dios, mucho menos ser colocados sobre Sus hombros para ser llevados a una vida de santidad. Al acercarse Dios a su conciencia ellos corren para el sentido contrario rechazando la gracia de Dios.
Si consideramos la ministración de la Iglesia, exponiendo y elucidando las verdades de fe y con frecuencia exhibiendo los males de nuestra vida invitándonos al arrepentimiento y unión a Su Cuerpo Místico, con frecuencia los pecadores se rehúsan escucharla, incluso al grado de rechazarla.
Deciden rechazar la luz que ella resplandece convenciéndose muchas veces a sí mismos que esa luz es la oscuridad; y la oscuridad de su vida desordenada y perversa se engañan diciendo que es la luz. Al rechazar la luz y la verdad se rehúsan a ser encontrados y regresan con los demás y dejar de ser contados como los que completan la totalidad.
No es suficiente creer, ya nos lo dicen las Sagradas Escrituras, la fe sin obras está muerta. Cristo nos dice que si creemos en Él guardaremos Su Palabra, etc. Etc.
Debemos detenernos por un momento a descansar, para que logremos ver la verdad de lo que está pasando. El pecador debe hacer una pausa en sus pecados, para que deje de correr salvajemente en su pecado, en esta pausa, el Pastor podrá acercársele, y la luz de la Santa Madre Iglesia, brillar sobre nuestras vidas y pueda descubrir la desesperante situación que todo pecador se encuentre.
Además no debemos temer a que se acerque el Pastor, sino más bien darle la bienvenida, sabiendo que viene a ayudarnos y salvarnos. Los falsos placeres del pecado deben ahora ser odiados por habernos alejado tanto de Dios, para que nuestro amor por Él empiece a crecer.
La luz de la verdad que nuestra santa madre Iglesia resplandece sobre nosotros y nuestras vidas que no nos dejen ciegos y llenos de temor, sino más bien, debemos recibirla y buscarla para que nos ilumine cada momento y partícula de nuestra alma, para que toda mancha de maldad sea expuesta y humillada, arrepentida y confesada para que de esta manera sea arrancada de raíz, para que deje limpia nuestra morada.
Por último, debemos correr con gran fe, esperanza y caridad a los brazos de Cristo, para de igual forma regresar a una vida noble y santa dentro de la Iglesia, renovando la imagen de Dios sobre nuestra alma con los Sacramentos.
Al alcanzar este estado final por amor a Dios y la Iglesia seremos como Cristo, buscando a nuestro prójimo que ha caído y se ha extraviado, para regresarlo al amor de Dios y la Iglesia.
Así sea
QUERIDOS HERMANOS:
Nosotros, como seres humanos formamos un ciento o decimo de la creación racional de Dios. El noveno coro de ángeles en el cielo representa para nosotros las nueve monedas o las noventa y nueve ovejas. Sin el hombre, el rebaño de Dios está incompleto.
Cristo ha venido a regresarnos al lugar adecuado que Dios ha designado para nosotros. En este sentido Cristo es tanto el pastor como la mujer. Somos la oveja perdida y la moneda extraviada.
Jesucristo dejó a todos los ángeles seguros en el cielo para venir a rescatarnos. Al regresarnos a SU rebaño ni nos castiga ni regaña. El pastor no golpea a la oveja ni la arroya, sino más bien, la toma entre sus brazos y la coloca diligentemente sobre sus hombros. Hemos estado mucho tiempo alejados del rebaño y estamos agotados en nuestro delirio.
Hemos estado buscando la alegría y felicidad, hemos estado buscando nuestro hogar, pero en todos los lugares equivocadas.
Esto nos ha reducido a la lamentable condición de oveja perdida que es presa fácil de los lobos rapaces (demonios). Incapaces de encontrar la salida o regresar por nuestra propia fuerza, Jesucristo lo hace todo por nosotros.
Nos redime, pagando el precio de nuestros pecados, sobre la cruz. Nos nutre y da fuerza por la gracia de los Sacramentos. Lo único que debemos hacer es de manera paciente y voluntaria recibir las ministraciones de Jesucristo. Esto deberá hacer el número suficiente de hombres para llenar y completar el cielo.
Los que se salven completarán el diez o ciento, que se requiere para completar el número de habitantes del cielo para que este completo, perfecto.
Jesucristo de la misma manera se nos presenta como la mujer que busca la moneda extraviada. Nosotros. En la cual está impresa la imagen del Rey. Sobre nuestra alma esta la marca imborrable de Dios, puesta ahí al momento de nuestro bautizo. Ilumina la luz de la fe en toda la casa, para que podamos ser encontrados. Cuando la luz de la fe brilla sobre nosotros seremos capaces de discernir la imagen de Dios dentro de nosotros. A pesar de haberlo ofendido tanto, Su imagen permanece en nosotros.
Algunos de los Padres de la Iglesia representan para nosotros a Cristo como el Pastor, y la mujer como la Iglesia, Dios viene a este mundo a salvar lo que estaba perdido, la humanidad. La cual es encontrada y salvada, cuando el número de los elegidos se complete. La Iglesia brilla la gracia de Dios sobre las almas, limpia las conciencias y corazones exhibiendo los pecados y la maldad en nuestra alma. A través de esta luz y limpieza, la Iglesia nos encuentra y regresa a la unidad con los ángeles en el Cielo.
Mientras es verdad que todo depende la gracia de Dios y que no hay nada que logremos hacer nosotros por mérito propio para recibir estas maravillosas gracias, es de igual forma verdad que debemos cooperar con la gracia que ya se nos ha dado, para recibir gracias mayores.
Debemos permitir que el pastor no sólo nos encuentre, sino que debemos además permitirle que se acerque a nosotros y nos levante llevándonos en hombres con el resto de Su rebaño, al cielo.
En muchas ocasiones los pecadores no desean ser encontrados y acercados a Dios, mucho menos ser colocados sobre Sus hombros para ser llevados a una vida de santidad. Al acercarse Dios a su conciencia ellos corren para el sentido contrario rechazando la gracia de Dios.
Si consideramos la ministración de la Iglesia, exponiendo y elucidando las verdades de fe y con frecuencia exhibiendo los males de nuestra vida invitándonos al arrepentimiento y unión a Su Cuerpo Místico, con frecuencia los pecadores se rehúsan escucharla, incluso al grado de rechazarla.
Deciden rechazar la luz que ella resplandece convenciéndose muchas veces a sí mismos que esa luz es la oscuridad; y la oscuridad de su vida desordenada y perversa se engañan diciendo que es la luz. Al rechazar la luz y la verdad se rehúsan a ser encontrados y regresan con los demás y dejar de ser contados como los que completan la totalidad.
No es suficiente creer, ya nos lo dicen las Sagradas Escrituras, la fe sin obras está muerta. Cristo nos dice que si creemos en Él guardaremos Su Palabra, etc. Etc.
Debemos detenernos por un momento a descansar, para que logremos ver la verdad de lo que está pasando. El pecador debe hacer una pausa en sus pecados, para que deje de correr salvajemente en su pecado, en esta pausa, el Pastor podrá acercársele, y la luz de la Santa Madre Iglesia, brillar sobre nuestras vidas y pueda descubrir la desesperante situación que todo pecador se encuentre.
Además no debemos temer a que se acerque el Pastor, sino más bien darle la bienvenida, sabiendo que viene a ayudarnos y salvarnos. Los falsos placeres del pecado deben ahora ser odiados por habernos alejado tanto de Dios, para que nuestro amor por Él empiece a crecer.
La luz de la verdad que nuestra santa madre Iglesia resplandece sobre nosotros y nuestras vidas que no nos dejen ciegos y llenos de temor, sino más bien, debemos recibirla y buscarla para que nos ilumine cada momento y partícula de nuestra alma, para que toda mancha de maldad sea expuesta y humillada, arrepentida y confesada para que de esta manera sea arrancada de raíz, para que deje limpia nuestra morada.
Por último, debemos correr con gran fe, esperanza y caridad a los brazos de Cristo, para de igual forma regresar a una vida noble y santa dentro de la Iglesia, renovando la imagen de Dios sobre nuestra alma con los Sacramentos.
Al alcanzar este estado final por amor a Dios y la Iglesia seremos como Cristo, buscando a nuestro prójimo que ha caído y se ha extraviado, para regresarlo al amor de Dios y la Iglesia.
Así sea
Saturday, June 1, 2013
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
2 DE JUNIO DE 2013
Queridos Hermanos:
Nuestro Señor ha invitado a Sus elegido a La Cena. Sus elegidos son todos aquellos que han recibido la gracia de la Fe. En el mundo de hoy esto lo vemos en los católicos. En tiempo de Cristo nuestro Señor, los fieles de las tribus de Israel.
Es una Cena, el último alimento del día, y no a una comida, a la que nos invita Jesucristo. Evidentemente es Él que invita a Su Cena. Esta cena es el Reino de Dios en la tierra, la verdadera Iglesia Católica. Es la última oportunidad de salvación. Fuera de la cual no hay salvación. Quienes rechazan asistir y rechazar recibirlo en sus cuerpos en la Sagrada Eucaristía, no tienen vida en ellos.
En estos últimos días, Nuestro Señor, nuevamente nos invita a la Iglesia y comprobar la bondad de Dios. Desafortunadamente, la mayoría de quienes han recibido esta invitación la han rechazado, creyendo tener cosas más importantes por hacer o que encontrarán mayor felicidad en las cosas de este mundo.
San Gregorio nos dice que los apetitos de nuestro cuerpo están ordenados de manera que deseamos mucho lo que no tenemos, y que una vez que lo hemos obtenido pierden todo o la mayor parte de apetencia.
Los tres ejemplos que nos da el evangelio de hoy, nos refieren estos apetitos: Lujuria (me he casado y no puedo asistir), avaricia (he comprado una granja y debo ir a verla), y la curiosidad (he comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas). Las cinco yuntas representan a los cinco sentidos, que usualmente vienen en pares.
En la búsqueda de estos apetitos debemos todos confesar que el gozo esta primero en la “anticipación” más que en la “participación” de estos. Alguien en cierta ocasión menciono que los placeres del cuerpo son el 95 % anticipación y sólo el 5 % participación.
Por lo tanto este deseo ardiente de nuestros apetitos carnales es una ilusión de nuestra naturaleza caída y débil. El malestar que acompaña la saciedad es una confirmación constante de esta verdad. Si somos inteligentes descubriremos rápidamente, basándonos en nuestra propia experiencia, lo que san Agustín busca prevenirnos y evitar que aprendamos en malas experiencias. Nuestro corazón está hecho sólo para Dios: “nuestro corazón no descansará hasta descansar en Ti”
Estas atracciones falsas, de los apetitos carnales y nuestra propia estupidez de rechazar aprender de los errores de los demás y experiencias propias son suficientemente malos. Pero lo que es peor es que ante la presión por alcanzar estos apetitos carnales nos olvidamos por completo de los bienes espirituales. Frecuentemente somos como el perro que se traga su propio vomito, o el tonto que constantemente hace lo mismo esperando resultados diferentes. Los apetitos carnales se mantienen ofreciéndonos la felicidad pero invariablemente y siempre nos decepcionan.
Los apetitos espirituales por otra parte trabajan de manera diametralmente diferente. Cuando consideramos, ante todo el gozo del alma aparenta tener muy poco o nada de atracción. La anticipación parece marcar sólo el “5 %” de gozo o satisfacción. El otro 95 % del gozo y satisfacción sólo llega con la “participación”.
Todos los que han acudido a la invitación de la Cena, empiezan en este mundo a saborear algunos deleites espirituales. Al así hacerlo los apetitos, deseos, del alma se incrementan. Mientras más los recibimos más fuerte es nuestro deseo por más. No existe la saciedad ni el malestar para nuestra alma.
Mientras que en nuestro cuerpo estamos inclinados más a creer en las ilusiones y decepciones delo material e ignorar las promesas y gozos del mundo espiritual. Es sólo cooperando con la gracia de la fe que podemos alejarnos de los gozos y anticipaciones de los placeres del mundo. Para acercarnos a participar de los dones espirituales.
Muchos no pueden hacer a un lado sus apetitos carnales para buscar alcanzar la Cena Espiritual al ver la soledad de esta y, los pecados de los siervos que los han invitado. Con que frecuencia escuchamos decir a la gente que ya no acuden a la iglesia y los sacramentos por culpa de este a aquel sacerdote. Matan de hambre su alma porque detestan al mensajero. El siervo no es el Amo. La Cena no la da el siervo sino Dios.
No rechacemos a Dios y Su gracia, por las faltas de Sus siervos.
Si quienes hemos sido invitados no acudimos a esta, seremos eternamente excluidos. Por lo tanto se nos negara por siempre los gozos espirituales y los placeres de este mundo probarán muy pronto lo que realmente son, ilusiones. Lo que nos dejará por siempre atormentados y con un remordimiento sin fin. Y muchos de los que despreciamos y vimos como inferiores, tomarán nuestro lugar.
Los pecadores y menospreciados de este mundo llenos de miseria, sufrimiento y bajeza, después de que realmente sean humildes, serán quienes llenen el salón de esta Cena.
Nuestros pecados y miseria espiritual no son obstáculos tal vez sean un beneficio si realmente nos arrepentimos y humildemente perdimos perdón. Nuestra miseria si cooperamos con los ministros de Dios, puede ayudarnos a ingresar a la Cena que nos espera en el Cielo.
Aprendamos a rechazar los apetitos y placeres de este mundo y nuestra carne. Para acudir con humildad a los placeres del espíritu. De esta manera jamás sentiremos la falta de saciedad, sino que estaremos siempre repletos de gozo y desearemos siempre más y mayor alimento espiritual.
Así sea
Queridos Hermanos:
Nuestro Señor ha invitado a Sus elegido a La Cena. Sus elegidos son todos aquellos que han recibido la gracia de la Fe. En el mundo de hoy esto lo vemos en los católicos. En tiempo de Cristo nuestro Señor, los fieles de las tribus de Israel.
Es una Cena, el último alimento del día, y no a una comida, a la que nos invita Jesucristo. Evidentemente es Él que invita a Su Cena. Esta cena es el Reino de Dios en la tierra, la verdadera Iglesia Católica. Es la última oportunidad de salvación. Fuera de la cual no hay salvación. Quienes rechazan asistir y rechazar recibirlo en sus cuerpos en la Sagrada Eucaristía, no tienen vida en ellos.
En estos últimos días, Nuestro Señor, nuevamente nos invita a la Iglesia y comprobar la bondad de Dios. Desafortunadamente, la mayoría de quienes han recibido esta invitación la han rechazado, creyendo tener cosas más importantes por hacer o que encontrarán mayor felicidad en las cosas de este mundo.
San Gregorio nos dice que los apetitos de nuestro cuerpo están ordenados de manera que deseamos mucho lo que no tenemos, y que una vez que lo hemos obtenido pierden todo o la mayor parte de apetencia.
Los tres ejemplos que nos da el evangelio de hoy, nos refieren estos apetitos: Lujuria (me he casado y no puedo asistir), avaricia (he comprado una granja y debo ir a verla), y la curiosidad (he comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas). Las cinco yuntas representan a los cinco sentidos, que usualmente vienen en pares.
En la búsqueda de estos apetitos debemos todos confesar que el gozo esta primero en la “anticipación” más que en la “participación” de estos. Alguien en cierta ocasión menciono que los placeres del cuerpo son el 95 % anticipación y sólo el 5 % participación.
Por lo tanto este deseo ardiente de nuestros apetitos carnales es una ilusión de nuestra naturaleza caída y débil. El malestar que acompaña la saciedad es una confirmación constante de esta verdad. Si somos inteligentes descubriremos rápidamente, basándonos en nuestra propia experiencia, lo que san Agustín busca prevenirnos y evitar que aprendamos en malas experiencias. Nuestro corazón está hecho sólo para Dios: “nuestro corazón no descansará hasta descansar en Ti”
Estas atracciones falsas, de los apetitos carnales y nuestra propia estupidez de rechazar aprender de los errores de los demás y experiencias propias son suficientemente malos. Pero lo que es peor es que ante la presión por alcanzar estos apetitos carnales nos olvidamos por completo de los bienes espirituales. Frecuentemente somos como el perro que se traga su propio vomito, o el tonto que constantemente hace lo mismo esperando resultados diferentes. Los apetitos carnales se mantienen ofreciéndonos la felicidad pero invariablemente y siempre nos decepcionan.
Los apetitos espirituales por otra parte trabajan de manera diametralmente diferente. Cuando consideramos, ante todo el gozo del alma aparenta tener muy poco o nada de atracción. La anticipación parece marcar sólo el “5 %” de gozo o satisfacción. El otro 95 % del gozo y satisfacción sólo llega con la “participación”.
Todos los que han acudido a la invitación de la Cena, empiezan en este mundo a saborear algunos deleites espirituales. Al así hacerlo los apetitos, deseos, del alma se incrementan. Mientras más los recibimos más fuerte es nuestro deseo por más. No existe la saciedad ni el malestar para nuestra alma.
Mientras que en nuestro cuerpo estamos inclinados más a creer en las ilusiones y decepciones delo material e ignorar las promesas y gozos del mundo espiritual. Es sólo cooperando con la gracia de la fe que podemos alejarnos de los gozos y anticipaciones de los placeres del mundo. Para acercarnos a participar de los dones espirituales.
Muchos no pueden hacer a un lado sus apetitos carnales para buscar alcanzar la Cena Espiritual al ver la soledad de esta y, los pecados de los siervos que los han invitado. Con que frecuencia escuchamos decir a la gente que ya no acuden a la iglesia y los sacramentos por culpa de este a aquel sacerdote. Matan de hambre su alma porque detestan al mensajero. El siervo no es el Amo. La Cena no la da el siervo sino Dios.
No rechacemos a Dios y Su gracia, por las faltas de Sus siervos.
Si quienes hemos sido invitados no acudimos a esta, seremos eternamente excluidos. Por lo tanto se nos negara por siempre los gozos espirituales y los placeres de este mundo probarán muy pronto lo que realmente son, ilusiones. Lo que nos dejará por siempre atormentados y con un remordimiento sin fin. Y muchos de los que despreciamos y vimos como inferiores, tomarán nuestro lugar.
Los pecadores y menospreciados de este mundo llenos de miseria, sufrimiento y bajeza, después de que realmente sean humildes, serán quienes llenen el salón de esta Cena.
Nuestros pecados y miseria espiritual no son obstáculos tal vez sean un beneficio si realmente nos arrepentimos y humildemente perdimos perdón. Nuestra miseria si cooperamos con los ministros de Dios, puede ayudarnos a ingresar a la Cena que nos espera en el Cielo.
Aprendamos a rechazar los apetitos y placeres de este mundo y nuestra carne. Para acudir con humildad a los placeres del espíritu. De esta manera jamás sentiremos la falta de saciedad, sino que estaremos siempre repletos de gozo y desearemos siempre más y mayor alimento espiritual.
Así sea
Saturday, May 25, 2013
FESTIVIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD
26 DE MAYO DE 2013
QUERIDOS HERMANOS:
Una doctrina principal es puesta ante nosotros este día, para nuestra consideración, inspiración y adoración. Es un misterio de fe que sólo puede ser apreciada por el alma humilde y sincera sumisión de nuestra memoria, entendimiento y voluntad, ante la incomprensible revelación de Dios.
Hay un solo Dios, sin embargo hay Tres Personas Divinas en Dios: EL Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada persona es separada de la otra. EL Hijo no es el Padre, el Padre no es el Hijo, el Espíritu Santo no es el Padre; el Padre no es el espíritu Santo. El Espíritu Santo no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu Santo.
EL Padre es Dios; el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
Este es un misterio más allá de nuestra comprensión pero que es puesta ante nosotros por Dios y la Iglesia, para ser creída. Lamentablemente muchos confiando en su endeble intelecto han decidido no creer este Misterio, separándose de la Iglesia, la gracia y la vida eterna.
Dios insiste en la sumisión de nuestro intelecto y voluntad en toda humildad como prerrequisito para la vida eterna en el Cielo.
Vemos la separación de estas Tres Personas en el bautismo de Jesús por san Juan en el rio. Jesús Hijo acudió al rio, el Espíritu Santo descendió sobre este en forma de paloma. El Padre habló desde el Cielo. Aunque está separado el uno del otro, todos actúan como uno sólo.
En la Encarnación vemos que el Hijo se hizo hombre. Ni el Padre, ni el Espíritu Santo se hicieron hombre, y nació de la Virgen María. Tanto el Padre como el Espíritu Santo coopero con la Encarnación. El Padre envía al Hijo, decimos en el Credo que Jesucristo fue concebido por la Virgen por el poder del Espíritu Santo. Los Tres actuaron como uno pero sólo Uno, el Hijo de Dios se hizo hombre.
San Agustín en un intento por aclarar un poco más este misterio, mira a nuestra misma naturaleza hecha a imagen y semejanza de Dios, para encontrar un reflejo de estas personas separadas mas actuando como una sola; encuentra en nosotros un triple poder en nuestra alma: memoria, entendimiento y voluntad. Y ninguno es el mismo cada uno está separado. En todas nuestras acciones la memoria, el entendimiento y la voluntad actúan como uno sólo.
San Agustín nos previene que si empezamos a imaginar que entendemos este misterio, estamos en un error. Es un misterio más allá de los poderes de nuestra naturaleza. Podemos ver la similitud de este misterio en toda la creación y con la gracia de Dios creer, pero su total comprensión es fuera de nuestro alcance. Esta distancia es desde lo más alto hasta lo bajo, de lo finito a lo infinito, de lo creado al Creador.
Este misterio y doctrina es esencial para nuestra salvación, mientras que al mismo tiempo está fuera de alcance de nuestra naturaleza caída. Debemos tener mucho cuidado de no colocar en lugar inadecuado este misterio como algo no importante o insignificante. Mientras que al mismo tiempo debemos tener cuidado de no llenarnos de vanidad y orgullo diabólico al pensar que lo entendemos.
Es bien sabido el relato de San Agustín, que comenta que mientras paseaba en la orilla de mar, se le apareció un ángel en forma de niño, vaciando en un recipiente agua del océano en un pequeño orificio sobre la arena, tratando de llenarla, y al cuestionarle san Agustín y decirle que sería imposible vaciar todo el océano en ese agujero, a lo que le responde el niño que es más fácil para el vaciar todo el océano que para San Agustín entender el misterio de la Santísima Trinidad.
Dios exige esta fe y confianza de nuestra parte como necesaria para la recepción de Su Gracia. Requiere que humildemente admitamos y aceptemos la limitación de nuestro intelecto. El Orgulloso y el vanidoso no entraran a Este Reino. Debemos aceptar lo que nos ha enseñado por el simple hecho de Su Palabra. Debemos aceptarlo con gran confianza de la inocencia de los niños.
Dejemos en el silencio de nuestro corazón y alma contemplar este misterio en el Ser de Dios. Para que en esta contemplación se pueda incrementar nuestro amor y hacer a un lado todo vacío por entender sin fe. Para que al mismo tiempo se incremente nuestro amor por Dios y este gran Misterio.
Que nos queda, sino adorar esta majestuosidad y maravilla del misterio que se nos presenta para nuestra santificación. Que durante todos nuestros días repitamos siempre y recordemos este misterio sobre todo cuando hacemos la señal de la cruz confirmando y fortaleciendo nuestra fe.
Cuan incomprensibles son Sus Juicios e inescrutables su caminos.
Amén
QUERIDOS HERMANOS:
Una doctrina principal es puesta ante nosotros este día, para nuestra consideración, inspiración y adoración. Es un misterio de fe que sólo puede ser apreciada por el alma humilde y sincera sumisión de nuestra memoria, entendimiento y voluntad, ante la incomprensible revelación de Dios.
Hay un solo Dios, sin embargo hay Tres Personas Divinas en Dios: EL Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada persona es separada de la otra. EL Hijo no es el Padre, el Padre no es el Hijo, el Espíritu Santo no es el Padre; el Padre no es el espíritu Santo. El Espíritu Santo no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu Santo.
EL Padre es Dios; el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
Este es un misterio más allá de nuestra comprensión pero que es puesta ante nosotros por Dios y la Iglesia, para ser creída. Lamentablemente muchos confiando en su endeble intelecto han decidido no creer este Misterio, separándose de la Iglesia, la gracia y la vida eterna.
Dios insiste en la sumisión de nuestro intelecto y voluntad en toda humildad como prerrequisito para la vida eterna en el Cielo.
Vemos la separación de estas Tres Personas en el bautismo de Jesús por san Juan en el rio. Jesús Hijo acudió al rio, el Espíritu Santo descendió sobre este en forma de paloma. El Padre habló desde el Cielo. Aunque está separado el uno del otro, todos actúan como uno sólo.
En la Encarnación vemos que el Hijo se hizo hombre. Ni el Padre, ni el Espíritu Santo se hicieron hombre, y nació de la Virgen María. Tanto el Padre como el Espíritu Santo coopero con la Encarnación. El Padre envía al Hijo, decimos en el Credo que Jesucristo fue concebido por la Virgen por el poder del Espíritu Santo. Los Tres actuaron como uno pero sólo Uno, el Hijo de Dios se hizo hombre.
San Agustín en un intento por aclarar un poco más este misterio, mira a nuestra misma naturaleza hecha a imagen y semejanza de Dios, para encontrar un reflejo de estas personas separadas mas actuando como una sola; encuentra en nosotros un triple poder en nuestra alma: memoria, entendimiento y voluntad. Y ninguno es el mismo cada uno está separado. En todas nuestras acciones la memoria, el entendimiento y la voluntad actúan como uno sólo.
San Agustín nos previene que si empezamos a imaginar que entendemos este misterio, estamos en un error. Es un misterio más allá de los poderes de nuestra naturaleza. Podemos ver la similitud de este misterio en toda la creación y con la gracia de Dios creer, pero su total comprensión es fuera de nuestro alcance. Esta distancia es desde lo más alto hasta lo bajo, de lo finito a lo infinito, de lo creado al Creador.
Este misterio y doctrina es esencial para nuestra salvación, mientras que al mismo tiempo está fuera de alcance de nuestra naturaleza caída. Debemos tener mucho cuidado de no colocar en lugar inadecuado este misterio como algo no importante o insignificante. Mientras que al mismo tiempo debemos tener cuidado de no llenarnos de vanidad y orgullo diabólico al pensar que lo entendemos.
Es bien sabido el relato de San Agustín, que comenta que mientras paseaba en la orilla de mar, se le apareció un ángel en forma de niño, vaciando en un recipiente agua del océano en un pequeño orificio sobre la arena, tratando de llenarla, y al cuestionarle san Agustín y decirle que sería imposible vaciar todo el océano en ese agujero, a lo que le responde el niño que es más fácil para el vaciar todo el océano que para San Agustín entender el misterio de la Santísima Trinidad.
Dios exige esta fe y confianza de nuestra parte como necesaria para la recepción de Su Gracia. Requiere que humildemente admitamos y aceptemos la limitación de nuestro intelecto. El Orgulloso y el vanidoso no entraran a Este Reino. Debemos aceptar lo que nos ha enseñado por el simple hecho de Su Palabra. Debemos aceptarlo con gran confianza de la inocencia de los niños.
Dejemos en el silencio de nuestro corazón y alma contemplar este misterio en el Ser de Dios. Para que en esta contemplación se pueda incrementar nuestro amor y hacer a un lado todo vacío por entender sin fe. Para que al mismo tiempo se incremente nuestro amor por Dios y este gran Misterio.
Que nos queda, sino adorar esta majestuosidad y maravilla del misterio que se nos presenta para nuestra santificación. Que durante todos nuestros días repitamos siempre y recordemos este misterio sobre todo cuando hacemos la señal de la cruz confirmando y fortaleciendo nuestra fe.
Cuan incomprensibles son Sus Juicios e inescrutables su caminos.
Amén
Saturday, May 18, 2013
DOMINGO DE PENTECOSTES
19 DE MAYO DE 2013
QUERIDOS HERMANOS:
El día de hoy se nos recuerda nuevamente sobre la forma de actuar del Espíritu Santo. Esta tercera Persona de la Santísima Trinidad, conocida también como el Dios del Amor, que ha estado con la Iglesia Católica desde sus inicios y continuara con Ella, hasta la consumación de los siglos.
El mundo y el demonio se encuentran muy activos buscando imitar y destruir las obras del Espíritu Santo. Hemos considerado los anti Cristo, los antipapas, pero muy rara vez nos ponemos a considerar el anti espíritu. Esto es con lo que estamos tratando con mayor frecuencia. Los demonios se nos presentan como ángel de luz, introduciendo de esta manera una falsa espiritualidad. Se burlan del Espíritu Santo, de esta manera, escandalizando a la mayoría que no es capaz o no quiere discernir los espíritus.
No existe la menor duda que hay un espíritu que mueve a los Modernistas, a los Cismáticos y herejías, pero no es el Espíritu Santo. Podremos llamar esta influencia sobre las falsas religiones como un anti espíritu. Así, como es apodado el demonio como el simulador de Cristo, de la misma manera los demonios se burlan del Espíritu Santo. Es necesario que haya el escándalo, como nos lo dice Nuestro Señor, (las falsas Iglesias, falsos Papas, falsos Cristo y falsos espíritus traen consigo abundantes escándalos), repetimos con nuestro Señor, hay de aquellos de quien viene el escándalo. Sería para estos mejor no haber nacido nunca.
En el ritual del Exorcismo de la Iglesia Católica vemos que los demonios son llamados “Maestros de los herejes”.
Debemos estar siempre alerta y probar el espíritu asegurándonos que no somos engañados. Los anti espíritus, como los anti Cristo y los anti Papas no dejaran nunca de buscar la forma de alejar las almas de Dios, la falsa “paz” y “bienestar” que acompaña el aceptar o reconocer estas falsas religiones vienen acompañadas del sacrificio de la verdadera paz y bienestar con Dios in el Cielo.
Leemos como en el Antiguo Testamento, después del Diluvio, que el hombre dudó de la Palabra de Dios, al construir una torre para escapar de algún otro diluvio en el futuro que Dios les mandare, y como castigo Dios dividió su idioma en lenguas. Lo que conocemos como la torre de Babel.
San Juan Crisóstomo nos dice como el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles como lenguas de fuego y dio a la Iglesia la capacidad para unir a la gente nuevamente.
Cuando Nuestro Señor les da a los apóstoles la orden de predicar a todas las naciones de la tierra, se encontraban con la disyuntiva de quien iría a donde. El Espíritu Santo aclara esto en día de Pentecostés por la lengua que le fue dado a cada uno.
Vemos nuevamente a los demonios imitando y burlándose del don de lenguas en las falsas religiones. Las personas palidecen, balbucean, se desfallecen bajo la influencia del espíritu, pero que no es el Espíritu Santo. El verdadero don de lenguas hizo a los apóstoles entenderse por sus compañeros: el don de los demonios es inteligible, no es otra cosa más que balbuceo diabólico.
Los demonios han estado tratando de dividir para vencer por medio de sus lenguas, como Dios dividió las lenguas de los hombres del Antiguo Testamento. Dios y la Iglesia están buscando unir en un solo cuerpo todas las lenguas.
Los demonios buscan falsificar y burlarse de las obras del Espíritu Santo en esta manera. Vemos el anti espíritu en el tentador conocimiento universal y aceptación de todas y cada una de las religiones falsas, acarreando el mal encaminado ecumenismo. La única religión que se le ha negado y reconocido o aceptación de Una Iglesia Mundial, es la Iglesias Católica guiada por el Espíritu Santo.
Celebramos este domingo de Pentecostés con admiración los dones del Espíritu Santo, dentro de la Iglesia, mientras que al mismo tiempo nos llena de tristeza saber cómo hay muchas personas que no escuchan al Espíritu Santo, al no escuchar a la Iglesia. Al declarar la libertad de su propio espíritu, su única devoción y su única religión, con esto dividen al rebaño de Cristo, luego entonces están destruyendo las obras del Espíritu Santo.
La Iglesia recibe a todas las personas, pero sólo cuando creen y son bautizadas. Quienes no creen y no son bautizados no tienen ninguna unidad real con el Cuerpo Místico de Jesucristo. Se debe creer todo lo que Cristo ha enseñado por medio de Su Iglesia. Negar una sola doctrina de esta es negar todas y consecuentemente negar a Jesucristo. Estos como nos lo dice San Pio X, ya no son miembros da la Iglesia, han sido expulsados. No puede haber ya ninguna unidad con esta gente.
En el rito del Bautismo la persona a ser bautizada renuncia al demonio y a todas sus obras para abrazar a Jesucristo y todo lo que Él hace. Para convertirse, el bautizado en enemigo de este mundo y del demonio y quienes están bajo la influencia de este. No hay ninguna unidad con estos ni la puede haber, nunca.
La verdadera unidad con el Espíritu Santo se logra sólo con la renunciación a los demonios y todas las falsas religiones, abrazando a Cristo y a su Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Así sea
QUERIDOS HERMANOS:
El día de hoy se nos recuerda nuevamente sobre la forma de actuar del Espíritu Santo. Esta tercera Persona de la Santísima Trinidad, conocida también como el Dios del Amor, que ha estado con la Iglesia Católica desde sus inicios y continuara con Ella, hasta la consumación de los siglos.
El mundo y el demonio se encuentran muy activos buscando imitar y destruir las obras del Espíritu Santo. Hemos considerado los anti Cristo, los antipapas, pero muy rara vez nos ponemos a considerar el anti espíritu. Esto es con lo que estamos tratando con mayor frecuencia. Los demonios se nos presentan como ángel de luz, introduciendo de esta manera una falsa espiritualidad. Se burlan del Espíritu Santo, de esta manera, escandalizando a la mayoría que no es capaz o no quiere discernir los espíritus.
No existe la menor duda que hay un espíritu que mueve a los Modernistas, a los Cismáticos y herejías, pero no es el Espíritu Santo. Podremos llamar esta influencia sobre las falsas religiones como un anti espíritu. Así, como es apodado el demonio como el simulador de Cristo, de la misma manera los demonios se burlan del Espíritu Santo. Es necesario que haya el escándalo, como nos lo dice Nuestro Señor, (las falsas Iglesias, falsos Papas, falsos Cristo y falsos espíritus traen consigo abundantes escándalos), repetimos con nuestro Señor, hay de aquellos de quien viene el escándalo. Sería para estos mejor no haber nacido nunca.
En el ritual del Exorcismo de la Iglesia Católica vemos que los demonios son llamados “Maestros de los herejes”.
Debemos estar siempre alerta y probar el espíritu asegurándonos que no somos engañados. Los anti espíritus, como los anti Cristo y los anti Papas no dejaran nunca de buscar la forma de alejar las almas de Dios, la falsa “paz” y “bienestar” que acompaña el aceptar o reconocer estas falsas religiones vienen acompañadas del sacrificio de la verdadera paz y bienestar con Dios in el Cielo.
Leemos como en el Antiguo Testamento, después del Diluvio, que el hombre dudó de la Palabra de Dios, al construir una torre para escapar de algún otro diluvio en el futuro que Dios les mandare, y como castigo Dios dividió su idioma en lenguas. Lo que conocemos como la torre de Babel.
San Juan Crisóstomo nos dice como el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles como lenguas de fuego y dio a la Iglesia la capacidad para unir a la gente nuevamente.
Cuando Nuestro Señor les da a los apóstoles la orden de predicar a todas las naciones de la tierra, se encontraban con la disyuntiva de quien iría a donde. El Espíritu Santo aclara esto en día de Pentecostés por la lengua que le fue dado a cada uno.
Vemos nuevamente a los demonios imitando y burlándose del don de lenguas en las falsas religiones. Las personas palidecen, balbucean, se desfallecen bajo la influencia del espíritu, pero que no es el Espíritu Santo. El verdadero don de lenguas hizo a los apóstoles entenderse por sus compañeros: el don de los demonios es inteligible, no es otra cosa más que balbuceo diabólico.
Los demonios han estado tratando de dividir para vencer por medio de sus lenguas, como Dios dividió las lenguas de los hombres del Antiguo Testamento. Dios y la Iglesia están buscando unir en un solo cuerpo todas las lenguas.
Los demonios buscan falsificar y burlarse de las obras del Espíritu Santo en esta manera. Vemos el anti espíritu en el tentador conocimiento universal y aceptación de todas y cada una de las religiones falsas, acarreando el mal encaminado ecumenismo. La única religión que se le ha negado y reconocido o aceptación de Una Iglesia Mundial, es la Iglesias Católica guiada por el Espíritu Santo.
Celebramos este domingo de Pentecostés con admiración los dones del Espíritu Santo, dentro de la Iglesia, mientras que al mismo tiempo nos llena de tristeza saber cómo hay muchas personas que no escuchan al Espíritu Santo, al no escuchar a la Iglesia. Al declarar la libertad de su propio espíritu, su única devoción y su única religión, con esto dividen al rebaño de Cristo, luego entonces están destruyendo las obras del Espíritu Santo.
La Iglesia recibe a todas las personas, pero sólo cuando creen y son bautizadas. Quienes no creen y no son bautizados no tienen ninguna unidad real con el Cuerpo Místico de Jesucristo. Se debe creer todo lo que Cristo ha enseñado por medio de Su Iglesia. Negar una sola doctrina de esta es negar todas y consecuentemente negar a Jesucristo. Estos como nos lo dice San Pio X, ya no son miembros da la Iglesia, han sido expulsados. No puede haber ya ninguna unidad con esta gente.
En el rito del Bautismo la persona a ser bautizada renuncia al demonio y a todas sus obras para abrazar a Jesucristo y todo lo que Él hace. Para convertirse, el bautizado en enemigo de este mundo y del demonio y quienes están bajo la influencia de este. No hay ninguna unidad con estos ni la puede haber, nunca.
La verdadera unidad con el Espíritu Santo se logra sólo con la renunciación a los demonios y todas las falsas religiones, abrazando a Cristo y a su Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Así sea
Saturday, May 11, 2013
DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENCIÓN
12 DE MAYO DE 2013
QUERIDOS HERMANOS:
Cuando Jesucristo vino a este mundo en la Encarnación, tomo nuestro cuerpo y sangre, sin separarse de Su Padre Celestial. Él y el Padre son uno sólo. Cuando vemos al Padre vemos de igual manera al Hijo. Lo opuesto es igualmente verdadero. Cuando Jesucristo ascendió al Cielo, no nos abandonó, sino que permanece con nosotros. Es Uno con nosotros.
Jesucristo ha tomado nuestra humanidad a lo más alto del Cielo. Cuando Él va, la humanidad va con Él. Porque es la cabeza de esta. (Tanto como Dios nuestro creador, como Dios nuestro Redentor).
Por medio de Jesucristo, no sólo se han abierto las puertas del Cielo, para la humanidad, sino que además, el hombre es invitado a ascender con Jesucristo a lo más alto del Cielo.
Mientras Jesucristo caminó por este mundo, realizó muchos milagros dando testimonio de Su Divinidad. Sin embargo, les fue difícil a los apóstoles, a sus discípulos y aúna nosotros, concebir esta Divinidad, por lo que se unen en su humanidad. Fue necesario que Jesucristo los dejara y que viniera, el Espíritu Santo sobre ellos para que entendieran mejor y apreciaran la divinidad de Jesucristo.
San León el Grande dice: “Fue entonces, mis carísimos, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, fue conocido de un amanera más perfecta y santa. Cuando fue tomado hacia la majestad de la gloria del Padre, y en una manera más inexplicable hacerse presente para nosotros en Su Divinidad, al hacerse más remota Su humanidad.
Para iniciarse una fe más instruida, en la que se una más a aquel Hijo que es igual que el Padre, sin la necesidad de tocar la substancia física en Cristo, en la que es con el Padre. Al permanecer la naturaleza de Su cuerpo glorificado, la fe los creyentes empieza a ser llamada con el Unigénito, que es el mismo con el Padre, para que pueda ser sentido, no sólo por la mano de nuestro cuerpo sino de un amanera más espiritual de entenderlo”.
“Por esto eso que el Señor, le dice a María Magdalena, cuando, representando a la Iglesia, se acerca para tocarlo: No me toques, porque o he ascendido a mi Padre”, es decir no quiero que me abordes de manera física, para que me conozcas. Deseo que esperen para lo mejor, estoy preparándoles algo extraordinario. Cuando haya ascendido a mi Padre podrán tocarme de manera más perfecta y verdadera. Porque conocerán lo que no tocan y creerán lo que no ven”.
Los apóstoles vieron ascender a Nuestro Señor al Cielo y se les instruyó que en la misma manera regresará a este mundo. Desde ese momento hasta el final de los tiempos, los verdaderos fieles esperan Su regreso. Resucitarán los muertos, reanimados con su alma, para estar frente a Jesucristo como nuestro juez. Los que lo han amado se regocijarán por la llegada de ese día. Quienes han creído y visto por la fe, verán ahora en la carne. El cuerpo místico de Jesucristo (la Iglesia) se unirá a Su Cabeza, Jesucristo.
El mundo se renovará o re-creará. Nuestro cuerpo será como el de Jesucristo, con todos sus atributos Gloriosos, con los demonios y toda maldad expulsada, la tierra finalmente cumplirá el deseo su Creador. El Paraíso se extenderá con todo su esplendor y gloria para llenar la tierra.
Siempre se han regocijado los santos con la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, ahora nos toca a nosotros. Que maravilloso habrá sido caminar, escuchar, tocar y caminar con nuestro Señor, cuando estaba en la tierra, entonces nuestra fe tendrá el obstáculo de la humanidad de Jesucristo constantemente en el camino de ver Su Divinidad.
Dios ha escogido el tiempo exacto y perfecto para nuestra vida. La historia nos dice que Cristo es verdaderamente Hombre y nuestra fe nos dice que es verdaderamente Divino. Al contemplar SU Divinidad y gloria llena nuestro corazón con alegría y nos prepara para hacer todo lo que necesitamos para seguirlo.
Como recompensa por esta nuestra fe, se nos da la esperanza de ver la gloria de su presencia Humana y Divina, por toda la eternidad. Nuestra alma estará llena de todo lo anhelado, y nuestro cuerpo lleno de todo lo que pueda desear.
Al ir Cristo, nuestra cabeza, al Cielo, sentimos una cierta perdida y por lo tanto, tristeza. Mientras que al mismo tiempo, existe un gran regocijo al saber que Jesucristo está con ÉL Padre, donde pertenece; y que muy pronto, si somos fieles y los amamos, estaremos algún día con ÉL por toda la eternidad.
La tristeza es rápidamente mitigada porque tenemos la promesa de Cristo, del Espíritu Santo. Por medio del cual, como Tercera persona de la Santísima Trinidad, obtenemos todas las gracias que necesitamos para creer y obrar para hacer de esta gloria futura, un gran gozo en el presente.
Así sea
QUERIDOS HERMANOS:
Cuando Jesucristo vino a este mundo en la Encarnación, tomo nuestro cuerpo y sangre, sin separarse de Su Padre Celestial. Él y el Padre son uno sólo. Cuando vemos al Padre vemos de igual manera al Hijo. Lo opuesto es igualmente verdadero. Cuando Jesucristo ascendió al Cielo, no nos abandonó, sino que permanece con nosotros. Es Uno con nosotros.
Jesucristo ha tomado nuestra humanidad a lo más alto del Cielo. Cuando Él va, la humanidad va con Él. Porque es la cabeza de esta. (Tanto como Dios nuestro creador, como Dios nuestro Redentor).
Por medio de Jesucristo, no sólo se han abierto las puertas del Cielo, para la humanidad, sino que además, el hombre es invitado a ascender con Jesucristo a lo más alto del Cielo.
Mientras Jesucristo caminó por este mundo, realizó muchos milagros dando testimonio de Su Divinidad. Sin embargo, les fue difícil a los apóstoles, a sus discípulos y aúna nosotros, concebir esta Divinidad, por lo que se unen en su humanidad. Fue necesario que Jesucristo los dejara y que viniera, el Espíritu Santo sobre ellos para que entendieran mejor y apreciaran la divinidad de Jesucristo.
San León el Grande dice: “Fue entonces, mis carísimos, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, fue conocido de un amanera más perfecta y santa. Cuando fue tomado hacia la majestad de la gloria del Padre, y en una manera más inexplicable hacerse presente para nosotros en Su Divinidad, al hacerse más remota Su humanidad.
Para iniciarse una fe más instruida, en la que se una más a aquel Hijo que es igual que el Padre, sin la necesidad de tocar la substancia física en Cristo, en la que es con el Padre. Al permanecer la naturaleza de Su cuerpo glorificado, la fe los creyentes empieza a ser llamada con el Unigénito, que es el mismo con el Padre, para que pueda ser sentido, no sólo por la mano de nuestro cuerpo sino de un amanera más espiritual de entenderlo”.
“Por esto eso que el Señor, le dice a María Magdalena, cuando, representando a la Iglesia, se acerca para tocarlo: No me toques, porque o he ascendido a mi Padre”, es decir no quiero que me abordes de manera física, para que me conozcas. Deseo que esperen para lo mejor, estoy preparándoles algo extraordinario. Cuando haya ascendido a mi Padre podrán tocarme de manera más perfecta y verdadera. Porque conocerán lo que no tocan y creerán lo que no ven”.
Los apóstoles vieron ascender a Nuestro Señor al Cielo y se les instruyó que en la misma manera regresará a este mundo. Desde ese momento hasta el final de los tiempos, los verdaderos fieles esperan Su regreso. Resucitarán los muertos, reanimados con su alma, para estar frente a Jesucristo como nuestro juez. Los que lo han amado se regocijarán por la llegada de ese día. Quienes han creído y visto por la fe, verán ahora en la carne. El cuerpo místico de Jesucristo (la Iglesia) se unirá a Su Cabeza, Jesucristo.
El mundo se renovará o re-creará. Nuestro cuerpo será como el de Jesucristo, con todos sus atributos Gloriosos, con los demonios y toda maldad expulsada, la tierra finalmente cumplirá el deseo su Creador. El Paraíso se extenderá con todo su esplendor y gloria para llenar la tierra.
Siempre se han regocijado los santos con la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, ahora nos toca a nosotros. Que maravilloso habrá sido caminar, escuchar, tocar y caminar con nuestro Señor, cuando estaba en la tierra, entonces nuestra fe tendrá el obstáculo de la humanidad de Jesucristo constantemente en el camino de ver Su Divinidad.
Dios ha escogido el tiempo exacto y perfecto para nuestra vida. La historia nos dice que Cristo es verdaderamente Hombre y nuestra fe nos dice que es verdaderamente Divino. Al contemplar SU Divinidad y gloria llena nuestro corazón con alegría y nos prepara para hacer todo lo que necesitamos para seguirlo.
Como recompensa por esta nuestra fe, se nos da la esperanza de ver la gloria de su presencia Humana y Divina, por toda la eternidad. Nuestra alma estará llena de todo lo anhelado, y nuestro cuerpo lleno de todo lo que pueda desear.
Al ir Cristo, nuestra cabeza, al Cielo, sentimos una cierta perdida y por lo tanto, tristeza. Mientras que al mismo tiempo, existe un gran regocijo al saber que Jesucristo está con ÉL Padre, donde pertenece; y que muy pronto, si somos fieles y los amamos, estaremos algún día con ÉL por toda la eternidad.
La tristeza es rápidamente mitigada porque tenemos la promesa de Cristo, del Espíritu Santo. Por medio del cual, como Tercera persona de la Santísima Trinidad, obtenemos todas las gracias que necesitamos para creer y obrar para hacer de esta gloria futura, un gran gozo en el presente.
Así sea
Saturday, May 4, 2013
DOMINGO QUINTO DESPUÉS DE PÁSCUA
5 DE MAYO 2013
QUERIDOS HERMANOS:
El día de hoy, recibimos una instrucción muy profunda sobre la oración:
“Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo”.
No rezamos en silabas, ni en el tamaño de estas oraciones, es con el corazón y con la intensidad (sinceridad y confianza), que hacemos oración. Ni tampoco importa el lugar donde nos encontremos físicamente, que es tan importante cuando oramos sino la ubicación de nuestro corazón y mente., en ese momento.
No necesitamos decir mucho. Dios no necesita una multitud de palabras para saber que hay en nuestro corazón y mente. Es más bien el elevar nuestro corazón y mente a Dios, a la hora de orar. Constantemente nos lo recuerda san Pablo. Tal vez, nos hemos constantemente, preguntado cómo es que debemos orar. Debemos constantemente y con frecuencia levantar nuestro corazón a Dios.
Vivir con Dios antes que todo lo demás, con nuestros pensamientos, hacer todo por Él y en ÉL., esta es la forma en que debemos orar. Al levantarnos por la mañana, al acostarnos por la noche, antes y después de comer, antes de vestirnos y al desvestirnos, antes de empezar una actividad, al terminarlo y durante esta. En todo momento podemos orar. Cuando habremos de ser examinados por nuestro superior o debemos ir delante de este que es una cruz para nosotros, naturalmente debemos acudir a Dios por ayuda.
Cuando estamos en peligro, o temerosos, de manera natural debemos acudir a Dios.
Dios desea ser nuestro compañero más íntimo. Con frecuencia, nos ponemos delante de Dios, aún de rodillas recitando muchas palabras, pero nuestro corazón y mente esta distraída en muchas otras cosas. Nos alejaos de este lugar, sin pensar en que hicimos oración. Si no podemos escuchar nuestras propias oraciones, ¿cómo esperamos que Dios las escuche?
Estas oraciones tan extensas son en muchas ocasiones un insulto a Dios. Pueden ser bien recibidas por Dios si verdaderamente luchamos y nos esforzamos por sobrellevar las distracciones y tentaciones que nos acechan. Es en esta ocasión nuestro deseo y esfuerzo que agrada a Dios, más que las palabras que digamos.
Dios está en todas partes, luego entonces, todo lugar es el adecuado para orar. Nuestro cuerpo es templo y somos llamados a que en todo lugar entremos en nosotros mismos y elevemos nuestro corazón y mente hacia Dios. Esto hace mucho más fácil nuestra oración ya que no necesitamos dejar a un lado lo que estemos realizando. Mas bien, por el contrario, sucede que hacemos mucho mejor lo que estamos realizando cuando lo hacemos acompañado de la oración.
Nuestro gozo será completo y nuestras oraciones escuchadas cuando pidamos de la manera correcta. Y esto sucede cuando no pedimos a Dios bienes materiales, sino más bien por el regalo perfecto- la vida eterna.
“Buscad primero el Reino de Dios y Su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”
La razón por la que nuestras oraciones no han sido respondidas, es por no haber pedido o haber pedido lo incorrecto.
Algunos dirán que el texto dice “cualquier cosa” que pidas. La vida eterna lo es todo, todo lo demás no es nada cuando esta comparada con esta. Si pedimos por otra cosa que no sea esta, estamos pidiendo nada, y con frecuencia eso es lo que Dios nos da.
Debemos buscar que verdaderamente nuestro gozo sea completo, y esto solo se logrará con la vida eterna. Esto es el Cielo, donde nada más se puede desear. Esto oes lo que debemos buscar y pedir, ya que todo lo demás se nos dará.
San Pablo pide a Dios en tres ocasiones para que le quiete una tentación. Buscaba un bien temporal en la tierra, y Dios no le respondía. Esta tentación fue necesaria para su desarrollo espiritual. Se volvió humilde, y empezó a darse cuenta de su propia debilidad, parar volverse más fuerte ya que no buscó depender de sí mismo (sabía que era muy débil), se entrego completamente a Dios.
Transformó su oración en amor por Dios y en un deseo de estar eternamente unido a Él. Es entonces cuando recibe la gracia necesaria para resistir la tentación y vencerla al aumentar su amor por Dios.
Se nos pide rezar los unos por los otros incluso por nuestros enemigos, pero con frecuencia estas oraciones no son benéficas para quienes pedimos ya que al tener el libre albedrío marchan sobre caminos opuestos de su salvación. Estas oraciones, sin embargo, nos benefician mucho:
“aunque hubieran estado en ella, estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia salvarían su vida…, no hubieran salvado a sus hijos ni a sus hijas (Ezequiel XIV, 14).
Todos y cada uno de nosotros debemos cooperar con la gracia y hacer lo que nos corresponde. Sin la cooperación de nuestra parte con l agracia de Dios, todas las oraciones de los ángeles y santos del cielo serán sin ninguna utilidad para nosotros.
Debemos por lo tanto prepararos en la oración de manera adecuada. Buscando en el amor esta plenitud de gozo.
Si verdaderamente deseamos y amamos, nuestra oración será escuchada y, todo lo demás que necesitemos se nos dará por añadidura.
Así sea.
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