Saturday, June 27, 2009

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTES

28 DE JUNIO DE 2009

Queridos Hermanos:

Los esfuerzos de los apóstoles, al estar pescando toda la noche fueron en vano, hasta que escucharon y decidieron obedecer a Jesucristo. Obteniendo como resultado, una pesca abundante.

En la vida espiritual debemos actuar siempre con una buena intención y hacer la voluntad de Dios, si queremos lograr algún efecto positivo.

En todo lo que hacemos debemos tener siempre en mente la intención de servir y honrar a Dios nuestro Señor. San Pablo nos lo señala cuando dice: “ya comáis ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). Cómo lo dice la máxima de san Ignacio: “Todo por la gran gloria de Dios”, que nos enseña cómo debemos actuar.

Debemos reflexionar a conciencia la oración del Padre nuestro; decimos, Santificado sea tu nombre, para recordarnos que fuimos creados para el honor y gloria de Dios. Todo nuestro ser se nos ha dado para que rindamos honor y gloria a Dios.
Una de las verdades más fundamentales de nuestra existencia, la encontramos en las primeras páginas de casi cualquier catecismo que leamos. Fuimos creados para “conocer, amar y servir a Dios” esta es nuestra única y primer obligación, todo lo demás es secundario. Una vez que entendemos esto, formar una buena intención se convierte en un hábito, y en esta forma de vida habitual, vivir y actuar para Dios, nos proporciona el éxito en nuestros esfuerzos tanto espirituales como, en algunas ocasiones, materiales.

Por una parte si estamos llenos de orgullo y vanidad y nos olvidamos de Dios, nos daremos cuenta que no hacemos ningún progreso en la vida espiritual y en ocasiones nos encontraremos frustrados en el aspecto material de nuestras vidas. La clave de nuestro existo depende de que tengamos una intención honesta y verdadera.

La intención o (voluntad) es el aspecto más importante de todo lo que hacemos. Lo que esté bien hecho, si le falta la buena intención está viciado. Si alguna cosa no logramos hacerla de manera perfecta, por cuestiones ajenas a nosotros, se convierte en meritoria, si la hacemos con una buena y genuina intención. La acción más insignificante se convierte en meritoria gracias a la buena intención, el simple acto de la voluntad.

La intención es lo que separa un acto de ser bueno o malo. Si nos vestimos para aumentar nuestra vanidad y orgullo cometemos un mal, si lo hacemos por el honor y gloria de Dios merecemos la gracia. Lo mismo podemos decir de cualquier otra cosa que podamos pensar, decir u omitir.

Se dice que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones, sin embargo, no es eso, exactamente correcto. Lo que se desea significar en este dicho, podríamos decir que, sería más claro si se dijera: “el camino al infierno está lleno de falsas intenciones”. Muchos dicen tener una buena intención en hacer algo, sin embargo no tienen el verdadero deseo, voluntad, de hacerlo o consumarlo. Eso no es una buena intención, esto es lo que llena el camino al infierno. Tener una buena intención incluye también el querer concluirlo. Si este deseo está presente, Dios acepta el deseo por el hecho, aún cuando estamos impedidos en hacer lo que deseamos. Este deseo e intención genuino, en lugar de llenar el camino al infierno, lo hace pero, en el camino al Cielo.

Los santos frecuentemente fueron inspirados a desear hacer el bien, por el honor y gloria de Dios, mucho más allá de lo que sus fuerzas físicas les permitían. Frecuentemente fueron consumidos por su deseo de hacer más y más, por el amor de Dios. Y al grado que sus mentes y corazones alcanzaban estas intenciones y deseos, Dios los recompensaba con bendiciones y abundantes gracias sin medida, porque amaban de la misma manera, sin medida.

De esta manera, las criaturas mortales que somos, hemos sido creados para complacer la majestad infinita de Dios, todo con el simple acto de la voluntad, un simple acto de amor y una intención verdaderamente pura.

Esta intención automáticamente implica el deseo y voluntad de completar lo que se inicia. El hombre que dice que tiene la intención de viajar a Roma, mas no tiene la voluntad de levantarse para ir, no tiene una verdadera intención. Este es el tipo de intenciones que llenan el camino al infierno. Por otro lado el hombre que tiene la intención de viajar a este mismo lugar pero muere antes de poder completar este viaje, tiene una intención pura, y sin duda alguna recibirá la recompensa de Dios como si hubiera concluido el peregrinar.

De esta manera vemos como Dios acepta el deseo por el hecho, con esta intención verdadera.

Ahora bien, esperamos que todos podamos ver la necesidad de hacer un buen ofrecimiento por las mañanas y consagrar todas nuestras actividades, pensamientos y palabras y obras del día por el honor y gloria de Dios. Formando una intención y deseo puro de todo lo que hagamos ese día.

Una vez que hemos incorporado esta buena intención en nuestro día y en todo lo que hacemos, veremos un verdadero progreso en nuestra vida espiritual. Nos acercaremos más a Dios en el amor mereciendo más beneficios para nosotros en la eternidad.

Así sea.

Saturday, June 20, 2009

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTES

21 DE JUNIO DE 2009

“Este acoge a los pecadores y come con ellos” (san Lucas 15:2)

Dios siempre está dispuesto a perdonar a los pecadores. Vemos en el evangelio de hoy cuan misericordioso y bueno es Dios Nuestro Señor.

Dios, primero perdona. Perdonar significa, hacer a un lado todo el daño y aversión que nos ha sido ocasionado y desear el bien a los demás, de corazón. Nosotros, rara vez perdonamos de manera perfecta. Aunque decimos, te perdono, por haberme ofendido, queda un rechazo en nosotros y ya no amamos a nuestro prójimo de la misma manera. Por más que tratemos de desearle bien, una cierta amargura nos envuelve y nos ocasiona violencia interior cada vez que queremos suprimir este sentimiento y destruirlo por completo.

Dios por otro lado, perdona de manera perfecta. Una vez que Dios ha perdonado nos trata nuevamente con el cariño y afecto de sus hijos queridos y obedientes. Su corazón aumenta, por así decirlo, y nos ama de una manera mucho más especial que a quienes no lo ha ofendido gravemente. Santa María Magdalena y San Pedro nos ofrecen pruebas de ese perdón y amor abundante.

Dios perdona de manera libre y voluntaria mientras que nosotros debemos ser recordados de nuestra obligación de perdonar y de las verdades de Fe, Cielo e Infierno, etc. Dios siempre está dispuesto a recibir al pecador arrepentido. Espera ansioso el momento en que regresamos a Él, “Todo el día tendía yo mis manos, a un pueblo rebelde, que iba por caminos malos” (Isaías 65:2) “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré.” (San Mateo 11:28). San Agustín dice: “Dios esta mas dispuesto a impartir perdón al pecador que el pecador a recibirlo”

Las parábolas de la lectura de hoy concuerdan bien con estos ejemplos y muchos otros citados en las Sagradas Escrituras, los cuales deben motivarnos, como al Hijo prodigo, regresar humildemente y con verdadero arrepentimiento pero sobre todo con total confianza en Dios nuestro Señor. ¿Cómo podemos seguir ofendiendo a Dios, que desea sólo lo mejor para nosotros, quien está siempre y en todo momento esperando perdonarnos y tratarnos como a sus hijos muy amados?

Otra característica de este amor de Dios es que perdona a todos los pecadores. No existe pecador, sin importar el grado de culpa, que no sea perdonado. Asesinos, ladrones, blasfemos, adúlteros etc. En una palabra todo tipo de pecadores, puede encontrar la misericordia de Dios. No hay una cantidad de pecados que pueda secar la fuente de Su misericordia. Si algún hombre tuviera sobre su conciencia los pecados de todo el mundo, no tiene porque desesperarse por su salvación, sino esperar el perdón de estos. “Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve, aunque fuesen rojos como la purpura, vendrían a ser como la lana”. (Isaías 1:18). San Cipriano nos dice: “Ni el mayor de los crímenes ni el mínimo minuto de vida que nos quede, ni la extrema necesidad de la ultima hora excluyen de la amista de Dios.

Su amor y misericordia infinita envuelve a todo aquel que regresa a Él”. La mujer Samaritana, la adultera, el ladrón en la cruz pecaron gravemente, sin embargo encontraron, también, la gracia. Todo lo que necesitamos es leer la vida de los santos y darnos cuenta que fueron grandes pecadores pero una vez arrepentidos cambiaron totalmente su vida como una Santa Margarita de Cortona o santa María de Egipto.

Para recibir esta misericordia de Dios sobre nosotros, debemos verdaderamente arrepentirnos, y en tiempo. Si el pecador se arrepiente Dios va a ser misericordioso con él y le perdonará sus pecados, sin embargo, si por el contrario, el pecador continúa por ese camino, se perderá en el. “A menos que hagáis penitencia, te perderás”. La misericordia de Dios no insiste en esto, que Dios perdona a todos los pecadores de manera indiscriminada, sino sólo a los que se arrepienten verdaderamente.

Pensemos en Caín, en la gente de los tiempos de Noé, de los habitantes de Sodoma y Gomorra, del traidor de Judas, de los obstinados judíos en Jerusalén. Todos se condenaron por su no arrepentimiento. Debemos evitar al mismo tiempo, el terrible vicio de la presunción, creyendo que nosotros, no necesitamos arrepentirnos y que Dios nos ha de perdonar de cualquier manera.

Ninguno de nosotros sabemos cuánto tiempo más nos queda de vida, sin embargo, sí sabemos que debemos arrepentirnos antes de dejar este mundo. Una vez que pasemos de esta vida a la eternidad el arrepentimiento será en vano. Nuestra porción será sellada eternamente. Dios ha prometido perdón al pecador arrepentido, no le ha prometido el mañana.

Debemos aprovechar el presente, este momento es todo lo que tenemos. Arrepintámonos real y verdaderamente sin vacilaciones. Hagamos buen uso del tiempo de gracia y laboremos por nuestra salvación sin tardanza, para que escapemos de la amenazante perdición de nuestra alma y seamos salvados eternamente.

Así sea.

Sunday, June 14, 2009

SEGUNDO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES

14 DE JUNIO DE 2009

Queridos Hermanos:

El evangelio de hoy nos presenta una parábola para la edificación de los Fariseos con quien ha sido Jesucristo invitado a comer. En esta ocasión, Nuestro Señor, busco instruirlos sobre el Reino de Dios.

No debería existir ninguna dificultad para nosotros poder entender esta parábola. Cristo es la persona que hizo la gran fiesta y mandó a sus sirvientes llamar a todos los que fueron invitados. Los apóstoles son Sus sirvientes. Las tribus de Israel los invitados que rehusaron asistir. Los gentiles (otras naciones) son los que han sido llamados a tomar los lugares de quienes rechazaron asistir a esta gran cena, que simboliza a la Iglesia misma o al Reino de Dios.

La intención de Jesucristo era mostrar tal y como son los fariseos mismos, si sólo hubieran querido, ellos mismos, ver. Eran los que fueron invitados pero rechazaron ir. Las tres excusas diferentes que señalan concuerdan con lo que dice san Juan: “todo lo que está en el mundo es concupiscencia de la carne, de los ojos y de la vanidad de la vida”. Uno dice, me acabo de casar, es decir la concupiscencia de la carne; otro dice he comprado cinco yuntas de bueyes, la concupiscencia de la vista; y la vanidad de la vida esta simbolizada en la compra de la granja, lo que alegan en su justificación: dame te ruego, por excusado. (San Agustín, de Verb. Dei.)

Estos Fariseos fueron invitados a pertenecer a la Iglesia, tenían en su posesión la invitación, por escrito, contenida en las Sagradas Escrituras. Cristo mismo, vino a ellos y los invito de manera personal, envió a Sus apóstoles, quienes también fueron rechazados. Ahora bien, para vergüenza y escarmiento de los fariseos, quienes habían sido primeramente invitados, son ahora rechazados: “ninguno de estos hombres que habían sido invitados, probaran de mi cena”

Se llenaron de tanta vanidad y orgullo que empezaron a amar el mundo en que vivían, mucho más que el mundo que se les preparaba y les hablaban las Sagradas Escrituras.

Poseían este depósito se les leían y predicaba sobre todo esto, sin embargo, no estaban tan interesados como aparentaban estarlo. Les interesaba más aparecer santo que serlo, más conocedores que practicantes de los que enseñaban, consecuentemente fueron presas fáciles de las trampas de sus debilidades. Se dieron por completo a la concupiscencia de la carne, la vista y vanidad de la vida. Se convirtió en su prioridad más que en buscar y lograr el Reino de Dios, fueron incapaces de ver “los bosques por los árboles”. Concentrados en sí mismos que, no vieron la gran oportunidad que Dios ponía en sus vidas y la salvación eterna de sus almas.

Los fariseos de hoy día rehúsan entrar a la Iglesia aún cuando tienen la invitación en sus manos. Fueron remplazados y la cena (cielo) fue llenándose de invitados, por quienes no habían sido originalmente llamados.

San Pablo se disciplinaba y esforzaba por mantener su cuerpo sujeto, no sea que predicando a otros se perdiera el mismo. Sabía el final de los fariseos, y se preocupaba por no terminar en las mismas condiciones.

Hoy vemos repetirse la misma historia. Hay muchos que han nacido en la verdadera fe. Se les ha dado la invitación, la fe, los sacramentos, pero la han puesto a un lado para poder atender los placeres de este mundo, la concupiscencia de la carne, la vista y la vida. Casi todos los que se glorían en el nombre de cristianos o católicos han empezado a inventar excusas, para ser remplazados por otros a ocupar su lugar. ¿De qué sirve predicar y poseer el Evangelio, si se está lleno de concupiscencia y vanidad?

Dios rechazará a los grandes y poderosos y elevara a los humildes y sencillos. Quienes tiene la verdadera fe han recibido la invitación, pero si hacen todo esto a un lado para alcanzar las vanidades de este mundo, se darán cuenta rápidamente que han sido excluidos de la gran cena en el Cielo y serán remplazados por nuevos invitados.

Por lo tanto, mantengámonos fielmente humildes y obedientes para no ser rechazados del Cielo. Más bien por el contrario ser encontrados dignos herederos de esta magnífica cena, por toda la eternidad.

Así sea.

Saturday, June 6, 2009

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

7 DE JUNIO DE 2009

Queridos Hermanos:

Beda el Venerable, fue uno de los adoradores, más fervorosos, de la Santísima Trinidad. Se relata que repetía varias veces, durante el día “Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo” y que además estas fueran sus ultima palabras en su lecho de muerte. Por medio de esta devoción se le dio, no sólo la gracia de resistir todos los ataques contra su alma y salvación eterna, sino que además se le dio una gran capacidad de entendimiento sobre estos sagrados misterios, la santísima Trinidad y de Fe, permaneciendo siempre humilde.

Nosotros debemos también, venerar, adorar y glorificar a la Santísima Trinidad. Para hacer esto bien, debemos conocer lo que verdaderamente enseña la Iglesia a este respecto.

Existen tres Personas en Dios, El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta pluralidad de Personas ha sido relatada en el Antiguo Testamento. “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Génesis 1:26), He aquí el hombre es como uno de nosotros (Génesis 3:22). Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. (Salmo 2:7). Con la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos con el espíritu de su boca. Psa 33:6 De acuerdo a la doctrina de los Padres de la Iglesia, se hace mención en estos textos, sobre la Santísima Trinidad. Por “Señor” entendemos Dios Padre. Por “palabra del Señor” a Dios Hijo y por “Espíritu de Su Boca”, Dios Espíritu Santo. Por estos y otros pasajes más, está claro que Dios en el Antiguo Testamento habla de Tres Personas en Dios.

Jesucristo Nuestro Señor, revelo claramente esta situación. Frecuentemente habló de Dios, Su Padre y de sí mismo como Su Hijo, quien es Uno con el Padre y a quien debemos honrar como lo hacemos con el Padre. De igual manera habló del Espíritu Santo a quien había de enviar.

En el Evangelio de hoy ordena a Sus apóstoles, enseñar y bautizar en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. En su bautismo vemos al Hijo, escuchamos la voz del Padre: “Bautizado Jesús, salió luego del agua; y he aquí que se abrieron los cielos, y vio al espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él, mientras una voz del cielo decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias” (San Mateo 3:16). San Pablo nos dice: “La gracia del Señor Jesucristo y la caridad de Dios y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros” (2da Carta a los Corintios. 13:13).

Los tres son verdaderamente Dios. Dios Padre es Dios (de esto no hay duda). El Hijo es Dios como lo testifica: “Yo y el Padre somos Uno” (San Juan 10:30). Y El Espíritu Santo es verdadero Dios como lo aclara san Pedro en su mensaje a Ananías. “ ¿por qué se ha apoderado Satanás de tu corazón, moviéndote a engañar al Espíritu Santo” (Hechos de los Apóstoles 5:3:4).

Las tres Personas son un solo Dios. La unidad de las Personas está establecida en las Sagradas Escrituras de distintas maneras que sería inadecuado citar más pasajes para probarlo. Jesucristo Nuestro Señor declara ampliamente que las tres Personas son un solo Dios verdadero. Claramente lo dice bautizar en “el nombre”, indicando sólo uno. “Son tres los que dan testimonio en el Cielo; El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; estos Tres son uno sólo. (1 de san Juan 5:7).

La fe nos enseña que las tres Personas tienen una sola esencia y naturaleza. Existe un solo Dios, luego entonces las tres personas son un solo Dios. Cada una es verdaderamente Dios porque tiene cada uno su naturaleza Divina, pero no son tres dioses, sino Uno sólo. Nada nos queda, sino creer humildemente este misterio; y esto lo podemos hacer, mientras más esté basada nuestra fe, en la palabra infalible de Dios nuestro Señor.

Difieren entre si, en su Persona mas no en su esencia. La persona del Padre no es la del Hijo ni la del Espíritu Santo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres nombres diferentes o formas de manifestación de un Dios, sino tres Personas realmente distintas una de la otra. El Padre es de Si mismo, no creado, no engendrado, no hecho. El Hijo es del Padre únicamente, no hecho, no creado no engendrado; Y el espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, no creado no engendrado, sino que procede.

El Padre se dice es el Creador: “al principio Dios, creó el cielo y la tierra” (Génesis 3:13). Dios Hijo, “nos ha redimido” (Gálatas 3:13) Dios Espíritu Santo “eres santificado en el espíritu del Padre (1 Corintios 6:11). Estas obras son atribuidas a cada persona porque corresponden a la peculiaridad de cada Persona, sin embargo, todas obran juntas en la creación, redención y santificación.

Que esta breve instrucción referente a la Santísima Trinidad sea una chispa que incremente el conocimiento y amor hacia Diosa, para que al así hacerlo aumente nuestra fe, esperanza y Caridad.

Así sea.

Saturday, May 30, 2009

DOMINGO DE PENTECOSTES

31 DE MAYO DE 2009

Queridos Hermanos:

El día de hoy celebramos la venida del Espíritu Santo (Dios de Amor) sobre los apóstoles y la Iglesia.

Se habla mucho de paz y amor pero muy poco existe realmente. El Espíritu Santo vino a los apóstoles porque ellos amaban a Dios. Este amor se manifestó en el amor a Jesucristo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. El amor a Jesucristo se manifestó al guardar y cumplir Su palabra.

Si ponemos un poquito de atención veremos que existe una cadena de eventos que nos llevan a Dios, por lo que si nos alejamos de esta conexión fallaremos en lograr nuestro objetivo que es la felicidad eterna con Dios en el Cielo.

Debemos empezar creyendo, con Fe verdadera, creer en Jesucristo, que es la Segunda Persona de la santísima Trinidad, que es verdadero Dios y verdadero Hombre.
Esta fe, nos encamina lógicamente a entender y hacer Su palabra. Esta fe nos da fuerza para querer saber qué es lo que Nos enseña, para concluir en el amor. Este amor es medido no tanto por lo que escuchamos de Su palabra sino por lo que hacemos con esta.

Este amor nos une más íntimamente con las Tres Divinas Personas. Dios nos ha amado con el mayor amor posible. Esto ocasiona que todas las almas que se encuentran en el orden establecido por Dios reflejen y trasmitan este amor. No podemos amar en la misma proporción en la que fuimos amados por primera vez, por lo tanto se nos deja amar completamente con todo lo que somos y tenemos.

Ahora que amamos a Jesucristo, el Padre nos ama aún mas enviándonos el Espíritu Paráclito para que habite en nosotros. El amor que tenemos por Dios nos acarrea una inmensidad de gracias de Él y estas gracias fortalecen e incrementan nuestro amor por Dios. Este ciclo continua todo el tiempo hasta que lo rompemos por el pecado. (La separación del amor) porque todo pecado es en esencia la falta de caridad. Pecamos cuando dejamos de amar a Dios, al dejarlo de amar dejamos de escucharlo, por lo tanto dejamos de obedecerlo (hacer Su voluntad).

Pero, ¿qué hace el Paráclito por nosotros? Atrae a nuestra mente todo lo que Jesucristo ha dicho y hecho. Conforme abrimos más nuestra mente y corazón aprendemos más y más sobre la palabra de Jesucristo. Mientras más sabemos de Jesucristo nuestro amor se incrementa y nos unimos en obediencia a Su voluntad.

Quienes no creen en Jesucristo no aman a Dios por lo tanto están condenados. Quienes tal vez si crean pero no obedecen realmente no lo aman por lo tanto corren la misma suerte que los primeros. Por lo tanto podemos decir que la mayoría serán condenados, toda vez que no aman a Dios al no cumplir Su palabra.

Los pagamos están condenados, quienes aman a Dios pero rechazan a Jesucristo también lo están así como los que rechazan Su palabra. Quienes no escuchan a Sus representantes no lo escuchan a Él, ni escuchan al Padre que lo envía, si no lo escuchan no pueden amarlo consecuentemente si no lo aman están condenados. No es suficiente proclamar fe en Jesucristo (la fe sin obras es una fe muerta). Debemos ordenar nuestras vidas a esta fe que nos hace cumplir Su voluntad.

Quienes contradicen Su voluntad como quienes promueven el divorcio, no cumplen Su palabra, no lo aman consecuentemente no tienen el Espíritu Santo en ellos, por lo tanto están perdidos. Quienes asesinan a sus hijos no nacidos por medio del aborto, manifiestan su falta de caridad y desinterés por la palabra de Dios y en sí, por Dios mismo. Quienes rehúsan beber su sangre y comer su cuerpo, rechazan Su palabra, consecuentemente serán condenados. Quienes se revelan y rechazan la obediencia a la autoridad legítima y verdadera no pueden decir que son guiados por el Espíritu Santo.
Vemos a la gran mayoría de cristianos condenados, como la gran cantidad de sectas existentes. El Espíritu Santo sólo habita en la Iglesia Católica. Fuera de la cual no existe la salvación. Sin embargo, ¿cuántos miembros de esta se salvarán? ¿Cuántos pueden realmente decir que aman a Jesucristo y dan testimonio de ello por sus acciones?

¿Dónde nos encontramos ahora? Aunque no seamos no creyentes, o falsos creyentes como muchos miembros de las sectas protestantes, o en la ya popular secta del Novus Ordo, en ningún momento podemos decir que estamos seguros de nuestra salvación.
Un examen de conciencia humilde y sincero nos dará una imagen clara de quien somos y a donde vamos en el cumplimiento de la Palabra de Jesucristo, consecuentemente de nuestro amor, fe y destino final en el Cielo o en el Infierno.

Pidamos ayuda al Espíritu Santo para que nos muestre a Jesucristo e incremente en nosotros la virtud esencial de la caridad y que aumente nuestro amor por el resto de nuestros días y continúe este amor por toda la eternidad.

Así sea.

Sunday, May 24, 2009

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

24 DE MAYO DE 2009

Queridos hermanos:

“Os echarán de la sinagoga; y vendrá tiempo en que todo que os matare, se persuadirá hacer a Dios un obsequio”.

Todo parece indicar que la Historia se repite nuevamente. Los que poseen la verdadera son una minoría y son expulsados y excomulgados por los no creyentes y herejes. Los verdaderos fieles fueron forzados a refugiarse en las catacumbas, lugares privados o escondidos, por no ser bien vistos en los edificios que en alguna ocasión fuera la casa de Dios. Hoy día vemos lo mismo al tener que oficiar la Santa Misa en lugares privados, hoteles, hogares etc.

Las hermosas iglesias que fueron construidas por nuestros ancestros para ser utilizadas por católicos ahora se encuentran en manos de herejes y todo lo sagrado ha sido expulsado y deshonrado por ceremonias falsamente católicas.

Quienes han mantenido algo de ornamentos y símbolos católicos, han convertido en museos lo que fuera un lugar de oración.

Es repulsivo ver lo que los herejes han hecho con la casa de Dios. Son verdaderamente cueva de ladrones, porque roban a la gente de la gracia de Dios y los medios para obtenerla.

Aunque no se nos ha amenazado públicamente con quitarnos la vida, existe un número considerado de personas que quisieran vernos muertos y estoy seguro que en su mente perversa creen que de esta manera, estarían agradando a Dios.

¿Qué hemos aprendido de la historia de la Iglesia y del evangelio de este día?

No nos escandalicemos por lo que nos dice Nuestro Señor. Si le han hecho eso a El que podemos esperar nosotros, si somos Sus discípulos. Ser odiados por el mundo, ser odiados por la mayoría debe ser una medalla de honor porque el mundo y la mayoría odian a Jesucristo.

No tengamos miedo a la cruz y al sufrimiento. No tengamos temor a la crítica e insinuaciones de los herejes. Aprendamos a amar nuestra cruz y disfrutémosla ya que nos une a Cristo.

El pastor ha sido golpeado y las ovejas se encuentran dispersas. Vemos grupos reducidos o individuos aquí y allá en todas partes del mundo. Los verdaderamente bendecidos tienen la oportunidad de asistir a Misa los domingos, algunos reciben los sacramentos una vez al mes o una vez al año y algunos menos que eso.

Los Apóstoles y la Iglesia primitiva tuvieron que soportar esta cruz como lo tenemos que hacer nosotros ahora. Vemos hoy día que la Iglesia es perseguida y suprimida.

No nos volvamos pusilánimes. Estas persecuciones y sufrimientos son testimonios claros a favor de su origen divino. Unamos nuestra alma a la esposa de Jesucristo y rechacemos al demonio. Unamos nuestra alma más y más a la Iglesia, mientras más sea suprimida y perseguida teniendo como consuelo la promesa y seguridad que Jesucristo nos dice: Las puertas del Infierno no prevalecerán sobre Ella.

La tentación de comprometer la fe o conformarse con esta situación, es grande, “para poder llevárnosla mejora con nuestra familia, amigos y vecinos”. Este es un instrumento muy potente en manos del demonio y de quienes odian a Jesucristo. Debemos resistir esta tentación. Tener en mente que viviremos nuestras vidas sólo para Dios es un instrumento de defensa muy fuerte en contra de los ataques del demonio. No importa lo que piensen o digan a nuestro alrededor, lo único que debe preocuparnos es que es lo que piensa Dios de nosotros y que nos dirá el día de nuestro juicio. Con este pensamiento en mente encontraremos la fuerza para resistir los ataques mortales de quienes dicen “amarnos”. Debemos ser fuertes como los apóstoles y encontrar gran consuelo por ser señalados por nuestra fe.

Debemos eliminar toda pasión desordenada de nuestra vida, ya que estas dejan ciegos a los hombres al grado de guardar los más grandes pecados y vicios como buenos y legales y más aún señalarlos como virtudes. Pongan atención a la predicación del evangelio de los verdaderos sacerdotes de Jesucristo, eviten siempre escuchar a los herejes y modernistas. Vivamos en humildad y piadosamente, para poder seguir a nuestro Señor Jesucristo en el Cielo.

Así sea.

Saturday, May 16, 2009

SAN PASCUAL BAILÓN

17 DE MAYO 2009

Queridos Hermanos:

Su santidad el Papa León XIII elevo a los Altares a san Pascual Bailón como Patrón de los congresos y sociedades Eucarísticas. Este humilde hermano Franciscano nació el 17 de mayo de 1540 y murió el 17 de mayo de 1592.

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los entendidos, y lo hayas revelado a los niños. (San Mateo 11:25)

Como un pobre campesino sin educación, a la edad de siete años, San Pascual no podía atender la Santa Misa todos los días, por lo que colocando una estatua de nuestra Señora de los Cielos en un árbol, para poder orar. Escuchaba atentamente las campanas de la Iglesia Franciscana cerca de ahí para saber cuando empezaría la Misa.

Al no poder dejar sus labores sin atender hacia una asistencia espiritual al santo Sacrificio con la mayor devoción posible en busca de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. En una ocasión nuestro Señor, le recompenso este gran deseo por recibir a Su Señor Eucaristía de una manera milagrosa al manifestársele en una vista amorosa a la altura del cielo donde él se encontraba, elevado por la mano de ángeles. Manifestaciones similares se le presentaron en varias ocasiones en su vida diaria.

A esta tierna edad, ya estaba acostumbrado a la penitencia. Se dice que frecuentemente acudían a él los ángeles para instruirlo en la santa doctrina. Siguió las palabras que Jesucristo nos da el día de hoy: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

A la edad de 34 años ingreso a la Orden de Frailes Menores como hermano lego. Era conocido por su obediencia perfecta y su amor por la Sagrada Eucaristía. Todo su tiempo libre lo dedicaba a estar en presencia de nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. “cuando no podía estar físicamente, lo hacía espiritualmente, porque Jesucristo era el tesoro de su corazón y nuestro corazón esta donde ama en lugar de donde se encuentra en ese momento.

Esto es algo que debemos considerar muy puntualmente hoy en nuestros días. “nuestros corazón vive donde ama en lugar de donde se encuentra en ese momento”. Vemos en estas palabras una gran verdad.

Hoy vemos que nos encontramos frecuentemente separados por las grandes distancias y obligaciones de la presencia ante Dios en Su morada. Existe una gran cantidad de falsas Iglesias a nuestro alrededor, incluyendo las del Novus Ordo. Sin embargo la verdadera casa de Dios se encuentra a gran distancia de los fieles seguidores de Cristo N.S. como miembros del cuerpo Místico, jamás estamos tan lejos de El espiritualmente aunque estemos lejos de su presencia Eucarística.

San Pascual nos enseña lo que debemos hacer cuando nos encontramos lejos de lo que debemos hacer. Debemos asistir espiritualmente al Santo Sacrificio de la Misa y debemos hacer comuniones espirituales. De esta manera nuestro corazón no se encuentra cautivo donde nuestro cuerpo se encuentra, sino que por el contrario viven donde encuentran a Jesucristo Eucarístico.

Frecuentemente hemos escuchado que Dios acepta el deseo por el acto. Sin embargo, desconocemos realmente el alcance de esta gran verdad. “Mas yo os digo, que cualquiera que mira a la mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” sería inútil para nosotros decir, “pero si nunca la toque”. Dios juzga más el deseo del corazón que la acciones de nuestro cuerpo. El día del Juicio habrá muchos que serán condenados al Fuego del Infierno por este pecado de su corazón que de los de su cuerpo.

De la misma manera existirán quienes reciban la recompensa eterna por el deseo de su corazón en lugar de las acciones de sus cuerpos

Me atrevería a decir que hay muchos que reciben a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía pero que su corazón está muy lejos de Dios. Tales almas reciben muy poco mérito si reciben alguno o tal vez sean más ofensivos a Dios si se mantuvieran alejados. Por otro lado hay quienes no pueden recibirlo físicamente pero que lo hacen de manera espiritual con gran atención, amor y devoción y reciben una gran cantidad de gracias de Dios.

Pidamos la intercesión de San Pascual Bailón en nuestras oraciones diarias para que nos muestre no sólo el verdadero amor que debemos tener por Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía sino también los medios para recibirlo. Mantengamos siempre en mente que: “nuestro corazón permanece donde ama en lugar donde se encuentre en ese momento” y mantengamos siempre presente lo que le permitimos a nuestro corazón amar y donde le permitimos habitar.

Así sea.