11 DE JULIO DE 2010
Queridos Hermanos:
La paga del pecado es la muerte; mas la gracia de Dios es vida eterna, en nuestro Señor (Rom. 6: 19;23).
En estas palabras de san Pablo vemos cual será el fruto final que producirá nuestra alma. Por lo tanto, armadOs con esto en mente, podemos conocernos los unos a los otros, como lo señala Nuestro Señor Jesucristo. “Por sus frutos los conoceréis”. (Mat. 7, 15-21).
San Pablo nos previene de nosotros mismos, para que obtengamos el pago de la gracia en lugar del pago por el pecado. Nuestro Señor Jesucristo nos previene de aquellos que han de venir a hacernos daño.
El evangelio de hoy empieza previniéndonos de los ataques de los falsos profetas que se presentan vestidos de ovejas, pero por dentro son voraces lobos.
Para que podamos producir Buenos frutos y merecer el pago de la gracia, no solo debemos cuidarnos y alejarnos del pecado, sino que debemos cuidarnos de quienes bajo la apariencia de ser buenas personas, nos arrastraran de regreso a los pecados que hemos abandonado.
Parece lo suficientemente difícil cuidarnos de nosotros mismos y mantener nuestra voluntad alineada, sin embargo, permanecer constantemente en guardia contra de los falsos profetas, es a simple vista una carga imposible de llevar.
Seria mas fácil si todos estos se presentaran como realmente son: Lobos voraces, basados en la muerte y la destrucción; pero son hipócritas que se presentan como pequeños corderos, simples, honestos y Buenos.
Todo esto significa que debemos fijarnos mucho más que la simple apariencia. Que debemos examinar sus frutos, para poder realmente conocerlos y evitar el mal y buscar el bien. Este mundo está repleto de personas que muestran, únicamente, una Hermosa fotografía de sí mismos. Existen también, quienes nos muestran todo lo bueno que Dios nos ha dado en este mundo, presentando a todas las personas como buenas, ven lo bueno de todas las religiones y buscan lo que une a todos los hombres más que las cosas que nos separan. Todo esto parece algo bueno, pero solo superficialmente.
Cuando vemos más allá de la simple apariencia y vemos los frutos de esta práctica, vemos una realidad fotográfica muy horrenda. Al descartar lo que separa una religión de la otra, debemos indiscutiblemente descartar una o más verdades que Cristo nos ha dejado y al hacer tal cosa obviamente, pecamos y merecemos el pago por este. Debemos recordar también, que el indiferentismo a la doctrina de Jesucristo es detestable por El mismo, nos lo dice claramente: “preferiría que fueran fríos o calientes”.
Este principio de la indiferencia, hermoso a simple vista, es realmente horrible, lo debemos juzgar por los frutos que produce y debemos estar alerta y en guardia en contra de este, por toda la falsedad que acarrea consigo.
Sin embargo, este no es el único principio falso que promueve la Nueva Iglesia (novus ordo), luego entonces no es el único del que debemos permanecer en alerta.
Los “tradicionalistas” también se presentan como mansos corderos. Muchos de estos promueven la idea de que lo único que importa es la Santa Misa en Latín; esto también suena bien, ya que la Misa es esencial para la verdadera fe y nuestra salvación. Sin embargo en su auto inducida miopía, se han vuelto indiferentes a muchas otras doctrinas y leyes, prácticas y verdadero orden que debe existir y preservarse para que pueda existir la Iglesia.
El simple hecho de que una persona pueda leer y-o cantar las oraciones de la santa Misa en latín, de una manera perfecta y Hermosa, predicar incluso, el sermón más inspirador y maravilloso, no lo hace esto, sacerdote valido. Más aun si es sacerdote valido y hace todas estas cosas, pero no tiene facultades legitimas, para hacer esto, de parte de un Obispo verdadero, o si está sujeto a una o mas herejías, debe ser etiquetado, sin lugar a dudas, como falso profeta y luego entonces ser evitado.
El fruto de los “tradicionalistas” es una verdadera anarquía, hay una unidad aparente, respecto a la Misa, pero su profundidad está a flor de piel. Los tradicionalistas son cabezas siguiendo sus propias direcciones, separando aquello que quizá han evitado los falsos profetas del Novus Ordo, solo para caer con los falsos profetas de la tradición.
Tengamos cuidado sobre todo de nosotros mismos, como nos lo dice San Pablo, al señalar que el pago del pecado no es el mismo al pago recibido por la gracia. Pero más aun, no olvidemos escuchar las palabras preventivas de nuestro señor Jesucristo, en contra de los falsos profetas.
Debemos pertenecer a la Iglesia de Jesucristo para salvarnos. Para hacer esto debemos poder separar la verdad de la mentira. La verdad puede que no tenga todo el esplendor y majestuosidad del error, pero produce y tiene frutos que el error no puede producir.
La Iglesia de Jesucristo fue fundada con base en los humildes pecadores, mismos que fueron orillados de manera forzada a adorar a Dios en las catacumbas, sin embargo, y muy a pesar de estas humillaciones mundanas, fueron ellos y solo estos que merecieron el pago de la gracia de Dios. Esta gracia no puede ser recibida fuera de la Iglesia católica.
Es solo por medio de los verdaderos obispos que hablan en nombre de Jesucristo y que mantienen todas las verdades y prácticas de la Iglesia por El fundada que, encontramos un verdadero cordero bajo la piel de oveja y el fruto de la vida eterna.
Así sea
Saturday, July 10, 2010
Saturday, July 3, 2010
DOMINGO SEXTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
4 DE JULIO DE 2010
Queridos Hermanos:
Consideremos, el día de hoy, la virtud de la templanza.
El evangelio de este día nos relata la forma en que se alimentó a una gran multitud. El alimento fue pan y pescado simplemente, no se habla de ninguna bebida. Con tal comida tan simple y común, parecería seguro decir que, en ningún momento se sobrepasaron en saciar esta necesidad.
Los peligros para nosotros hoy día es sin duda, ser indulgentes con la virtud de la templanza, y como podemos entender los daños que esto ocasiona son más severos aún. Frecuentemente tenemos una gran cantidad de comida y bebida incluso variada para que nos estimule a alimentarnos más de lo requerido. Además de estas sustancias utilizadas sin ningún control o templanza se debe incluir, el fumar, el alcohol, drogas tanto legales como ilegales. Etc. Nos hemos convertido en una sociedad tan insegura que debemos tener siempre algo, en nuestra boca. Veamos a nuestro alrededor para darnos cuenta de esta realidad y como la mayoría de la gente, tiene de manera constantemente en la boca, un cigarrillo, botella, bote de alguna bebida dulce, alcohol, goma de mascar etc.
Frecuentemente el vicio se convierte en adicción o algo compulsivo, por lo que muchos comen y beben sin ninguna necesidad, o pensar en las consecuencias de lo que hacen. De esta manera mucha gente cae más bajo que un animal bruto que, no consume, más de lo que necesita.
De hecho, miserables creaturas que somos hemos inventado formas para continuar mimando a nuestro apetito aún cuando nuestro cuerpo nos dice que ha tenido suficiente. ¿Cuántos tipos de ayuda digestiva están disponibles para controlar lo incomodo que ocasiona el descontrol alimenticio? ¿Cuántos hay que siguen el método Epicuro, de vomitar todo lo que pueden para poder seguir comiendo o bebiendo?
Lo horrible de este vicio, sin embargo, es sólo el comienzo del tren de destrucción y maldad que trae a nuestras vidas. Aparte de la destrucción de nuestra vida y salud, hay una destrucción espiritual que es aún más dañina.
Cuando estamos constantemente llenos, no estamos disponibles a trabajar con toda nuestra capacidad. Por el contrario el no uso de la templanza nos lleva a otros vicios como la envidia, impureza, lujuria etc.
San Pablo nos recuerda que así como murió Cristo debemos morir nosotros, por nuestro bautismo. Hemos renunciado al pecado y hemos voluntariamente muerto de igual forma a todos los placeres que nuestro cuerpo y el mundo promueven.
Es decir, esta muerte significa que, debemos diariamente crucificar esta carne nuestra, una y otra vez, al grado de poder decir verdaderamente que hemos muerto para el mundo y nuestro cuerpo, para poder resucitar gloriosamente con Cristo.
Al tener en cuenta lo que nuestra santa Madre, la Iglesia católica establece, en los dos tiempos de penitencia (adviento y cuaresma) en la que enfatizan la necesidad de la templanza en todo lo que hacemos, podemos decir que al hacer y cumplir este precepto, mantenemos la llave en nuestras manos, del control de nosotros mismos, el mundo y el demonio. El ayuno fue empleado por Nuestro Señor Jesucristo en varias ocasiones, para nuestra formación. Tengamos siempre en mente que algunos demonios, no pueden ser expulsados de nuestra alma con la sola oración, sino que se requiere de la unión de la oración y el ayuno.
De igual manera tenemos una gran cantidad de ejemplos de prácticas austeras, que nos han dejado muchos santos (realmente austeros, comparados con el libertinaje actual)
San Agustín, quien después de su conversión frecuentemente ayunaba, constantemente decía tener temor de sobrepasarse en las cosas mundanas. En la actualidad, nuestro comportamiento y todo a nuestro alrededor parece indicar que hemos hecho una religión de la alimentación, haciendo un dios a nuestros estomago. (O tal vez a nuestro paladar y lengua).
Ahora bien, si no podemos negarle nada a nuestro estomago, podemos decir únicamente que, somos incapaces de negar a nuestro cuerpo cualquier otro placer. El alcohólico y el que no tiene templanza pierdo todo control de su voluntad, destruyendo tanto su cuerpo como su alma. Sus cuerpos rebeldes que se encuentran sobrecargados con la comida y la bebida parecen encontrar placer en la impureza, juegos, adornos, galas y entretenimiento y no encuentra ningún placer en el trabajo y mucho menos en las cosas espirituales.
Es lógico pensar que muchos de los males que nos aquejas como sociedad son el resultado del desenfreno, que debilita y enferma nuestro ser.
Pero mucho más delicados son los males espirituales que nos aquejan. Muchos dicen no tener libertad de decidir. No tienen voluntad de decidir, de hacer oración sin distraerse, o frenar sus pasiones o deseos ilícitos. Sabemos que la oración ayuda mucho y que es más efectiva cuando va acompañada de alguna penitencia, y que tal vez, la penitencia más efectiva que está en nuestras manos es la del ayuno libremente aceptado.
Si aprendemos a ayunar por el amor de Dios, encontraremos una gran habilidad y fuerza para practicar la virtud y evitar el vicio. Muriendo poco a poco a nosotros mismos crecemos y vivimos más, fortalecidos en Jesucristo Nuestro Señor.
Así sea
Queridos Hermanos:
Consideremos, el día de hoy, la virtud de la templanza.
El evangelio de este día nos relata la forma en que se alimentó a una gran multitud. El alimento fue pan y pescado simplemente, no se habla de ninguna bebida. Con tal comida tan simple y común, parecería seguro decir que, en ningún momento se sobrepasaron en saciar esta necesidad.
Los peligros para nosotros hoy día es sin duda, ser indulgentes con la virtud de la templanza, y como podemos entender los daños que esto ocasiona son más severos aún. Frecuentemente tenemos una gran cantidad de comida y bebida incluso variada para que nos estimule a alimentarnos más de lo requerido. Además de estas sustancias utilizadas sin ningún control o templanza se debe incluir, el fumar, el alcohol, drogas tanto legales como ilegales. Etc. Nos hemos convertido en una sociedad tan insegura que debemos tener siempre algo, en nuestra boca. Veamos a nuestro alrededor para darnos cuenta de esta realidad y como la mayoría de la gente, tiene de manera constantemente en la boca, un cigarrillo, botella, bote de alguna bebida dulce, alcohol, goma de mascar etc.
Frecuentemente el vicio se convierte en adicción o algo compulsivo, por lo que muchos comen y beben sin ninguna necesidad, o pensar en las consecuencias de lo que hacen. De esta manera mucha gente cae más bajo que un animal bruto que, no consume, más de lo que necesita.
De hecho, miserables creaturas que somos hemos inventado formas para continuar mimando a nuestro apetito aún cuando nuestro cuerpo nos dice que ha tenido suficiente. ¿Cuántos tipos de ayuda digestiva están disponibles para controlar lo incomodo que ocasiona el descontrol alimenticio? ¿Cuántos hay que siguen el método Epicuro, de vomitar todo lo que pueden para poder seguir comiendo o bebiendo?
Lo horrible de este vicio, sin embargo, es sólo el comienzo del tren de destrucción y maldad que trae a nuestras vidas. Aparte de la destrucción de nuestra vida y salud, hay una destrucción espiritual que es aún más dañina.
Cuando estamos constantemente llenos, no estamos disponibles a trabajar con toda nuestra capacidad. Por el contrario el no uso de la templanza nos lleva a otros vicios como la envidia, impureza, lujuria etc.
San Pablo nos recuerda que así como murió Cristo debemos morir nosotros, por nuestro bautismo. Hemos renunciado al pecado y hemos voluntariamente muerto de igual forma a todos los placeres que nuestro cuerpo y el mundo promueven.
Es decir, esta muerte significa que, debemos diariamente crucificar esta carne nuestra, una y otra vez, al grado de poder decir verdaderamente que hemos muerto para el mundo y nuestro cuerpo, para poder resucitar gloriosamente con Cristo.
Al tener en cuenta lo que nuestra santa Madre, la Iglesia católica establece, en los dos tiempos de penitencia (adviento y cuaresma) en la que enfatizan la necesidad de la templanza en todo lo que hacemos, podemos decir que al hacer y cumplir este precepto, mantenemos la llave en nuestras manos, del control de nosotros mismos, el mundo y el demonio. El ayuno fue empleado por Nuestro Señor Jesucristo en varias ocasiones, para nuestra formación. Tengamos siempre en mente que algunos demonios, no pueden ser expulsados de nuestra alma con la sola oración, sino que se requiere de la unión de la oración y el ayuno.
De igual manera tenemos una gran cantidad de ejemplos de prácticas austeras, que nos han dejado muchos santos (realmente austeros, comparados con el libertinaje actual)
San Agustín, quien después de su conversión frecuentemente ayunaba, constantemente decía tener temor de sobrepasarse en las cosas mundanas. En la actualidad, nuestro comportamiento y todo a nuestro alrededor parece indicar que hemos hecho una religión de la alimentación, haciendo un dios a nuestros estomago. (O tal vez a nuestro paladar y lengua).
Ahora bien, si no podemos negarle nada a nuestro estomago, podemos decir únicamente que, somos incapaces de negar a nuestro cuerpo cualquier otro placer. El alcohólico y el que no tiene templanza pierdo todo control de su voluntad, destruyendo tanto su cuerpo como su alma. Sus cuerpos rebeldes que se encuentran sobrecargados con la comida y la bebida parecen encontrar placer en la impureza, juegos, adornos, galas y entretenimiento y no encuentra ningún placer en el trabajo y mucho menos en las cosas espirituales.
Es lógico pensar que muchos de los males que nos aquejas como sociedad son el resultado del desenfreno, que debilita y enferma nuestro ser.
Pero mucho más delicados son los males espirituales que nos aquejan. Muchos dicen no tener libertad de decidir. No tienen voluntad de decidir, de hacer oración sin distraerse, o frenar sus pasiones o deseos ilícitos. Sabemos que la oración ayuda mucho y que es más efectiva cuando va acompañada de alguna penitencia, y que tal vez, la penitencia más efectiva que está en nuestras manos es la del ayuno libremente aceptado.
Si aprendemos a ayunar por el amor de Dios, encontraremos una gran habilidad y fuerza para practicar la virtud y evitar el vicio. Muriendo poco a poco a nosotros mismos crecemos y vivimos más, fortalecidos en Jesucristo Nuestro Señor.
Así sea
Saturday, June 26, 2010
DOMINGO QUINTO DESPUÉS DE PENTECOSTES
27 de junio de 2010
Queridos Hermanos:
El día de hoy es un buen momento para que reflexionemos, cual ha sido nuestro comportamiento.
En la epístola de este día, san Pedro nos da algunas lecciones muy saludables que debemos considerar para vivir en paz y armonía entre nosotros. De igual forma nuestro Señor Jesucristo nos advierte que debemos ser mucho mejor que los Escribas y Fariseos para poder entrar en el reino del Cielo.
Ahora bien, como nos presentamos ante los demás, es decir, la apariencia, es buena y necesaria pero no suficiente. Es bueno para nosotros vivir en paz entre nosotros, pero es mucho más necesario que nos amemos los unos a los otros, desde lo más profundo de nuestro corazón. Dios ve nuestro corazón y en base a este nos ha de juzgar. La apariencia exterior contará sólo de manera secundaria y en una mínima porción, porque ésta, también es necesaria para la edificación de nuestro prójimo y la eliminación del escándalo.
Lo que guardamos en nuestro corazón es lo que Dios ve y juzga. Esto es lo que los escribas y fariseos nunca entendieron. Exteriormente vestían con apariencia de justicia pero, eran los más injustos.
Mientras que podían decir que no habían matada físicamente a nadie, en su corazón si lo habían hecho muchas veces con el odio que los consumía. Podemos matar a alguien físicamente, sólo una vez, más con el odio en nuestro corazón cometemos este asesinato muchísimas veces. Esta actitud hipócrita es la que Jesucristo rechazaba y detestaba de los escribas y fariseos. Mientras pretendían ser virtuosos y amar a Dios, lo que realmente hacían era que se revelaban violentamente en Su contra.
De igual forma sucede con el vicio de impureza, no es suficiente evitar el pecado físicamente; que es lo que hacían los escribas y fariseos. Se peca en contra de esta virtud por el simple hecho de desear hacerlo:
“Todo aquel que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón.”
¿Cuántos podemos contar, hoy día, que son culpables de estos dos pecados, de y en su corazón?
San pablo nos da la amonestación para que practiquemos las diferentes virtudes que nos ayudan a vivir en paz los unos con los otros. Nuestro señor Jesucristo nos da los medios para este fin.
Toda la maldad se inicia en nuestro corazón. No es lo que entra en el hombre que lo contamina, sino lo que sale de muy dentro de este.
Si habremos de guardar el mandamiento, no matarás, debemos empezar analizando nuestro corazón, donde la semilla del asesinato nace y crece. Debemos arrancar, no sólo el odio de nuestro corazón, sino que debemos además de esto, replantar la virtud del amor, en su lugar.
Para vivir en armonía como nos lo dice san Pedro, debemos no sólo evitar matarnos entre nosotros y hacer más que, dejar de odiarnos los unos a los otros. Debemos amarnos verdaderamente. Para ayudarnos en esto, se nos recuerda que somos todos hijos de Dios y que por lo tanto debemos vivir pacíficamente en la caridad fraterna de verdaderos hermanos y hermanas.
Debemos practicar la misericordia sobre los demás compartiendo nuestras cruces y sufrimientos, de esta manera hacemos la vida de los demás no sólo más tolerable sino más placentera, en medio de los sufrimientos y tribulaciones. La carga compartida es más liviana y el placer compartido se incrementa.
Debemos ser modestos no sólo en nuestra forma de vestir y conducta, sino que también y sobre todo en la profundidad de nuestra alma. Si verdaderamente amamos, jamás buscamos pasarnos ni ser arrogantes en nuestro comportamiento, sino que por el contrario preferimos errar al lado seguro de la humildad y modestia.
Debemos recordar siempre que debemos estar en guardia y vigilantes. Lo que permitimos escuchar y ver, es lo que entrará a nuestro corazón; de igual manera lo que permitimos nacer, crecer y enraizarse en nuestro corazón; lo que ha crecido y fortalecido en nuestro corazón es lo eventualmente se manifestará en nuestras palabras y acciones.
Para mantener nuestras palabras y acciones santas y puras delante de los hombres debemos primeramente mantener nuestra mente, corazón y alma puros, delante de Dios.
Recordemos que no es suficiente evitar el mal, debemos incrementar el bien. Mientras cortamos las rices del mal plantemos y llenemos de nutrientes la virtud. De esta manera nuestras virtudes no serán como la de los hipócritas y nuestra justicia excederá a la de los escribas y fariseos y seremos sin duda merecedores de entrar al reino de los cielos.
Que así sea.
Queridos Hermanos:
El día de hoy es un buen momento para que reflexionemos, cual ha sido nuestro comportamiento.
En la epístola de este día, san Pedro nos da algunas lecciones muy saludables que debemos considerar para vivir en paz y armonía entre nosotros. De igual forma nuestro Señor Jesucristo nos advierte que debemos ser mucho mejor que los Escribas y Fariseos para poder entrar en el reino del Cielo.
Ahora bien, como nos presentamos ante los demás, es decir, la apariencia, es buena y necesaria pero no suficiente. Es bueno para nosotros vivir en paz entre nosotros, pero es mucho más necesario que nos amemos los unos a los otros, desde lo más profundo de nuestro corazón. Dios ve nuestro corazón y en base a este nos ha de juzgar. La apariencia exterior contará sólo de manera secundaria y en una mínima porción, porque ésta, también es necesaria para la edificación de nuestro prójimo y la eliminación del escándalo.
Lo que guardamos en nuestro corazón es lo que Dios ve y juzga. Esto es lo que los escribas y fariseos nunca entendieron. Exteriormente vestían con apariencia de justicia pero, eran los más injustos.
Mientras que podían decir que no habían matada físicamente a nadie, en su corazón si lo habían hecho muchas veces con el odio que los consumía. Podemos matar a alguien físicamente, sólo una vez, más con el odio en nuestro corazón cometemos este asesinato muchísimas veces. Esta actitud hipócrita es la que Jesucristo rechazaba y detestaba de los escribas y fariseos. Mientras pretendían ser virtuosos y amar a Dios, lo que realmente hacían era que se revelaban violentamente en Su contra.
De igual forma sucede con el vicio de impureza, no es suficiente evitar el pecado físicamente; que es lo que hacían los escribas y fariseos. Se peca en contra de esta virtud por el simple hecho de desear hacerlo:
“Todo aquel que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón.”
¿Cuántos podemos contar, hoy día, que son culpables de estos dos pecados, de y en su corazón?
San pablo nos da la amonestación para que practiquemos las diferentes virtudes que nos ayudan a vivir en paz los unos con los otros. Nuestro señor Jesucristo nos da los medios para este fin.
Toda la maldad se inicia en nuestro corazón. No es lo que entra en el hombre que lo contamina, sino lo que sale de muy dentro de este.
Si habremos de guardar el mandamiento, no matarás, debemos empezar analizando nuestro corazón, donde la semilla del asesinato nace y crece. Debemos arrancar, no sólo el odio de nuestro corazón, sino que debemos además de esto, replantar la virtud del amor, en su lugar.
Para vivir en armonía como nos lo dice san Pedro, debemos no sólo evitar matarnos entre nosotros y hacer más que, dejar de odiarnos los unos a los otros. Debemos amarnos verdaderamente. Para ayudarnos en esto, se nos recuerda que somos todos hijos de Dios y que por lo tanto debemos vivir pacíficamente en la caridad fraterna de verdaderos hermanos y hermanas.
Debemos practicar la misericordia sobre los demás compartiendo nuestras cruces y sufrimientos, de esta manera hacemos la vida de los demás no sólo más tolerable sino más placentera, en medio de los sufrimientos y tribulaciones. La carga compartida es más liviana y el placer compartido se incrementa.
Debemos ser modestos no sólo en nuestra forma de vestir y conducta, sino que también y sobre todo en la profundidad de nuestra alma. Si verdaderamente amamos, jamás buscamos pasarnos ni ser arrogantes en nuestro comportamiento, sino que por el contrario preferimos errar al lado seguro de la humildad y modestia.
Debemos recordar siempre que debemos estar en guardia y vigilantes. Lo que permitimos escuchar y ver, es lo que entrará a nuestro corazón; de igual manera lo que permitimos nacer, crecer y enraizarse en nuestro corazón; lo que ha crecido y fortalecido en nuestro corazón es lo eventualmente se manifestará en nuestras palabras y acciones.
Para mantener nuestras palabras y acciones santas y puras delante de los hombres debemos primeramente mantener nuestra mente, corazón y alma puros, delante de Dios.
Recordemos que no es suficiente evitar el mal, debemos incrementar el bien. Mientras cortamos las rices del mal plantemos y llenemos de nutrientes la virtud. De esta manera nuestras virtudes no serán como la de los hipócritas y nuestra justicia excederá a la de los escribas y fariseos y seremos sin duda merecedores de entrar al reino de los cielos.
Que así sea.
Saturday, June 19, 2010
DOMINGO CUARTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
20 de junio de 2010
Queridos Hermanos:
“Los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria venidera”
San Pablo, con estas palabras, de la epístola de hoy, nos trae una gran paz al alma, conforme cargamos nuestras cruces y dificultades en este mundo.
Todos y cada uno de nosotros, en este mundo, debemos cargar con algún tipo de cruces. Los católicos tenemos con la fe los medios para sujetar estas cruces y hacerlas dulces y ligeras, cosa que no poseen los no creyentes.
Los pobres incrédulos deben tolerar los sufrimientos de su cruz presente, la cual hacen aún más insoportable con su resistencia y rechazo, y si nunca se convierten, sus sufrimientos se incrementaran considerablemente y continuara, por toda la eternidad en el infierno.
El católico al amar tiene en si mismo los medios de hacer su cruz no sólo más tolerable sino que puede alcanzar el punto de regocijarse en ella y agradecer a Dios por esta. Esto mitiga y remueve el castigo merecido después de la muerte.
Si sólo pudiéramos ver y contemplar la felicidad del Cielo empezaríamos a entender que aún las cruces más difíciles que debemos cargar en esta vida son piezas insignificantes que debemos pagar por el gozo del Cielo.
Una vez que hacemos nuestro este pensamiento, no pasa mucho tiempo en el que entendemos que mientras mayor y más prolongado sea el sufrimiento en esta vida mucho mayor será la recompensa que nos espera.
De esta manera podemos entender porque los santos buscaban más cruces, deseaban ser humillados y sufrir, en esta vida, todas las cruces que les fuera posible soportar.
Sin la verdadera fe todos los sufrimientos se vuelven sin ningún valor y son una pérdida de tiempo. Esta es una de las razones por la que podemos ver a nuestro alrededor como los que no tienen fe buscan por todos los medios eliminar o evitar todo lo que signifique dolor o sufrimiento.
Mientras más buscan huir de estos sufrimientos, más intensamente se les presentan e incrementan estos. Lo que no pueden soportar en sus cuerpos lo soportaran en su alma. Siendo angustiados tanto física como espiritualmente.
En la búsqueda incesante, por una vida en este mundo separada de toda incomodidad, se “receta” algún tipo de droga, sexo ilícito, entretenimiento y distracciones de todo tipo. En esta degeneración moral, su alma empieza también a sufrir aún cuando el dolor en su cuerpo se incrementa debido al abuso que hacen de este.
De igual forma vemos el intento, sin fin, por terminar todos estos sufrimientos de parte de la sociedad. Esta gente sin fe ven los sufrimientos y pobreza de las demás gentes y están dispuestos en su “humanismo” a poner un fin a esta pobreza, enfermedad e incomodidades. Resultando en vano todo sus esfuerzos. No importa cuánto dinero regalen siempre habrá pobreza. No importa cuanta comida se regale siempre habrá gente con hambre. No importa cuanta “medicina” se distribuya siempre habrá algún tipo de enfermedad y tal vez haya más que antes, por los conocidos “efectos secundarios” de estos medicamentos.
Ayudar a los que más lo necesitan es una actividad noble y necesaria como parte de nuestra fe, sólo que necesita hacerse, por amor, no por el valor mundano o el intento egoísta por eliminar los sufrimientos de este mundo. Todos estos experimentos sabemos bien que, son un rotunda fracaso. Todo parece que estos sufrimientos se multiplican en lugar de disminuir. Luego entonces surge su lógica diabólica, de concluir que para verdaderamente eliminar el sufrimiento de los demás es eliminando a quienes están sufriendo. Este es el origen de la meta del Satánico Nuevo orden Mundial, eliminar la mitad de la población del mundo.
Que noble, engañosamente seria, asesinar a los niños aún no nacidos para evitarles un sufrimiento mayor en este mundo, o eliminar a los ancianos y enfermos para que ya no sufran más.
Podemos con una nobleza engañosa, eliminar la pobreza eliminando a los pobres en una guerra.
Como católicos, debemos encontrar el bien en todos los sufrimientos en lugar de tratar huir de ellos o destruirlos. Debemos abrazarlos como lo hizo Jesucristo con nosotros. El sufrimiento en este mundo es un pago insignificante que debemos pagar por el gozo del Cielo. Huir de la cruz es una manera tacaña de querer hacer el pago de la salvación eterna. Si no se hace el pago correspondiente no tendremos acceso.
Con esto en mente, aceptemos de manera voluntaria, libre y amorosamente todos los sufrimientos que Dios nos mande en esta vida, con la esperanza que estos sufrimientos abrirán las puertas del cielo para nosotros y tal vez para alguien más si ofrecemos este sacrificio. Es verdaderamente insignificante lo que tenemos que pagar por la gran recompensa de la felicidad eterna.
Así sea
Queridos Hermanos:
“Los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria venidera”
San Pablo, con estas palabras, de la epístola de hoy, nos trae una gran paz al alma, conforme cargamos nuestras cruces y dificultades en este mundo.
Todos y cada uno de nosotros, en este mundo, debemos cargar con algún tipo de cruces. Los católicos tenemos con la fe los medios para sujetar estas cruces y hacerlas dulces y ligeras, cosa que no poseen los no creyentes.
Los pobres incrédulos deben tolerar los sufrimientos de su cruz presente, la cual hacen aún más insoportable con su resistencia y rechazo, y si nunca se convierten, sus sufrimientos se incrementaran considerablemente y continuara, por toda la eternidad en el infierno.
El católico al amar tiene en si mismo los medios de hacer su cruz no sólo más tolerable sino que puede alcanzar el punto de regocijarse en ella y agradecer a Dios por esta. Esto mitiga y remueve el castigo merecido después de la muerte.
Si sólo pudiéramos ver y contemplar la felicidad del Cielo empezaríamos a entender que aún las cruces más difíciles que debemos cargar en esta vida son piezas insignificantes que debemos pagar por el gozo del Cielo.
Una vez que hacemos nuestro este pensamiento, no pasa mucho tiempo en el que entendemos que mientras mayor y más prolongado sea el sufrimiento en esta vida mucho mayor será la recompensa que nos espera.
De esta manera podemos entender porque los santos buscaban más cruces, deseaban ser humillados y sufrir, en esta vida, todas las cruces que les fuera posible soportar.
Sin la verdadera fe todos los sufrimientos se vuelven sin ningún valor y son una pérdida de tiempo. Esta es una de las razones por la que podemos ver a nuestro alrededor como los que no tienen fe buscan por todos los medios eliminar o evitar todo lo que signifique dolor o sufrimiento.
Mientras más buscan huir de estos sufrimientos, más intensamente se les presentan e incrementan estos. Lo que no pueden soportar en sus cuerpos lo soportaran en su alma. Siendo angustiados tanto física como espiritualmente.
En la búsqueda incesante, por una vida en este mundo separada de toda incomodidad, se “receta” algún tipo de droga, sexo ilícito, entretenimiento y distracciones de todo tipo. En esta degeneración moral, su alma empieza también a sufrir aún cuando el dolor en su cuerpo se incrementa debido al abuso que hacen de este.
De igual forma vemos el intento, sin fin, por terminar todos estos sufrimientos de parte de la sociedad. Esta gente sin fe ven los sufrimientos y pobreza de las demás gentes y están dispuestos en su “humanismo” a poner un fin a esta pobreza, enfermedad e incomodidades. Resultando en vano todo sus esfuerzos. No importa cuánto dinero regalen siempre habrá pobreza. No importa cuanta comida se regale siempre habrá gente con hambre. No importa cuanta “medicina” se distribuya siempre habrá algún tipo de enfermedad y tal vez haya más que antes, por los conocidos “efectos secundarios” de estos medicamentos.
Ayudar a los que más lo necesitan es una actividad noble y necesaria como parte de nuestra fe, sólo que necesita hacerse, por amor, no por el valor mundano o el intento egoísta por eliminar los sufrimientos de este mundo. Todos estos experimentos sabemos bien que, son un rotunda fracaso. Todo parece que estos sufrimientos se multiplican en lugar de disminuir. Luego entonces surge su lógica diabólica, de concluir que para verdaderamente eliminar el sufrimiento de los demás es eliminando a quienes están sufriendo. Este es el origen de la meta del Satánico Nuevo orden Mundial, eliminar la mitad de la población del mundo.
Que noble, engañosamente seria, asesinar a los niños aún no nacidos para evitarles un sufrimiento mayor en este mundo, o eliminar a los ancianos y enfermos para que ya no sufran más.
Podemos con una nobleza engañosa, eliminar la pobreza eliminando a los pobres en una guerra.
Como católicos, debemos encontrar el bien en todos los sufrimientos en lugar de tratar huir de ellos o destruirlos. Debemos abrazarlos como lo hizo Jesucristo con nosotros. El sufrimiento en este mundo es un pago insignificante que debemos pagar por el gozo del Cielo. Huir de la cruz es una manera tacaña de querer hacer el pago de la salvación eterna. Si no se hace el pago correspondiente no tendremos acceso.
Con esto en mente, aceptemos de manera voluntaria, libre y amorosamente todos los sufrimientos que Dios nos mande en esta vida, con la esperanza que estos sufrimientos abrirán las puertas del cielo para nosotros y tal vez para alguien más si ofrecemos este sacrificio. Es verdaderamente insignificante lo que tenemos que pagar por la gran recompensa de la felicidad eterna.
Así sea
Saturday, June 12, 2010
FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE PADUA
13 DE JUNIO DE 2010
Queridos Hermanos:
El día de hoy celebramos la festividad de San Antonio de Padua. San Antonio es frecuentemente presentado tanto en fotografías como imágenes, con el Divino Niño Jesús en sus brazos y con un lirio al costado.
San Antonio desde su juventud practicó total y completamente amor y servicio a Dios. A la edad de 15 años dejó su hogar en Lisboa para unirse a los Clérigos de san Agustín en Coímbra.
Su maestro el célebre Abad Tomas de Vercelli, testifica que San Antonio “crecía tanto en el amor de Dios, que podemos ampliamente decir y aplicar las palabras que el Santo Evangelio dice de san Juan Bautista: “él era una flama, fuego consumidor… del Divino Amor”.
Desde niño, hizo el voto de castidad perpetua a Dios y buscó siempre la pureza con todo su ser tanto de cuerpo como de alma.
Restricciones totales para sus sentidos, oración incesante y un gran y tierno amor a Jesús y María, le ayudaron sobreponerse a todos los peligros en contra de la pureza. Esta santa pureza le abrió el camino a la sabiduría de Dios.
Se entregó por completo a sus estudios, sin embargo su mayor deseo fue el del martirio.
Cuando vio los restos de los primeros mártires franciscanos, fue inspirado a separarse de los clérigos de san Agustín e incorporarse a los Orden de frailes menores (los Franciscanos).
Nuevamente fue frustrado su deseo por el martirio, pero encontró pronto una especie de martirio espiritual, en el que podía ofrecerse mejor a Dios. Humildemente escondía su talento a la vista de las personas, buscando las labores más insignificantes en la cocina y jardines del convento de Monte Paolo. En esta posición tan humilde, encontró gran alegría y consuelo. Se humillo aún más delante de Dios, dando sólo a Dios todo el honor y Gloria.
En lugar de buscar los primeros lugares, san Antonio, busco siempre los lugares más insignificantes. Y no tardo mucho en que Dios Nuestro Señor, le dijera: “amigo, sube un escalón más”
Dios tenía otros planes para San Antonio y no permitiría que esta luz se quedara bajo los arbustos. Un cierto día, se le pidió que hablara a unos recién ordenados sacerdotes, franciscanos y dominicos. Al momento en que empezó a hablar, pudo ser evidente que tendría mayores obras a realizar a las que hacía en la cocina y el jardín.
Se le encomendó la tarea de enseñar teología dentro de la Orden. Posición que le fue encomendada por San Francisco mismo. Dios quería aún más de esta flama de amor. No era suficiente que preparará a otros frailes en las ciencias sagradas, se le designo posteriormente, la misión de predicador. Predicó en grandes ciudades de Francia e Italia. Las iglesias no podían contener a todas las personas que acudían para escucharlo, por lo que decidió predicar en los campos, plazas públicas y a la orilla de los ríos. Su misión celestial fue confirmada por la gran cantidad de milagros que realizó.
Lucho en contra de la herejía de los albigenses con tal éxito que su santidad el Papa Gregorio IX le otorgó el título de “azote de los herejes”.
Este magnífico doctor de la Iglesia tiene algo que dar a cada uno de nosotros desde el mayor en grado y dignidad hasta el más insignificante y menor de todos; si tan sólo observamos y escuchamos atentamente su vida y sabiduría.
La sabiduría es inseparable de la pureza. El Espíritu Santo declara, en el Libro de la Sabiduría: “La sabiduría no entra en el corazón impuro”. San Antonio poseía gran sabiduría precisamente por practicar tal pureza. Esto le era posible gracias a que era humilde y se mantenía siempre ocupado. Oraba y practicaba la custodia de sus ojos, mortificación de los sentidos, sentido de la vergüenza y devoción a la Santísima Virgen.
El mundo de hoy está falto de tal sabiduría por la falta de pureza y nos falta esta por no ser humildes y no hacer oración, especialmente a nuestra Santísima Madre, como debemos hacerlo. No le negamos ningún placer a nuestro cuerpo, al grado de convertirse estos en tiranos gobernando y controlando nuestra vida con sus pasiones.
Debemos aprender a controlar estos deseos y negarnos a nosotros mismos muchas cosas, aún las que no sean pecado. (Negarnos sólo lo que es pecado, no es ningún sacrificio). Debemos gobernar todos nuestros sentidos, pero de manera especial nuestros ojos que buscan placer en las cosas creadas. Si queremos ver a Dios con nuestros propio ojos, deben ser estos puros y aislados de cosas insignificantes. Con nuestra mirada puesta en Dios en el Cielo se hace posible que venzamos muchas tentaciones de buscar placer en los sentidos corporales y las cosas de este mundo.
Debemos hacer nuestro el evangelio de este día y recordar que como católicos somos la sal del mundo y si perdemos nuestro camino de católicos no seremos dignos de ninguna otra cosa que ser expulsados.
Pidamos a San Antonio que engendre en nosotros el verdadero amor por Dios así como por la Sabiduría y pureza, con la cual podamos también nosotros merecer la corona de la gloria eterna en el Cielo.
Así sea.
Queridos Hermanos:
El día de hoy celebramos la festividad de San Antonio de Padua. San Antonio es frecuentemente presentado tanto en fotografías como imágenes, con el Divino Niño Jesús en sus brazos y con un lirio al costado.
San Antonio desde su juventud practicó total y completamente amor y servicio a Dios. A la edad de 15 años dejó su hogar en Lisboa para unirse a los Clérigos de san Agustín en Coímbra.
Su maestro el célebre Abad Tomas de Vercelli, testifica que San Antonio “crecía tanto en el amor de Dios, que podemos ampliamente decir y aplicar las palabras que el Santo Evangelio dice de san Juan Bautista: “él era una flama, fuego consumidor… del Divino Amor”.
Desde niño, hizo el voto de castidad perpetua a Dios y buscó siempre la pureza con todo su ser tanto de cuerpo como de alma.
Restricciones totales para sus sentidos, oración incesante y un gran y tierno amor a Jesús y María, le ayudaron sobreponerse a todos los peligros en contra de la pureza. Esta santa pureza le abrió el camino a la sabiduría de Dios.
Se entregó por completo a sus estudios, sin embargo su mayor deseo fue el del martirio.
Cuando vio los restos de los primeros mártires franciscanos, fue inspirado a separarse de los clérigos de san Agustín e incorporarse a los Orden de frailes menores (los Franciscanos).
Nuevamente fue frustrado su deseo por el martirio, pero encontró pronto una especie de martirio espiritual, en el que podía ofrecerse mejor a Dios. Humildemente escondía su talento a la vista de las personas, buscando las labores más insignificantes en la cocina y jardines del convento de Monte Paolo. En esta posición tan humilde, encontró gran alegría y consuelo. Se humillo aún más delante de Dios, dando sólo a Dios todo el honor y Gloria.
En lugar de buscar los primeros lugares, san Antonio, busco siempre los lugares más insignificantes. Y no tardo mucho en que Dios Nuestro Señor, le dijera: “amigo, sube un escalón más”
Dios tenía otros planes para San Antonio y no permitiría que esta luz se quedara bajo los arbustos. Un cierto día, se le pidió que hablara a unos recién ordenados sacerdotes, franciscanos y dominicos. Al momento en que empezó a hablar, pudo ser evidente que tendría mayores obras a realizar a las que hacía en la cocina y el jardín.
Se le encomendó la tarea de enseñar teología dentro de la Orden. Posición que le fue encomendada por San Francisco mismo. Dios quería aún más de esta flama de amor. No era suficiente que preparará a otros frailes en las ciencias sagradas, se le designo posteriormente, la misión de predicador. Predicó en grandes ciudades de Francia e Italia. Las iglesias no podían contener a todas las personas que acudían para escucharlo, por lo que decidió predicar en los campos, plazas públicas y a la orilla de los ríos. Su misión celestial fue confirmada por la gran cantidad de milagros que realizó.
Lucho en contra de la herejía de los albigenses con tal éxito que su santidad el Papa Gregorio IX le otorgó el título de “azote de los herejes”.
Este magnífico doctor de la Iglesia tiene algo que dar a cada uno de nosotros desde el mayor en grado y dignidad hasta el más insignificante y menor de todos; si tan sólo observamos y escuchamos atentamente su vida y sabiduría.
La sabiduría es inseparable de la pureza. El Espíritu Santo declara, en el Libro de la Sabiduría: “La sabiduría no entra en el corazón impuro”. San Antonio poseía gran sabiduría precisamente por practicar tal pureza. Esto le era posible gracias a que era humilde y se mantenía siempre ocupado. Oraba y practicaba la custodia de sus ojos, mortificación de los sentidos, sentido de la vergüenza y devoción a la Santísima Virgen.
El mundo de hoy está falto de tal sabiduría por la falta de pureza y nos falta esta por no ser humildes y no hacer oración, especialmente a nuestra Santísima Madre, como debemos hacerlo. No le negamos ningún placer a nuestro cuerpo, al grado de convertirse estos en tiranos gobernando y controlando nuestra vida con sus pasiones.
Debemos aprender a controlar estos deseos y negarnos a nosotros mismos muchas cosas, aún las que no sean pecado. (Negarnos sólo lo que es pecado, no es ningún sacrificio). Debemos gobernar todos nuestros sentidos, pero de manera especial nuestros ojos que buscan placer en las cosas creadas. Si queremos ver a Dios con nuestros propio ojos, deben ser estos puros y aislados de cosas insignificantes. Con nuestra mirada puesta en Dios en el Cielo se hace posible que venzamos muchas tentaciones de buscar placer en los sentidos corporales y las cosas de este mundo.
Debemos hacer nuestro el evangelio de este día y recordar que como católicos somos la sal del mundo y si perdemos nuestro camino de católicos no seremos dignos de ninguna otra cosa que ser expulsados.
Pidamos a San Antonio que engendre en nosotros el verdadero amor por Dios así como por la Sabiduría y pureza, con la cual podamos también nosotros merecer la corona de la gloria eterna en el Cielo.
Así sea.
Saturday, June 5, 2010
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTES
6 junio de 2010
Queridos hermanos:
Al parecer, en cuestiones espirituales, todos tenemos siempre alguna excusa para no realizarlas.
Hacemos grandes esfuerzos y encontramos siempre tiempo para realizar todo tipo de cuestiones efímeras y mundanas, pero nos rehusamos hacer sacrificios similares cuando se trata de nuestro placer eterno y bienestar de nuestra alma.
Encontramos todo tipo de razones para salir, en horas de trabajo y realizar actividades efímeras mucho más placenteras. Ponemos en riesgo nuestra propia salud y bienestar, por lograr ventajas monetarias. Hay quienes continúan laborando, acosta de poner en riesgo su propia salud porque dicen “necesitan el dinero” o no quieren perder su empleo.
Sin embargo, cuando se trata de las cosas de Dios, no tenemos ningún temor o vergüenza en hacerlo a un lado e inventar excusas para justificar no hacer lo que El nos pide.
El evangelio de hoy, nos previene a todos. Dios pide (exige) de nosotros nuestros primeros frutos, pero siempre o casi siempre recibe migajas, si es que le damos algo.
Nos pide orar todos los días. Y si cumplimos con esto, regularmente es al final del día, cuando estamos ya cansados y no podemos concentrarnos en lo que decimos ni mantenernos despiertos. Rápidamente inventamos la excusa de que, Dios lo va a entender. Y es verdad, Dios entiende mucho más de lo que creemos. Entiende que estamos cansados y que tenemos dificultad al hacer oración después de haber entregados las mejores horas del día a los placeres de este mundo y le ofrecemos los más insignificantes minutos que nos sobran.
No olvidemos la lección de Caín y Abel. Dios quiere lo mejor de nosotros, no lo peor. Quiere ocupar el primer lugar, no el último. También Caín ofreció un sacrificio e hizo oración. Tal vez pensó que Dios entendería. Dios ve claramente y sabe cuando le estamos ofreciendo dones inferiores; tal vez esta es una de las razones por las que, no son escuchadas muchas oraciones. Ofrecemos un insulto a la dignidad y majestuosidad de Dios y nos engañamos al pensar que Dios está contento con la miseria que le ofrecemos.
Recordemos la ofrenda que hace la viuda de que nos habla el evangelio. La ofrenda fue insignificante, tal vez, pero dio lo mejor que ella tenía, lo cual implicaba un gran sacrificio para esta mujer. Le entrego a Dios su mejor y primer fruto, no el último.
Es irrelevante para Dios, en cierta manera, el tamaño o cantidad del sacrificio que ofrecemos, ya que Dios tiene todo y no necesita de nuestros sacrificios, sin embargo, si son importantes, ya que Dios quiere que lo amemos de manera que le entreguemos lo mejor de nosotros.
Si la ofrenda que entregamos, no es lo máximo de lo que mejor que tenemos, no es digna de ser entregada a Dios.
De igual manera como reducimos o eliminamos cómodamente nuestras oraciones diarias lo hacemos con nuestras obligaciones dominicales. Encontramos excusas para no asistir a Misa, o para salirnos antes de tiempo, etc.
Es muy conveniente para nosotros, planear nuestras vacaciones para salir en sábado en lugar del lunes, y decir a Dios; tengo unas vacaciones programadas por favor “discúlpame” o tengo un juego o entretenimiento que debo asistir, por favor discúlpame si reduzco el tiempo de la oración o que debo dedicarlo a ti. O lo que es peor aún, me siento cansado para levantarme y asistir a Misa el domingo, o mantenerme despierto para hacer oración, porque la Misa es muy temprano etc.
Existen algunas excusas validas y legitimas que puede perdonar Dios, sin embargo, debemos de igual manera, estar dispuestos a ofrecer algún otro sacrificio cuando de manera legítima hemos sido exentos, de alguno de ellos. Este sacrificio no sólo debe ser similar sino mucho mejor al anterior.
Si nuestras oraciones son deficientes debemos buscar hacerlo mejor la próxima vez. Si nuestras oraciones de la mañana son endebles debemos esforzarnos un poco más en las oraciones de la tarde. Si no podemos dedicarle quince minutos en un momento, dediquémosle treinta la próxima vez.
Debemos tener siempre en mente que, lo que le estamos ofreciendo a Dios es una manifestación de nuestro amor, y si ésta manifestación es inferior a lo mejor que tenemos, es algo indigno de entregar a la gloria de Dios. Todas las lisiadas excusas en el mundo jamás serán aceptadas.
Pensar en estos términos, nos hace mucho más conscientes del porque muchas oraciones no son respondidas, y entender por qué, tantas personas “piadosas” permanecen ciegas en la herejía o el cisma. No disfrutarán el banquete celestial porque han buscado siempre ser “exentos” para no hacer ningún sacrificio. Han intentado amar a Dios lo menos posible, o sólo lo suficiente. Lo cual jamás será suficiente ya que Dios pide y merece un amor completo y preferencial.
PAZ Y BIEN
Queridos hermanos:
Al parecer, en cuestiones espirituales, todos tenemos siempre alguna excusa para no realizarlas.
Hacemos grandes esfuerzos y encontramos siempre tiempo para realizar todo tipo de cuestiones efímeras y mundanas, pero nos rehusamos hacer sacrificios similares cuando se trata de nuestro placer eterno y bienestar de nuestra alma.
Encontramos todo tipo de razones para salir, en horas de trabajo y realizar actividades efímeras mucho más placenteras. Ponemos en riesgo nuestra propia salud y bienestar, por lograr ventajas monetarias. Hay quienes continúan laborando, acosta de poner en riesgo su propia salud porque dicen “necesitan el dinero” o no quieren perder su empleo.
Sin embargo, cuando se trata de las cosas de Dios, no tenemos ningún temor o vergüenza en hacerlo a un lado e inventar excusas para justificar no hacer lo que El nos pide.
El evangelio de hoy, nos previene a todos. Dios pide (exige) de nosotros nuestros primeros frutos, pero siempre o casi siempre recibe migajas, si es que le damos algo.
Nos pide orar todos los días. Y si cumplimos con esto, regularmente es al final del día, cuando estamos ya cansados y no podemos concentrarnos en lo que decimos ni mantenernos despiertos. Rápidamente inventamos la excusa de que, Dios lo va a entender. Y es verdad, Dios entiende mucho más de lo que creemos. Entiende que estamos cansados y que tenemos dificultad al hacer oración después de haber entregados las mejores horas del día a los placeres de este mundo y le ofrecemos los más insignificantes minutos que nos sobran.
No olvidemos la lección de Caín y Abel. Dios quiere lo mejor de nosotros, no lo peor. Quiere ocupar el primer lugar, no el último. También Caín ofreció un sacrificio e hizo oración. Tal vez pensó que Dios entendería. Dios ve claramente y sabe cuando le estamos ofreciendo dones inferiores; tal vez esta es una de las razones por las que, no son escuchadas muchas oraciones. Ofrecemos un insulto a la dignidad y majestuosidad de Dios y nos engañamos al pensar que Dios está contento con la miseria que le ofrecemos.
Recordemos la ofrenda que hace la viuda de que nos habla el evangelio. La ofrenda fue insignificante, tal vez, pero dio lo mejor que ella tenía, lo cual implicaba un gran sacrificio para esta mujer. Le entrego a Dios su mejor y primer fruto, no el último.
Es irrelevante para Dios, en cierta manera, el tamaño o cantidad del sacrificio que ofrecemos, ya que Dios tiene todo y no necesita de nuestros sacrificios, sin embargo, si son importantes, ya que Dios quiere que lo amemos de manera que le entreguemos lo mejor de nosotros.
Si la ofrenda que entregamos, no es lo máximo de lo que mejor que tenemos, no es digna de ser entregada a Dios.
De igual manera como reducimos o eliminamos cómodamente nuestras oraciones diarias lo hacemos con nuestras obligaciones dominicales. Encontramos excusas para no asistir a Misa, o para salirnos antes de tiempo, etc.
Es muy conveniente para nosotros, planear nuestras vacaciones para salir en sábado en lugar del lunes, y decir a Dios; tengo unas vacaciones programadas por favor “discúlpame” o tengo un juego o entretenimiento que debo asistir, por favor discúlpame si reduzco el tiempo de la oración o que debo dedicarlo a ti. O lo que es peor aún, me siento cansado para levantarme y asistir a Misa el domingo, o mantenerme despierto para hacer oración, porque la Misa es muy temprano etc.
Existen algunas excusas validas y legitimas que puede perdonar Dios, sin embargo, debemos de igual manera, estar dispuestos a ofrecer algún otro sacrificio cuando de manera legítima hemos sido exentos, de alguno de ellos. Este sacrificio no sólo debe ser similar sino mucho mejor al anterior.
Si nuestras oraciones son deficientes debemos buscar hacerlo mejor la próxima vez. Si nuestras oraciones de la mañana son endebles debemos esforzarnos un poco más en las oraciones de la tarde. Si no podemos dedicarle quince minutos en un momento, dediquémosle treinta la próxima vez.
Debemos tener siempre en mente que, lo que le estamos ofreciendo a Dios es una manifestación de nuestro amor, y si ésta manifestación es inferior a lo mejor que tenemos, es algo indigno de entregar a la gloria de Dios. Todas las lisiadas excusas en el mundo jamás serán aceptadas.
Pensar en estos términos, nos hace mucho más conscientes del porque muchas oraciones no son respondidas, y entender por qué, tantas personas “piadosas” permanecen ciegas en la herejía o el cisma. No disfrutarán el banquete celestial porque han buscado siempre ser “exentos” para no hacer ningún sacrificio. Han intentado amar a Dios lo menos posible, o sólo lo suficiente. Lo cual jamás será suficiente ya que Dios pide y merece un amor completo y preferencial.
PAZ Y BIEN
Sunday, May 30, 2010
FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
30 DE MAYO DE 2010
“Y mirad, que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos”
Queridos Hermanos:
Este texto “abraza” dos puntos necesarios para la Iglesia: Integridad de doctrina y santidad de vida. Si alguno de estos llega a faltar a la Iglesia, sería entonces correcto decir que, ha sido abandonada por Su esposo Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo, hará valida su promesa al 1.- habitar siempre en los corazones de los fieles, 2.- con su presencia sacramental en la Sagrada Eucaristía, 3.- Por su cuidado providencial y protección permanente de Su Iglesia.
Estas últimas seis líneas del evangelio de san Mateo, dice la gran luminaria de Francia, Bossuet, claramente demuestra la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, a quien se ha ordenado a todos obedecer. (Haydock, Comentario bíblico)
La festividad de hoy nos ofrece una continuación de las muchas otras ideas de la semana pasada (Pentecostés). Aunque fue el Espíritu Santo que descendió sobre los apóstoles, fue la doctrina de Jesucristo que trajo a las mentes de estos, a fortalecerla y aclarárselas. Y las palabras de Jesucristo, fueron las que le dio Dios Padre. Luego entonces, podemos percibir que los Tres son Uno y todos habitan en la Iglesia y permanecen con ella hasta la consumación de los siglos.
Mientras que, es algo escalofriante ver a tantos opositores a la verdadera Iglesia, por motivos emocionales de un cierto apego a los edificios, personas o algún otro error, bajo la protección del Espíritu Santo, somos fortalecidos en nuestra resolución de permanecer siempre fieles a la verdadera Iglesia, esposa de Jesucristo.
Tal temor por la salvación de nuestro prójimo rápidamente se convierte en tristeza.
Su ceguera y obstinación establece inimaginables barreras a la gracia de Dios. ¿Cómo pueden ser perdonados tales pecados, si tales individuos, no pueden abrir los ojos para verlos?
Tal obstinación es principalmente un pecado en contra del Espíritu Santo, y de igual manera en contra de cada una de las Personas de la Santísima Trinidad. Rehusar escuchar a la Iglesia es rechazar escuchar al Espíritu Santo quien habla por medio de la Iglesia. Rechazar escuchar al Espíritu Santo es negarse a escuchar a Jesucristo, porque el Espíritu Santo les enseña lo que Cristo ha dicho. Rechazar a Jesucristo es rechazar al Padre que lo ha enviado, porque Jesucristo comunicó lo que le fue dado por Su Padre.
Por lo tanto, quienes pretenden hablar en nombre de la Iglesia pero que dicen todo lo contrario a lo que esta ha previamente enseñado, debemos entender que no está ni estuvo equivocada la Iglesia (lo cual resulta imposible si Dios está con ella hasta la consumación de los siglos); o más aún estos que hablan contradicciones de lo que la Iglesia ha siempre enseñado, no están guiados por el Espíritu Santo y por lo tanto no pertenecen a la Iglesia ni mucho menos tienen autoridad en la Iglesia.
Debemos concluir como se mencionó la semana pasada, que la Iglesia del Novus Ordo, no es la establecida por Jesucristo y preservada por el Espíritu Santo. Es una secta modernista, frecuentemente más liberal que muchas de las sectas protestantes que abandonaron la Iglesia católica, con mucha anterioridad.
Predican y enseñan acerca de un dios que no es el mismo al que hace referencia la Iglesia católica. Un dios injusto, que no se preocupa por el bien o el mal. No existe el pecado y todos son enviados al cielo al momento mismo de su muerte. (Como referencia es casi cada uno de los funerales ofrecidos por esta secta). Decimos que este dios es injusto porque da igual recompensa al vicio y a la virtud. Luego entonces su dios predica un amor humano por encima del divino o tal vez sería más correcto decir que divinizan al hombre, para poderlo amar como a dioses. Por estar limitados de espacio consideremos un último punto.
¿Creen que Jesucristo Nuestro Señor está realmente presente en la Sagrada Eucaristía? Aunque puede haber algunos que sí, todo parece indicar que la gran mayoría no. Han removido el Tabernáculo, han demolido los altares para colocar una mesa en su lugar, reclinatorios eliminados. El sacrificio del Calvario ha sido remplazado por un ágape. Sus hostias libremente liberadas por manos no consagradas.
No hay silencio o reverencia, sólo celebración y ruido. Podremos ignorar el rechazo de San Pablo a los fieles de Corinto “Cuando se reúnen, no es ahora, para tomar la cena de nuestro Señor?” . El Novus Ordo celebra un ágape moderno el cual es claramente condenado por san Pablo, toda vez que Jesucristo se hace presente para ser sacrificado, en reverencia y devoción no con alborotos y fiestas. No olvidemos que han cambiado incluso las palabras mismas que Jesucristo nos dejó al darnos el Sacramento: (“Por todos” en lugar de “Por muchos”).
Una vez más lo decimos, el Novus Ordo no es la Iglesia Católica. La Iglesia vive únicamente en aquellos obispos que han recibido correctamente y cooperado con las gracias enviadas por el Padre, El Hijo y El Espíritu Santo.
Así sea
“Y mirad, que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos”
Queridos Hermanos:
Este texto “abraza” dos puntos necesarios para la Iglesia: Integridad de doctrina y santidad de vida. Si alguno de estos llega a faltar a la Iglesia, sería entonces correcto decir que, ha sido abandonada por Su esposo Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo, hará valida su promesa al 1.- habitar siempre en los corazones de los fieles, 2.- con su presencia sacramental en la Sagrada Eucaristía, 3.- Por su cuidado providencial y protección permanente de Su Iglesia.
Estas últimas seis líneas del evangelio de san Mateo, dice la gran luminaria de Francia, Bossuet, claramente demuestra la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, a quien se ha ordenado a todos obedecer. (Haydock, Comentario bíblico)
La festividad de hoy nos ofrece una continuación de las muchas otras ideas de la semana pasada (Pentecostés). Aunque fue el Espíritu Santo que descendió sobre los apóstoles, fue la doctrina de Jesucristo que trajo a las mentes de estos, a fortalecerla y aclarárselas. Y las palabras de Jesucristo, fueron las que le dio Dios Padre. Luego entonces, podemos percibir que los Tres son Uno y todos habitan en la Iglesia y permanecen con ella hasta la consumación de los siglos.
Mientras que, es algo escalofriante ver a tantos opositores a la verdadera Iglesia, por motivos emocionales de un cierto apego a los edificios, personas o algún otro error, bajo la protección del Espíritu Santo, somos fortalecidos en nuestra resolución de permanecer siempre fieles a la verdadera Iglesia, esposa de Jesucristo.
Tal temor por la salvación de nuestro prójimo rápidamente se convierte en tristeza.
Su ceguera y obstinación establece inimaginables barreras a la gracia de Dios. ¿Cómo pueden ser perdonados tales pecados, si tales individuos, no pueden abrir los ojos para verlos?
Tal obstinación es principalmente un pecado en contra del Espíritu Santo, y de igual manera en contra de cada una de las Personas de la Santísima Trinidad. Rehusar escuchar a la Iglesia es rechazar escuchar al Espíritu Santo quien habla por medio de la Iglesia. Rechazar escuchar al Espíritu Santo es negarse a escuchar a Jesucristo, porque el Espíritu Santo les enseña lo que Cristo ha dicho. Rechazar a Jesucristo es rechazar al Padre que lo ha enviado, porque Jesucristo comunicó lo que le fue dado por Su Padre.
Por lo tanto, quienes pretenden hablar en nombre de la Iglesia pero que dicen todo lo contrario a lo que esta ha previamente enseñado, debemos entender que no está ni estuvo equivocada la Iglesia (lo cual resulta imposible si Dios está con ella hasta la consumación de los siglos); o más aún estos que hablan contradicciones de lo que la Iglesia ha siempre enseñado, no están guiados por el Espíritu Santo y por lo tanto no pertenecen a la Iglesia ni mucho menos tienen autoridad en la Iglesia.
Debemos concluir como se mencionó la semana pasada, que la Iglesia del Novus Ordo, no es la establecida por Jesucristo y preservada por el Espíritu Santo. Es una secta modernista, frecuentemente más liberal que muchas de las sectas protestantes que abandonaron la Iglesia católica, con mucha anterioridad.
Predican y enseñan acerca de un dios que no es el mismo al que hace referencia la Iglesia católica. Un dios injusto, que no se preocupa por el bien o el mal. No existe el pecado y todos son enviados al cielo al momento mismo de su muerte. (Como referencia es casi cada uno de los funerales ofrecidos por esta secta). Decimos que este dios es injusto porque da igual recompensa al vicio y a la virtud. Luego entonces su dios predica un amor humano por encima del divino o tal vez sería más correcto decir que divinizan al hombre, para poderlo amar como a dioses. Por estar limitados de espacio consideremos un último punto.
¿Creen que Jesucristo Nuestro Señor está realmente presente en la Sagrada Eucaristía? Aunque puede haber algunos que sí, todo parece indicar que la gran mayoría no. Han removido el Tabernáculo, han demolido los altares para colocar una mesa en su lugar, reclinatorios eliminados. El sacrificio del Calvario ha sido remplazado por un ágape. Sus hostias libremente liberadas por manos no consagradas.
No hay silencio o reverencia, sólo celebración y ruido. Podremos ignorar el rechazo de San Pablo a los fieles de Corinto “Cuando se reúnen, no es ahora, para tomar la cena de nuestro Señor?” . El Novus Ordo celebra un ágape moderno el cual es claramente condenado por san Pablo, toda vez que Jesucristo se hace presente para ser sacrificado, en reverencia y devoción no con alborotos y fiestas. No olvidemos que han cambiado incluso las palabras mismas que Jesucristo nos dejó al darnos el Sacramento: (“Por todos” en lugar de “Por muchos”).
Una vez más lo decimos, el Novus Ordo no es la Iglesia Católica. La Iglesia vive únicamente en aquellos obispos que han recibido correctamente y cooperado con las gracias enviadas por el Padre, El Hijo y El Espíritu Santo.
Así sea
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