Saturday, November 29, 2008

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

30 DE NOVIEMBRE DE 2008

Queridos Hermanos:

En la epístola de este día, san Pablo nos amonesta a que nos revistamos de Cristo. Estas fueron las palabras que lo llevaron a su conversión.

Quienes han hecho esto y viven en la verdadera fe y caridad no tienen nada que temer con la venida de Jesucristo al final de los tiempos. Cuando Cristo regrese, el mundo va a estar temeroso y temblando, pero quienes están llenos del amor de Cristo lo verán con gran alegría y júbilo, al unirse con el que han estado esperando por tanto tiempo para verlo y amarlo de una manera más perfecta.

No hay ninguna duda del regreso de Jesucristo. No necesitamos buscarlo en los rincones o desiertos, aquí o allá. Aparecerá a todos en todo el mundo. Quienes han vivido ofendiendo al Juez estarán con gran temor. Desearan ser sepultados por las montañas. Sin embargo, serán forzados a presentarse ante el Juez y ser justamente juzgados. No sólo veremos nuestro juicio personal sino el de todo el mundo.

Lo que será obvio, es la obra de Dios a través de toda la historia de la humanidad.

Frecuentemente nos preguntamos, por qué Dios hace o permite tal o cual cosa. Con este juicio todo se aclarará y no habrá lugar a las dudas. Veremos la belleza, sabiduría y justicia de Dios en todas sus acciones.

En este domingo primero de Adviento es, cuando vemos y esperamos con gran deseo la venida de Jesucristo Nuestro Señor. Ya se ha presentado como hombre y pagado el precio de nuestra Redención en el sacrificio de la Cruz. Vendrá al final de los tiempos como nos lo ha dicho en el evangelio de hoy, sin embargo, existe por así decirlo una tercera venida, con cada uno de nosotros en el aquí y ahora. Este tiempo de Adviento, es para que nos preparemos para recibirlo y hacernos merecedores de Su venida.

Debemos revestirnos de Cristo y permitirle que transforme nuestras vidas y habite en nosotros. Debemos permitirle que lave y borre nuestros pecados a través de Sus Sacramentos. Debemos permitirle que alimente nuestra alma con Su gracia. Debemos permitirle que alimente nuestra mente y corazón. Debemos estar preparados para decir con San Pablo que no somos nosotros sino Cristo viviendo en nosotros.

Esta unión intima con Cristo nos hace uno sólo con El y nos da la oportunidad de levantar nuestra mirada a Su Segunda venida, para poseerlo en toda su belleza y gloria. Veremos al verdadero Dios cara a cara más que su mera imagen como lo hemos venido haciendo, hasta ahora, reflejado en nosotros por Su gracia.

Esto es lo que cada alma que está enamorada de Dios anhela con gran deseo y anticipación. Por lo tanto esta venida no debe ocasionar temor en quienes ya tienen a Cristo viviendo en ellos. Para quienes se han revestido de Cristo, será un tiempo de regocijo porque serán eternamente unidos al ser amado. Y sus deseos y esperanzas serán satisfechos.

En este tiempo de adviento conmemoramos los cuatro mil años que el género humano ha esperado al Redentor. Consideramos las prolongadas penitencias y fervientes oraciones de la gente de esos días y buscamos entrar en sus sentimientos. Esto debería despertar en nosotros el entendimiento y apreciación por lo que ya hemos recibido.

Adviento es mucho más que esto, es tiempo no sólo para pensar en lo que sufrió el hombre antes de la venida de Jesucristo, sino que es tiempo para hacer esos mismos sentimientos los nuestros. Debemos usar este tiempo para preparar un lugar en nuestras propias vidas para que Cristo venga y habite en nosotros. Debemos prepararnos para que Cristo encuentre un lugar digno y adecuado para quedarse con nosotros. Para lograr esto debemos sacrificarnos un poco, en cosas que aparezcan insignificantes o ignoradas por los demás pero conocidas por Dios. Hagamos penitencia y expulsemos todo lo que es ofensivo a Dios. Limpiemos nuestros corazones y mentes, para que encuentre un saludable lugar de estancia. Hagamos todo lo posible para convertirnos en un verdadero reflejo de Jesucristo. Que vea en nosotros un ardiente deseo de ser, no sólo, en apariencia como El, ni sólo en nuestra vestimenta como él en la virtud y bondad, sino ardiendo en el deseo de ser uno con El: vivir en El y El en nosotros.

No importa que tan humilde morada seamos. De hecho, El prefiere el humilde establo, en lugar del soberbio castillo. Aún, si no tenemos mucho que ofrecerle, démosle lo que tenemos con un corazón humilde y confiable. Con Su nacimiento, suplirá todo lo que nos hace falta. Él transformará el humilde establo, en una gran morada en el Cielo.

Así sea.

Saturday, November 22, 2008

DOMINGO ÚLTIMO, 28 DESPUÉS DE PENTECOSTES

23 DE NOVIEMBRE DE 2008

Queridos hermanos:

El día de hoy nuestro Señor y la Santa Iglesia, nos recuerdan el fin último de nuestra existencia aquí en la tierra. Lo que se nos espera el día del juicio final, es un asunto de gran temor, sobre todo para el pecador que, no se ha arrepentido. Este pensamiento temerario debe ser un constante recordatorio del mal que envuelve el pecado y recordarnos de estar siempre vigilantes en evitar no sólo el pecado sino las ocasiones de pecar, y de acudir a los lugares donde podamos ser tentados.

Cuando vean la abominación de la desolación, asentada en el lugar santo, de la que habla el profeta Daniel.

Este parece ser el mayor de los pecados, cuando la abominación este sentada en el lugar santo. Nuestro primer pensamiento se enfoca en nuestras iglesias – los lugares construidos para la celebración del Santo Sacrificio de la Misa y para el mayor honor y gloria de Dios. ¿Qué son esos lugares, ahora? Se han convertido en casas del hombre más que de Dios. El tabernáculo ha sido removido hacia un lado y las alabanzas al hombre llenan los sermones, “oraciones” y alabanzas.

Todos son bienvenidos en este lugar, incluyendo a los pecadores sin arrepentimiento. De hecho realizan una ofrenda especial pidiendo perdón a estos pecadores que viven una vida pecaminosa, a otros, se les pide que regresen, no arrepentidos, sino tal y como se encuentran en su pecado y, se les invita a reunirse con los demás ahí reunidos, para que todos juntos reciban la eucaristía.

Los adúlteros, sodomitas, fornicadores, todos son bienvenidos, no para hacerlos cambiar. Se les dice que Dios los quiere, a todos, tal y como son.

Esta no es la doctrina que Jesucristo nos ha enseñado. El nos dice que los pecadores se deben arrepentir de sus pecados y vivir vidas virtuosas. Sólo los que han limpiado sus pecados, (por lo menos los mortales) son merecedores de unirse a Él en la Santa comunión.

Si nos ponemos a analizar este sólo aspecto de la vida diaria a nuestro alrededor, veremos que realmente existe una abominación posicionada en lo que alguna vez fue, el lugar santo. Sin embargo, hay más. Con los cambios en la forma de los Sacramentos, los Modernistas (del Novus Ordo) han invalidado la fuente misma de estas gracias necesarias. Existen hombres que no son verdaderos sacerdotes por sus “ordenaciones” inválidas, y realmente se presentan al lugar santo no sólo pretendiendo hablar en nombre de Jesucristo sino que presentándose como otro Cristo, mientras que enseñan una doctrina contraria a la que Él enseñó. Continúan y aparentemente consagran las ostias exponiendo a la gente a la idolatría. De hecho la doctrina que estos individuos enseñan no es la doctrina de Jesucristo sino la doctrina de Satanás, las oraciones y canticos que ofrecen sólo puede complacer a Lucifer. Los líderes de todo esto, no son discípulos y apóstoles de Jesucristo sino discípulos y apóstoles de Satanás y-o del anticristo (¡más abominación en el lugar santo!).

Podemos ver estos lugares santos, una vez hermosos, construidos por manos de católicos y con recursos y sacrificios de católicos (incluidos los de Roma), ahora en las manos de herejes que no son otra cosa más que discípulos de Satanás. Podemos ver que El Santo y Sagrado ha sido eliminado para dar lugar a lo profano y mundano. Vemos a los impostores enseñando a sus seguidores una manera fácil y cómoda de vida, que los ha de guiar derechito al infierno. Vemos a Cristo y Su Sacrificio mutilado, negado y hecho a un lado y sin embargo podemos decir que esta no es la mayor de las abominaciones.

Una de las grandes abominaciones es la que se está llevando a cabo en el alma de casi todas las personas en el mundo de hoy. Estas iglesias fueron construidas por manos del hombre, sin embargo, el alma del hombre fue creada por las manos de Dios. Somos hechos a la imagen y semejanza de Dios. Somos templos del Espíritu Santo. Somos el Santo de los Santos, sin embargo cuando volteamos a nuestro alrededor nos damos cuenta que la mayoría se ha convertido en abominación.

¿Cuántos han abusado y mutilado sus cuerpos (templos) con tatuajes, perforaciones etc.?

¿Cuántos adornan sus cuerpos, con maquillaje, joyería, ropa costosa o mini prendas, con la intención de engatusar o seducir más que con la intención de honrar a Dios? ¿Cuántos en lugar de cuidar y respetar su cuerpo no tienen cuidado con lo que comen? ¿Cuántos no ponen atención a lo que escuchan y miran permitiendo de esta manera que el mal entre en sus cuerpos y mentes?

¿cuántos se involucran y promueven los más viles abusos de sus cuerpos en el adulterio, la fornicación, incesto, sodomía y aborto?

Vemos esta abominación en la mayoría, y no son pobres pecadores que han caído en las amenazas del demonio, sino que son promotores abiertos de esta abominación contra sus cuerpos. Este pecado es perdonado si hay el arrepentimiento necesario para ello, sin embargo, tratan más bien de justificar esta abominación y presentarse al mundo como virtuosos o justificarse a si mismos y de manera blasfema proclamar que Dios es la causa de su perversión.

Buscan la legalización y aceptación de estas abominaciones logrando con esto el castigo de Sodoma y Gomorra.

Pongamos atención en no terminar en estas iglesias sacrílegas o en cuerpos deshonrados, cuando regrese nuestro Señor.

Así sea.

Saturday, November 15, 2008

DOMINGO 27 DESPUÉS DE PENTECOSTES

16 DE NOVIEMBRE 2008

Queridos Hermanos:

La Iglesia inició como una semilla de mostaza. De igual manera nuestro crecimiento en la vida espiritual se inicia de esta manera, si la alimentamos y nutrimos su crecimiento, pronto crecerá en proporciones mayores – así como la semilla de mostaza crece en medio de toda la maleza.

Generalmente, todas las cosas se inicias de esta manera. Es sólo con el tiempo y esfuerzo que se van fortaleciendo. En el mundo en el que vivimos, de “gratificaciones instantáneas”, esta manera de pensar se nos hace, en ocasiones, una gran pesadez. Las evidencias a nuestro alrededor muestran que las cosas que crecen demasiado rápido son, en la mayoría de las veces, débiles. El árbol más fuerte es el que crece lentamente y por un espacio considerado de tiempo. Lo contrario sucede en los crecimientos rápidos. “un melón crece en una temporada; sin embargo el roble, requiere muchos años”.

Esto es, frecuentemente, verdadero en la vida espiritual. Quienes aparecen, como haber realizado grandes pasos rápidamente, son frecuentemente muy débiles por dentro y; prueban ser mas pecadores y menos santos de lo que mostraban a primera vista. Existen algunos santos que se levantaron y convirtieron inesperadamente rápido, sin embargo, la mayoría debemos, de manera cuidadosa y lenta, abrirnos camino hacia nuestra salvación en el Cielo.

Los gigantes de la fe, son fuertes y resisten las tentaciones con relativa facilidad, porque han sido fortalecidos por muchos y constantes ataques. Las caídas de estos son frecuentemente menores y con gran rapidez y fortaleza se levantan de estas.

Los débiles pueden y frecuentemente caen terriblemente y tienen un tiempo muy difícil para levantarse y continuar. En algunas ocasiones aparecen algunos como grandes y fuertes en la fe y caen lamentablemente de manera repentina y terrible. Es en muchas ocasiones sorprendente, para algunas personas, el enterarse de tales caídas. Y nos preguntamos ¿Cómo pudo haber pasado esto? Es como si el gran roble desde su lugar en el bosque ha caído repentinamente y sin razón aparente. Sin embargo, si lo examinamos cuidadosamente, notaremos que era débil y corroído por insectos; concluyendo que “la grandeza” de este “magnifico roble” era sólo aparente y vacía. Esto sucede frecuentemente con muchos que aparecen como buenas personas, incluso como santos. Y es sólo después de su caída que se demuestra de lo que estaban hechos. Hablan mucho sobre religión, sin embargo su alma y corazón se encontraban en otro lugar.

Tales pobres almas, pudieron haber sido en un tiempo solidas y verdaderas en lo más profundo de su alma, sin embargo, permitieron que la corrupción envolviera su corazón. Y así de la misma manera como lo bueno crece lentamente y paso por paso, asegurándose que cada paso nuevo sea seguro, de igual manera la destrucción empieza poco a poco y crece gradualmente, pero de manera segura.

En primer lugar, permitimos a los pecados del corazón entrar, y pensamos que no son notorios ante el mundo y pretendemos olvidarlos.

Quien se muestra a si mismo objetos contra la castidad, y encuentra placer en la contemplación de estos, peca de pensamiento. (Los pensamientos pueden también ser de envidia, venganza, vanidad, avaricia etc.) Quien no sólo se muestra a si mismo algo malo, sino que además desea ver, escuchar o realizarlo, peca de deseo indebido.

Estos pecados insidiosos son como pequeños insectos destruyendo el alma del gran roble. Al principio aparecen como insignificantes y pequeños que no detiene nuestra atención, pero una vez que toman posesión, se multiplican y se reproducen al grado de no dejar nada firme y sólido de su nueva morada, la cual fácilmente es derribada y destruida completamente.

No existe nada insignificante y de poca importancia, cuando de nuestra alma se trata.

Lo más insignificante tiene un gran potencial tanto para lo bueno como para lo malo.

Debemos eliminar todo el mal que a nuestro alrededor y en nuestro interior crece, sin importar lo insignificante o pequeño que nos parezca. Recordemos que, nada que esté manchado, entrará en el Reino de los Cielos. Cada pecado es una ofensa en contra de la infinita bondad de Dios y consecuentemente un crimen terrible.

Empecemos por corresponder a la gracia que hemos recibido, aunque sea del tamaño de un grano de mostaza. Crecerá grande y fuerte si la nutrimos y cuidamos. No importa que tan vacios de bondad nos encontremos en este momento, existe por lo menos una partícula pequeña de gracia que Dios nos ha dado. Hay que buscarla y nutrirla. Cooperando con las gracias que tenemos nos hacemos merecedores de mas y mayores gracias. Cada gracia reconocida y aceptada amerita más beneficios para nosotros y poco a poco nos ayudarán a crecer más fuertes en la vida espiritual.

No existe ningún santo sin su pasado y pecador sin futuro, siempre y cuando cooperen con la gracia de Dios.

Saturday, November 8, 2008

DEDICACIÓN DE LA ARCHIBASÍLICA DE NUESTRO SANTO SALVADOR

9 DE NOVIEMBRE DE 2008

Queridos Hermanos:

El día de hoy, celebramos la dedicación de la madre de todas las iglesias, la Archibasílica de Nuestro Salvador.

Nuestras iglesias son santas porque pertenecen a Dios, además por la celebración del Santo Sacrificio de la Misa que en estas se ofrece, sin olvidar las oraciones y ofrendas que en ella se ofrecen al divino huésped que en ellas se encuentra. Nuestras iglesias son más exaltadas que los templos santos y tabernáculo del antiguo testamento, porque estos guardan a nuestro señor Jesucristo bajo las especies Sacramentales.

La iglesia que festejamos este día, fue en un tiempo la gloria del cristianismo. Fue la primera y única iglesia en Roma, en ella acontecieron los hechos más importantes de la Iglesia católica.
Aunque ahora se encuentre en las manos de herejes y se haya convertido el lugar santo en la abominación de la desolación, aún así traemos a nuestras mentes los días gloriosos en los que esta iglesia fue dedicada y las muchas veces que ha sido restaurada para que demos mayor honor y gloria a Dios.

Mientras que muchos se duelen de esta gran pérdida y el sacrilegio de santos lugares y objetos sagrados, no debemos dejarnos llevar por la pérdida de estos bienes materiales. Existe un tabernáculo que es mucho más santo que el que se encuentra en la Basílica – nosotros mismos. Debemos ser el tabernáculo viviente de Dios. La perdida de este tabernáculo es el mayor de las desgracias.

¿Es por la destrucción de las cosas sagradas que el hombre ha perdido la santidad de sus propias vidas? Ó ¿es porque el hombre ha perdido su santidad que los templos han perdido el suyo? Existen muchos que argumentarán que el hombre ha perdido la fe y consecuentemente el camino correcto porque no se les enseñó o dijo la verdad de lo que una vez fue la Iglesia. Sin embargo, me parece que el hombre debió haber primero perdido su función como tabernáculo viviente antes de que la destrucción física haya podido realizarse.

Si la vida de Dios está viviendo en nosotros y nosotros obrando en Su gracia, parece improbable que jamás seriamos engañados en lo relacionado a la salvación de nuestra alma (por lo menos no por mucho tiempo). Sin embargo, por otra parte, si la vida de la gracia es en primer lugar tomada de alma del hombre, y Dios es conducido por Su tabernáculo viviente, entonces, parece ser una simple razón para el hombre permitir el tabernáculo no viviente ser destruido o abandonado.

La Misa de este día nos recuerda cuan terrible (sorprendente) es la casa de Dios. Esto es verdad sobre todo en las iglesias que fueron construidas y mantenidas por quienes tuvieron la verdadera fe – personas que fueron tabernáculos vivientes de Dios. Sin embargo, lo que es aún más sorprendente, es el tabernáculo viviente de nuestros cuerpos. Somos templos del espíritu santo, tabernáculos para el cuerpo de Jesucristo que recibimos en la santa Comunión. Somos más que cualquier otra creatura, hechos a la imagen y semejanza de Dios. Jesucristo se hizo hombre, ninguna otra creatura.

Nuestros cuerpos son sagrados y santos porque son la casa de Dios. Sin embargo, cuando es expulsado de esta somos nada más que carcasa y podredumbre. Existe tanto vacio y descomposición en muchas personas en este mundo, porque Dios no es permitido habitar en ellos.

Muchos abusan sus cuerpos y nunca se detienen a pensar que al hacer esto insultan de manera abundante a Dios, quien no sólo es el creador y diseñador de estos cuerpos sino que además es el dueño y residente. La necesidad de algunos por maquillajes extremos (tatuajes, piercing, mutilaciones, cosméticos) revela a las personas vacías por dentro y corruptas por fuera. Son sólo el cascajo de lo que deben ser y usan todos estos disfraces para llenar el vacío que debería ser ocupado por Dios. Existen además los que desean ocultar su vacío interior al mostrar cada vez más las partes de su cuerpo. Tal vez se imaginan que si pueden distraer al mundo con su cuerpo desnudo; de alguna manera, el mundo jamás se dará cuenta de que no existe nada de valor bajo esa piel. Son vacíos y faltos de toda vida sobrenatural.

No perdamos de vista que somos tabernáculos de Dios. Somos santos porque Dios que vive en nosotros es santo. Monitoreemos como decoramos este tabernáculo de Dios, revisemos lo que entra en este tabernáculo, (sonidos, pensamientos, sabores) estemos siempre en guardia sobre a donde llevamos este tabernáculo. Si forzamos a Dios a que nos acompañe a los lugares indebidos o que ponen en peligro nuestra alma y salvación, debemos estar seguros que Dios se alejará de este tabernáculo. En ese vacío, existen muchos demonios dispuestos a llenar y usurpar el lugar de Dios. Si es un crimen terrible (pecado) de sacrilegio, deshonrar una Iglesia, es un pecado mucho mayor mancillar el tabernáculo viviente de Dios – nuestro cuerpo.

Saturday, October 25, 2008

FESTIVIDAD DE CRISTO REY

26 de Octubre de 2008

Queridos Hermanos:

Nuestro Señor dice: “Mi reino no es de este mundo”.

El reino de Cristo no es de este mundo sin embargo se encuentra en el. El reino de Cristo es del Cielo. Ha venido a establecer Su reino aquí en la tierra. Es un nuevo reino que jamás haya producido este mundo. Este reino es frecuentemente en contradicción con los reinos de la tierra.

Lo que parece una tontería ante los ojos del mundo, resulta muchas veces ser sabiduría en el reino de Dios, y viceversa.

Este reino es del cielo y muestra los caminos de Dios. Este reino de Dios se encuentra presente aquí en la tierra en la verdadera Iglesia Católica, donde los caminos para llegar a Dios fueron establecidos y enseñados para nuestra imitación.

En la oración de san Francisco vemos la gran diferencia entre los reinos de Dios y del mundo.
En el reino de este mundo intercambiamos odio por odio y en el reino de Dios, vemos que con amor debemos responder al odio.

En el reino de este mundo se regresa injurias por injurias, en el reino de Dios debemos dar perdón.

Ante la desesperación esperanza

En la obscuridad luz

En la tristeza alegría

El Reino de nuestro señor Jesucristo viene del cielo y lo ha establecido en la Iglesia católica y Apostólica. Es obligación de todos y cada uno de Sus miembros llevar este reino a todas las partes de la tierra.

Dios no se conforma con gobernar sobre las mentes, corazones y voluntades de ciertos individuos, También desea habitar en las sociedad y naciones enteras. Toda la creación entera está esperando la venida de estos hijos de Dios -verdaderos católicos - verdaderos miembros de reino de Dios. Se nos ha dado una gran gracia en la Fe Católica, sin embargo, y de manera lamentable, la mayoría de quienes han recibido este tesoro lo han abandonado y dirigido hacia los caminos del reino de Satanás.

Lo ideal sería que el reino de Dios se extendiera por todo el mundo incorporando a todas las naciones y todas las personas. Desafortunadamente esta no es la situación. El reino de Satanás es el que sigue creciendo, el hombre poco a poca va perdiendo toda fe, esperanza y caridad. El secularismo ya no va en descendencia, es lo que predomina en el hombre de hoy.

Existe una ceguera universal sobre la mente de toda la gente. Esta ceguera es el castigo del libertarismo prevaleciente, del deseo de piedad, curiosidad peligrosa y una presunción nefasta. Dios purifica al hombre abandonándolo a su propia suerte, privándolo de Su luz, ya sea que la rechacen o abusen. Los abandona en una oscuridad mayor a la de los idolatras de la antigüedad.
La maldad humana es mucho mayor ahora a la que fuera en otros tiempos, la corrupción ha enraizado y prevalece de manera más significativa el olvido o indiferencia de los buenos principios.

Parece que el reino de Dios ha fallado, sin embargo, sabemos que las apariencias son casi siempre falsas. Aunque el reino de este mundo parece estar en manera ascendente, el reino de Dios no ha muerto y sabemos que permanecerá hasta la consumación de los tiempos –aún si queda, sólo un miembro.

Cuando Cristo regrese habrá un juicio universal y una resurrección de igual forma. Los condenados serán enviados al Infierno. El mundo será renovado y el reino de Dios será eternamente establecido no sólo en el Cielo sino, también, en este mundo.

El plan original que inicio con el Paraíso y que se debería de extender a todas las partes del mundo será realizado cuando regrese Cristo. Hasta que eso suceda, los miembros verdaderos de la Iglesia católica –Reino de Jesucristo – tendrá que sufrir mientras este en pugna con el reino de este mundo. Sin embargo, su júbilo cuando estén en el reino de Dios será muchísimas veces más dichoso, compensado de manera suficiente, por todo lo que han sufrido del reino de Satanás.

Saturday, October 18, 2008

DOMINGO 23ro. DESPUÉS DE PENTECOSTES

Queridos hermanos:

Cuando Adán pecó, trajo consigo una doble muerte, podemos decirlo así, a este mundo. Tenemos la muerte del alma a través del pecado, y la muerte del cuerpo a consecuencia de la muerte de esta.

Tenemos la tendencia de enfocarnos en el menor de estos males, la muerte del cuerpo, en lugar del malo mucho mayor, la muerte del alma. Sufrimos mucho por la muerte física de nuestros seres queridos que han muerto, olvidando que la muerte de este no es el mayor de los males. Y que el cuerpo será resucitado.

El segundo Adán, Jesucristo, vino a este mundo a restaurar todo lo que fue perdido por el pecado. La primera consecuencia de la redención sacrificada de Jesucristo en la cruz por nuestros pecados es el liberarnos de una muerte mucho peor, la muerte de nuestra alma. A través del sacramento que Cristo ha instituido en Su Iglesia, tenemos un medio de la gracia, la vida restaurada de nuestra alma, nutrida y sanada. Sin embargo, sujetos aún a la primer muerte la de nuestro cuerpo.

Esto podemos decir, deja los méritos de la redención de Jesucristo, incompleta. Sin embargo, esto será rectificado al fin del mundo. Nuestros cuerpos, entonces, se levantaran de entre los muertos como lo ha hecho nuestra alma, que ha resurgido de la muerte a través del Bautismo y la Penitencia.

Vemos que la muerte de nuestro cuerpo, no es algo que debemos temer. Es como una extensión del sueño. Así como Cristo, nos dice el Evangelio de este día, trajo nuevamente a la vida a la pequeña que se menciona, así como El se levantó de la muerte, de la misma manera hará con nosotros.

El hombre fue creado con cuerpo y alma consecuentemente hasta que nuestro cuerpo resucite y se reúna con nuestra alma, hasta entonces estaremos completos. Aunque los santos del cielo se encuentran felices y disfrutan de la Visión Beatifica, mantienen aún el deseo de reunirse con sus cuerpos. No están completos sin este cuerpo que les permitió unir sus sacrificios con Cristo y merecer la recompensa (herencia) del Cielo. Todo esto será rectificado al final de los días, cuando todos los que han muerto resuciten.

Quienes son santos y han merecido los méritos del Cielo tendrán sus cuerpos resucitados de la muerte y en un estado glorificado. Tendrán los mismos cuerpos que tuvieron aquí en la tierra sólo que glorificados. Sus cuerpos dejarán de sufrir. Serán perfectos en su tipo. Serán restaurados a su condición original, sin embargo, ya no podrán sufrir ningún daño. No podrán ser heridos, quemados o fraccionados. Serán en un sentido espiritualizados. No tendrán restricciones de tiempo o espacio. Viajarán con la velocidad de nuestros pensamientos, no habrá muros ni cerraduras que nos limiten. Estos cuerpos vendrán e irán como lo hizo Jesucristo después de Su resurrección. No tendrán hambre, ni ninguna otra necesidad animal. Serán perfectos.

Por otro lado, los que han sufrido la segunda muerte, la muerte de su alma, tendrán una resurrección diferente. Resucitarán de entre los muertos como los justos, sin embargo, sus cuerpos estarán repletos de todo tipo de ignominias por sus pecados. Sus cuerpos sufrirán por siempre en unión de su alma los tormentos eternos del Infierno. Sus cuerpos sentirán un dolor y sufrimiento constante, sin alivio o mitigación de ningún tipo. Su cuerpo como su alma sufrirá la eterna pérdida de su unión con Dios, serán frustrados y detenidos como consecuencia de sus pecados.

El día de la resurrección será de gran alegría para los santos y un día de terror y desesperación para los condenados.

Meditemos en la muerte de nuestro cuerpo, sin ningún temor y aborrecimiento como los paganos y todos los que no conocen o confían en Dios. Los que no conocen a Dios hacen todo lo posible por preservar sus cuerpos con vida en este mundo, lo más que pueden, buscando la inmortalidad en su situación actual. Dios nos ha dado la promesa de la resurrección. Los que tenemos fe, sabemos que la muerte es el castigo por nuestros pecados, lo aceptamos, y esperamos la venida de Jesucristo, donde de manera gloriosa nos uniremos a Él.

Debemos tener temor y temblar ante esta realidad y hagamos todo lo posible por evitar la muerte de nuestra alma. Quienes desconocen a Dios nunca se detienen a pensar en esta muerte. Hacen ostentación de sus pecados, la podredumbre y la muerte de su alma ante la multitud que les rodea.

Si podemos evitar la muerte de nuestra alma en esta vida, no tenemos nada que temer en relación a la muerte de nuestro cuerpo, toda vez que es temporal. Podemos, mientras estemos en este mundo, restaurarle la vida, con sólo recibir los Sacramentos que Cristo nos ha dado, y cooperar con la gracia que nos ha merecido con el sacrificio de Su cuerpo en la cruz.

Así sea.

Saturday, October 11, 2008

DOMINGO 22DO. DESPUES DE PENTECOSTES

12 de octubre de 2008

Queridos hermanos:

El evangelio de este día, nos muestra la astuta hipocresía de los Fariseos. Ya tenían definidas sus mentes –rechazar a Cristo. Lo que seguía entonces era buscar la causa o razón para justificar sus decisiones preconcebidas.

Los tiempos han cambiado pero la astuta hipocresía de los enemigos de Dios permanece aún con nosotros más fuerte que nunca. Diariamente nos encontramos con personas que ya han definido sus mentes y que ahora quieren forzar la verdad y los hechos para que se acomoden a sus conclusiones.

Los fariseos de los que nos habla el evangelio de hoy creen haber encontrado la trampa final para Jesucristo. Muchos, del pueblo elegido creen ser exentos del pago de impuestos al Cesar Romano, porque estaban dedicados a Dios. Eran también una secta que llegó al poder por designación de Herodes por el Cesar y estaban de acuerdo en que todos pagaran el tributo (impuesto) al Cesar. De tal manera, los fariseos creyeron que si presentaban a Cristo tal pregunta sobre el tributo al Cesar, sin importar mucho que respuesta diera, Este, se opondría de alguna u otra manera.

Sin embargo, esta no era la extensión a su planeación diabólica. Fueron más allá y determinando de manera directa cual sería la mejor manera de cuestionar esta pregunta. Mandaron a sus representantes con sus instrucciones de presentarse como gente ordinaria, sincera y honesta en busca de una respuesta, mostrando respeto a Jesucristo de manera de “hacerse de Su lado”.

Vemos que primero alaban a Jesucristo: llamándolo Buen Maestro, quien no responde a las preguntas basado en el respeto por los hombres sino sólo por respeto a Dios.

Este juego funciona muy bien sobre muchos mortales, como lo somos todos, debido a nuestro orgullo y naturaleza caída, sin embargo es sin efecto en contra de Cristo que es Dios. Cristo inmediatamente vio su maldad. Sabía que se trataba de una trampa, sin embargo, responde de tal manera que la pone al descubierto, para que despertaran tal vez a la verdad la cual ya habían rechazado de antemano.

Ahora bien, para responder la pregunta “difícil”. ¿Qué imagen está en la moneda en cuestión? La del Cesar. Luego entonces dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
Al usar las monedas y bienes que los impuestos del imperio romano proveían la gente estaba sujeta al Cesar. Se reconocían a si mismos como sujetos del Cesar, luego entonces sujetos al pago de tributo, impuestos por el estado. Dar al Cesar lo que le pertenece, si portas su moneda, regrésale lo que le pertenece.

Por otra parte, debemos también dar a Dios lo que le pertenece. ¿Qué le pertenece a Dios? La respuesta es: todo le pertenece a Dios, el Cesar incluido. Pero de manera más específica podemos contestar que nuestra alma le pertenece, porque somos creados a Su imagen y semejanza.

Nuestra mente, corazón y alma le pertenecen a Dios, luego entonces debemos regresársela.

Nuestra alma no nos pertenece. El tributo que Dios demanda de nosotros, no es tanto como la moneda que emite el estado sino más bien el amor y gratitud por las gracias emitidas por Su Iglesia – el reino del Cielo.

El tributo que Dios nos pide es que lo amemos con un amor preferencial y completo con todo nuestro ser. Esto es lo que debemos a Dios.

La trampa puesta por los fariseos para atrapar a Jesucristo fue destruida por Jesucristo mismo y ha sido escrito, lo sucedido, para nuestra instrucción. Como ya lo mencionamos anteriormente, el espíritu de los Fariseos se encuentra presente hoy en día después de tantos años. Estemos alerta sobre los hipócritas que tratan de atraparnos con sus preguntas y argumentos capciosos. Su lógica aparece como incontrovertible, ya que usan la lógica del mundo o la lógica de Satanás y no la de la verdad y de Dios. Cuando su ciencia, lógica y pruebas contradicen las verdades reveladas por Dios, Cristo y Su Iglesia podemos estar seguros que es una lógica falsa o una ciencia falsa.
Al mismo tiempo estemos alerta sobre el lenguaje engañoso y adulador que frecuentemente se usa en nuestra contra, para que bajemos la guardia. Nuestro peor enemigo en estos casos somos nosotros mismos. Nuestra vanidad y orgullo nos hace presa fácil de estos ataques porque queremos creer las mentiras que se nos dicen. Es necesario que luchemos en primer lugar con los enemigos de nuestro propio ser. Debemos luchar constantemente en contra de nuestro amor propio y orgullo. Debemos practicar constantemente la humildad, es decir la verdad. Debemos primeramente buscar conocernos verdaderamente a nosotros mismos. Vernos a nosotros mismos como nos ve Dios.

El hombre realmente sabio, se conoce a sí mismo. Esta es la razón por la que falla este intento de atrapar a Jesucristo. Podemos hacer nosotros lo mismo si imitamos a Cristo. Si verdaderamente nos conocemos no podemos ser engañados por los demás especialmente en relación a nuestro valor y habilidades.

Así sea.